Guantánamo es la provincia más oriental de Cuba, tierra de personas humildes que conviven entre una base naval yanqui y las vicisitudes nacionales. Lugar donde se mezclan la historia y las orillas de la política doméstica.

Por: Harold Cárdenas Lema ([email protected]

Cuba no se puede entender desde el Vedado, las mansiones de Miramar o Siboney en La Habana. Hay que entrar en lo profundo del país, a los pueblos sin asfalto y las fincas abandonadas. Hay que recorrer las carreteras incómodas, visitar las “zonas de silencio” y encontrar lo que se oculta bajo la superficie. En esa búsqueda encontramos que uno de los lugares más atrasados del país es la provincia de Guantánamo, lugar de mucha cultura pero pocas oportunidades. Hoy hablaremos sobre el extremo oriental de Cuba.

Un chiste popular ha calificado esta provincia como “la pena de Cuba”. Triste calificativo para la región donde se forjaron algunos de los momentos más importantes en nuestras guerras de independencia, donde se encuentran las bases de nuestra música y ha sido cuna de grandes personalidades del país. Los problemas de Guantánamo son la tragedia del fatalismo geográfico y la circunstancia económica nacional. Estos son compartidos por muchos pero en este caso tiene la peculiaridad del contraste: una parte de su territorio es ocupado por la nación más rica del mundo.

La Base

La existencia de una base naval estadounidense en tierra cubana, es el recuerdo constante de que la soberanía nacional está amenazada. Cuando Estados Unidos nos “ayudó” al final de la guerra contra España invadiendo militarmente el país, tuvimos que priorizar el nacimiento de la República. El precio a pagar fue incorporar en nuestra Constitución la Enmienda Platt, que además de permitir futuras intervenciones militares, otorgaba a Estados Unidos completo control y jurisdicción sobre la Bahía de Guantánamo.

Desde el 2002 los campamentos X-Ray, Delta y Echo que se encuentran en la Base, se utilizan para la detención ilegal de prisioneros sospechosos de tener vínculos con Al Qaeda o el Ejército talibán.

Los pueblos cercanos a la Base viven en un ambiente de tensión habitual que sus habitantes quizás no perciben. La frontera que divide las dos orillas es celosamente vigilada por ambos bandos y son muchas las historias de vidas perdidas intentando atravesarla. Este símbolo del pasado se mantiene en contra de la voluntad nacional, el reclamo por eliminarla no es ideológico ni político sino soberano. Además de ser la única base estadounidense que opera en un país socialista, viola el Artículo 52 de la Convención de Viena que declara abolido un tratado si para imponer éste se ha utilizado la fuerza o la intervención.

La otra orilla

Al caminar las calles de Guantánamo puedes encontrar que muchos servicios sociales funcionan mejor que al occidente del país y la gastronomía es superior al otro extremo de la Isla. La ciudad tiene una vida nocturna y bellezas desconocidas para los que esperan encontrarse con “la pena de Cuba”. Al dejarnos guiar por clichés y frases generalizadoras, ¿qué nos diferencia del extranjero que llega a nuestro país esperando encontrar el infierno en la tierra? ¿Resulta lícito enfatizar diferencias de acento y costumbres por encima de una identidad nacional?

Baracoa es la ciudad primada de Cuba y tiene una identidad que la distingue, al punto de que sus habitantes no se consideran guantanameros sino baracoenses. La afluencia de turismo en la ciudad ha condicionado mucho de lo que ocurre en esta, la primera villa fundada por los españoles en Cuba. Sin un movimiento de restauración o conservación de la ciudad, se alteran la arquitectura y las construcciones casi hasta el absurdo. Ante la incapacidad estatal de responder a la demanda de alojamiento de los visitantes internacionales, los pobladores pueden alquilar sus viviendas sin necesidad de licencia alguna.

La dinámica social se ha puesto en función de los servicios al turismo. Sin existir una administración local sólida, a diferencia de ciudades tales como Camagüey o Cienfuegos, las indisciplinas sociales y la marginalidad van conquistando espacios que destruyen el patrimonio local. En el parque de Baracoa es difícil no percibir el ambiente de asedio al turismo que vende productos del mercado negro y todo tipo de prostitución.

La falta de oportunidades y el camino del dinero fácil, crean condiciones perfectas para las desviaciones sociales.

La pobreza es otra de las características de Baracoa que adopta tintes políticos en una realidad compleja. Los grupos disidentes encuentran terreno fértil en zonas marginales y de bajo nivel cultural donde las carencias persisten en el tiempo. Entonces encontramos historias de sacrificios e injusticias y otras de oportunismos baratos a flor de piel.

El triunfo revolucionario en enero de 1959 significó el fin de los grandes latifundios en Guantánamo, la Ley de Reforma Agraria y el desarrollo de la salud pública junto a la educación. La incapacidad económica de brindar nuevas metas civilizatorias puede derivar en diferencias políticas, en que los beneficiados por el proyecto nacional se pasen a la otra orilla por el descontento y su imposibilidad de contextualizar el momento actual.

En una tierra de héroes independentistas, sus herederos merecen más de lo que hemos podido darles, en parte porque nos lo han impedido y en parte por una pobre administración de los escasos recursos que tenemos.

Guantánamo es un nombre aborigen que significa “tierra entre ríos” y no resulta gratuito. Los guantanameros se encuentran entre la lucha por la soberanía y la base naval del injerencismo, la misma dicotomía que encuentran entre el proyecto político nacional y una disidencia artificial, pero tampoco es tan fácil. Sería necesario un análisis sociológico, antropológico y más aún, de empatía. Pero para esto hay que conocer Guantánamo a fondo y de veras, difícilmente podría hacerse desde La Habana.