Jornadas de más de ocho horas. Empleados sin contrato. Despidos injustificados. Discriminación. Estos y otros elementos de violación de los derechos laborales, refrendados en el Código de Trabajo de Cuba, son una realidad en no pocos establecimientos no estatales. Los debates sobre el tema se simplifican a la fórmula Estado/Derechos vs. Privado/Dinero. Sin embargo, otras experiencias demuestran que trabajar en el sector privado también tiene ventajas.

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Joan no imaginaba, diez años atrás, que su vida daría este giro. Es graduado de Psicología en la Universidad de La Habana pero hace una década se convirtió en cuentapropista.

“Me inicié en el sector gastronómico, después estuve como ayudante de artesano y más tarde retorné a la gastronomía”. En El Fígaro, un restaurante en La Habana Vieja, ha estado durante seis años y afirma sentirse realizado. “Aquí somos como una familia e, incluso, siento que practico la Psicología, aunque de otra manera”.

Sobre las condiciones laborales en ese negocio, agrega que todos poseen contrato laboral y que el pago es mensual.

“Sinceramente, la primera ventaja que uno adquiere es la económica. Tienes acceso a la moneda fuerte y, por lo general, lo tienes diariamente”, dice en referencia a las propinas de los clientes.

Sin embargo —explica­— no todos los beneficios son monetarios. Como cuentapropista “he podido ampliar mi rango de amistades, he conocido a muchas personas de todo el mundo; también, ha influido en mi área afectiva y cultural”.

El sector privado y la tranquilidad de algunos

Jorge Luis Delgado —también del sector gastronómico privado— coincide con Joan en muchos aspectos. Aunque para él, quien trabajó diez años para el Estado, la mayor mejoría no ha sido la económica.

“Soy técnico medio en Electrónica. Además, estudié Caja Registradora, Marketing, Inglés y Gestión de ventas. Primero trabajé en la Base de Almacenes de CUBALSE, después en las tiendas y cuando se desintegró la empresa, pasé a las TRD hasta que, bueno, no se pudo trabajar más para el Estado por tanta presión y tantas preocupaciones”.

Aunque Jorge afirma que nunca tuvo “problemas”, en 2017 apostó por una alternativa que, a su juicio, le ha dado más seguridad. “Mi práctica como cuentapropista ha sido muy buena, me siento respetado y, sobre todo, tranquilo”.

De acuerdo a sus criterios, trabajar en los establecimientos estatales genera una amenaza demasiado fuerte. “Es un escenario donde las cosas cambian de un día para otro y cualquier error puede costarte ir preso, aunque hasta ese momento hubieses sido un empleado ejemplar”.

Sobre su actual actividad, cuenta: “llego todos los días a mi casa con la cabeza tranquila, seguro de que nada (malo) va a suceder. Creo que ese es el mayor beneficio de haberme vinculado al trabajo privado. Además, el salario es mucho mejor y he evolucionado como profesional”.

Hoy Jorge es cajero del restaurante Barbra, ubicado en Centro Habana. Tiene dos días de trabajo por dos de descanso, un salario mensual y agrega: “los dueños del establecimiento me tratan a mí y a mis compañeros con respeto y consideración”.

Entre las ideas que originan los constantes debates sobre el trabajo privado o estatal, una de ellas — reflejada por José Luis Martín— se reitera de diferentes maneras en varios espacios: “el empleo privado provee mucha mayor remuneración, no pocas veces con acceso a la moneda convertible o a sus montos equivalentes. Se confrontan entonces dos precariedades: la del trabajo de los espacios estatales por insolvencia del salario real y la de los espacios no estatales —sobre todo el privado— por inseguridad.

Precisamente, en los últimos meses, la adversidad del escenario internacional y la escasez de alimentos en el país han provocado que muchos auguren el cierre de varios negocios privados, sobre todo los relacionados con la gastronomía. No obstante, a Jorge y a otros, esta situación no les preocupa demasiado.

“Mira, lo más malo que puede suceder es que pierdas el empleo o que cierre el negocio, pero bueno, si algo de eso ocurre, buscas otro trabajo y punto. Yo, hasta ahora, no me siento inseguro ni desprotegido. Cuando uno quiere trabajar las oportunidades aparecen y mientras sean honradas, yo las tomo”, asegura Jorge.

