A Madeley no le gusta el campo de ninguna manera, aunque nació en el centro sur de Cuba, en una comunidad frente a las costas del mar Caribe. Tiene 26 años, dos niñas y un cuartico pequeño que no habita, porque ella prefiere la ciudad, los “novios “ que llegan desde el extranjero, las fiestas y, sobre todo, dormir.

Esta es la vida de una joven llamada por algunos “jinetera” (término cubano para las prostitutas) y que ella solo considera una respuesta desobediente ante la realidad que no quiere para sí.