Como muchos directores cubanos de videoclip, Asiel Babastro también llegó al reguetón. El género, omnipresente en la sociedad cubana, impone su ritmo también en la escena audiovisual con producciones que, en ocasiones, superan ampliamente los miles de CUC de presupuesto.

“Es el único mercado estable, probado y sostenible ahora mismo”, dice Babastro, quien ha trabajado con músicos como Omara Portuondo, Havana de Primera y artistas top del mercado reguetonero cubano como El Chacal o Diván.

Pero, explicar el magnetismo de esta música solo por su ingente poder económico, es un tanto imprudente. Detrás de su éxito hay un engrasado mecanismo de creación y promoción que demuestra cierta madurez, incluso para captar el mejor talento. No en vano, varios de los mejores realizadores del país —Babastro y Alejandro Pérez, Joseph Ross, entre otros— también contribuyen a su expansión sin que esto signifique, necesariamente, reproducir una estética sexista.

No es el único que emplea esos códigos, afirma Babastro. Él cree, y lo ha probado con su trabajo, que el reguetón no va solo de bailarinas semidesnudas o carros lujosos.

¿Algún tipo de prejuicio al asumir los videos de reguetón?

Para nada, he sido muy respetuoso asumiéndolo. He encontrado artistas que respeto mucho. Por ejemplo, El Chacal es un tipo extraordinario que logra impresionarte. Es muy talentoso, canta cualquier cosa y lo hace bien. Tiene mucho rigor en la manera en que asume su música y es popular. Pero lo que más me gusta de los artistas de reguetón es cómo respetan la puesta en escena.

En la vanguardia de la música cubana

Babastro tiene 30 años y una formación variada que condiciona su poética: estudios de música, artes plásticas y hasta una incursión como trovador. En sus inicios se limitaba a videoclips de música con la que coqueteaba, hasta que comenzó a trabajar con reguetoneros como Diván.

“Se fueron ganando mi respeto, por el cuidado que tienen y que falta en otros artistas. Empecé a acercarme al rigor con que manejan la puesta en escena. Su show es mejor que cualquiera y beben de los códigos foráneos de las estrellas. Hablo de los mecanismos de promoción y distribución.

“Quienes tienen constantes feedbacks y giras internacionales son los reguetoneros; quienes más discos venden y más peñas fijas pueden permitirse, porque la gente les paga el ticket. A lo mejor no desde el punto de vista de hechura musical, pero sí desde el respeto con que ponen su propuesta.

“Inventaron la promoción en Cuba: la trajeron y la hicieron funcionar. Hicieron probables y sostenibles un montón de cosas que antes no se hacían. Ellos son los que más videos hacen, con mejor factura y se apoyan en los mejores directores. Tratan de tener un puesta en escena lo más parecida a los estándares internacionales”.

Foto: Tomada de su perfil de Facebook.

Foto: Tomada de su perfil de Facebook.

¿Hay un artista moderno tipo en el reguetón?

“Creo que sí. Están los que se visten muy mal y quienes se visten muy bien. Usan ropa cara porque van a una gira a los Estados Unidos, cobran y se pueden comprar Gucci, y esas son las marcas que siguen los muchachos. Entonces, de repente, Luis Califa está vestido igual que Diván o Chris Brown usa el mismo pulóver que Diván, todas esas cosas al final están a favor de ellos”.

¿Cuáles son las claves de su aparente triunfo sobre otros géneros en Cuba?

“Primero, se visten a la moda, se parecen más a los códigos contemporáneos. Están actualizados y usan marcas y outfits que las personas ven en las revistas. Tienen cuentas en Instagram con miles de seguidores y canales de Youtube activos: el mundo de hoy se mueve a través de canales contemporáneos, los que ellos usan, por eso están haciendo lo correcto.

“He conciliado videoclips con otros artistas que no han querido pagar el budget del video, pero los reguetoneros lo pagan sin objeción. Y no es solo porque tengan más dinero, pues muchas veces cobran lo mismo comparado con bandas de alto calibre. Lo otro es el andamiaje que tienen detrás. Su equipo de publicidad, que incluye una cámara que siempre está con ellos, va generando contenido para esa red social en la que tienen que estar activos”.