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Más allá de la gastronomía

Más de 590 mil cubanos trabajan hoy en el sector privado, cifra que representa alrededor del 13 % de la fuerza laboral del país. Desde el año 2010, cuando inició la “apertura” del trabajo por cuenta propia, el número de empleados no ha dejado de crecer, pese a los incontables obstáculos que han debido —y deben— superar quienes deciden emprender la vida laboral bajo reglas y escenarios diferentes a los que impone el Estado.

Para la mayoría de ellos, el riesgo de “enfrentarse a lo nuevo ha valido la pena”.

Orlando Landrove es graduado de Telecomunicaciones y Electrónica en la Universidad Tecnológica de La Habana José Antonio Echeverría, la Cujae. Él no solo decidió convertirse en emprendedor, sino que apostó por “el comercio electrónico” en un escenario tan adverso como Cuba, que continúa desconectada pese a las cada vez más crecientes posibilidades de acceso a Internet.

“El comercio electrónico es una realidad a nivel mundial. Y, a pesar de que las condiciones en el país todavía no son las óptimas para este tipo de idea, pensamos en hacer algo que acercara esa realidad al cubano”.

Orlando es parte del equipo de desarrollo del sitio web y la aplicación Llego a ti: “un espacio digital a través del cual los artesanos pueden exponer sus productos; una especie de stand virtual. A través de la plataforma, el público tiene un “mercado” unificado en el cual puede ver las diferentes manifestaciones artesanales, desde la PC o el teléfono móvil”, explica.

El proyecto, hoy hecho realidad, tiene un año, es libre de costo y fue diseñado para que los propios artesanos accedan al sitio y promuevan sus productos o servicios. Llego a ti, además, posee una asistencia de mensajería que, por ahora, está disponible solo en la capital.

Orlando reconoce que “trabajar de manera independiente es un reto, porque todavía el sector privado, y en específico el relacionado con el desarrollo de software y tecnología, no tiene todas las condiciones creadas para ofrecer un servicio lo más integrador posible”.

No obstante, comenta: “a casi todos los que estamos haciendo este tipo de trabajo nos gustan los retos y las dificultades no las vemos como algo que te deprima, sino como un obstáculo a superar o un acicate para resolver el problema”.

En su caso, la experiencia como emprendedor lo ha redimensionado como ser humano, le ha aportado evolución psicológica, nuevas herramientas y conocimientos sobre tecnología y marketing, profesionalidad: “y, por supuesto, mayor experticia en todo lo que hago”.

Sentirse satisfecho también es importante

De manera similar piensa Magdalena Martín, quien hace cinco años decidió ejercer por cuenta propia el oficio familiar al que ha dedicado buena parte de su vida: la costura. “Yo opero bajo la licencia de modista y hasta ahora he logrado que los clientes estén satisfechos con mi desempeño”.

Para ella, las ventajas de emprender son claras: trabaja en casa, tiene el control de su tiempo y libertad para crear, puede contratar empleados, además de obtener una ganancia monetaria mayor que en el sector estatal.

Magdalena, del mismo modo que la mayoría de los trabajadores privados, debe enfrentar los problemas del acceso a la materia prima. “Yo quisiera pertenecer al Fondo de Bienes Culturales, porque eso me permitiría importar las telas y, aunque llevo años en ese proceso, aún no lo he conseguido, no obstante, continúo con las esperanzas”.

Ella también asume los obstáculos como retos y elige permanecer bajo una forma de empleo en la cual le gusta lo que hace y cómo lo hace.

“El sentirse a gusto y realizado también cuenta”, dice una maestra de primaria que hoy ejerce como repasadora particular y pidió permanecer en el anonimato.

De acuerdo con estas experiencias, la posibilidad de un mejor ingreso es fundamental pero no el único elemento para optar por el emprendimiento y mantenerse en el sector privado.

Al respecto, el periodista Roberto Alfonso sostuvo: “Que hoy más de medio millón de cubanos (alrededor de 580 mil) se desempeñen en varias de sus modalidades (del sector privado), no deja margen a dudas sobre su impacto y despunte en medio de cambios constantes”.

 

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