¿Existe una industria alrededor del video de reguetón?

“No lo creo porque el videoclip lo puso activo otra música, gracias al Proyecto Lucas, un potenciador increíble del videoclip. Pero en este minuto se facturan más videos de reguetón que del resto de todos los otros géneros musicales; más música de reguetón que de cualquier otra música.

“También, es una música más fácil de hacer, la hechura es más simple. Hay más conciencia en sus artistas sobre el marketing, la puesta en escena y de lo importante que es generar contenido para redes y el Paquete, para que la gente los vea. Si otras personas abandonan su mercado, su público y critican el statu quo del reguetón, ¿de qué hablamos?

“A eso súmale que es verdad que lo que produce el reguetón, la factura de la mayoría de los videos, muchas veces es mala; que en la mayoría de las ocasiones son creados por aficionados que no son directores, que se inventan el oficio, que no tienen responsabilidad estética y no tienen definido parámetros cívicos necesarios y éticos para generar un producto que puede mover masas y marcar tendencias. Eso es verdad, pero depende de si lo ponen o no en la TV”.

Como parte de la política cultural del país se ha intentado mantener el reguetón fuera de la televisión cubana…

“Eso es aún peor. El reguetón está en la sociedad y es el soundtrack de Cuba en este minuto. Hablamos de un país tropical en el cual se consumía salsa y el reguetón le ganó a todo lo demás. Negarlo en TV enajena, hace que pierda credibilidad para los demás consumidores y estamos hablando de un público importante, un rating que estás desdeñando. Creo que hay que filtrar lo mejor y ponerlo”.

Pese a todo, persisten los prejuicios hacia el reguetón en los medios cubanos

“Manuel Corona escribió ‘en el lenguaje misterioso de tus ojos’ y hubo un Faustino Oramas que escribió ‘a mí me gusta que baile Marieta, todo el mundo conoce a esa prieta’, y eso no está muy lejos del discurso del reguetón. Es una tontería denigrarlo como si no existiera porque pierdes credibilidad y es ingenuo: de todas maneras esa es la banda sonora de este país, aunque no lo pongan en la televisión.

“Se ha demostrado que la televisión no es el termómetro de la audiencia en Cuba ni del rating, porque ves un millón de cantantes en televisión que no encuentras en ninguna otra parte y nadie tiene en su casa un disco de ellos.”

¿El género puede dar paso a videos con códigos diferentes a los que tradicionalmente se le achacan?

“Creo que sí. Los videos míos no van por ahí. Por ejemplo, hice uno con El Chacal, “Androide”, que dio de qué hablar, tuvo buen año y fue premio a mejor video urbano en Lucas. Cualquier música soporta cualquier video, porque también he visto algunos de salsa y pop con los mismos códigos achacados a los videos de reguetón, códigos que ni siquiera inventamos nosotros.

“En efecto, se debe a que estos son también una expresión de deseo popular y social. La mayoría de las veces los videoclips son eso, expresión de deseo, ni siquiera son la realidad activa de esas personas. En casi todos los casos, los artistas piden prestadas las cadenas que se ponen, los carros no son suyos, las mujeres tampoco y las botellas que se toman son falsas”.

Durante la filmación de un videoclip. Foto: Tomada de su perfil de Facebook.

Durante la filmación de un videoclip. Foto: Tomada de su perfil de Facebook.

Hay una puesta en escena pensada detrás para trasmitir algo…

La puesta en escena radica en la expresión de ese ego o deseo popular, que radica en el machismo sostenido que tiene el latino. Se pudiera decir que los videos de reguetón son deshonestos porque no son verdad: el modus vivendi implícito en la puesta es falso, porque la proyección del artista es falsa y todo el tiempo están coqueteando y tratando de construirse un entorno para lograr que el público los siga. Como digo siempre, el sexo real no es como en las películas, ni la vida privada de Bad Bunny es como en sus videos.

 

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