Cintia ha levantado su casa con la misma paciencia con la que cada día arma pantalones en su máquina de coser y aunque dice que todavía le faltan algunos detalles para terminarla, los pedazos de la estructura de madera y zinc donde antes vivía son el testimonio de que tanto esta mujer como su hogar han transitado un largo camino para construirse.

Dice que muchas personas vieron extraño que siendo una mujer trans preparara una mezcla, cargara un bloque o pusiera el techo, pero para Cintia todo eso era normal. En la edificación de cada parte de la vivienda trabajaron por igual tanto ella como su pareja Rosiel, con quien comparte su vida hace más de siete años.

La casita se ubica en un barrio periférico del municipio de Placetas, en Villa Clara, donde en lugar de calles pavimentadas hay caminos de tierra, prácticamente intransitables cuando llueve. Aunque la determinación de quienes lo habitan ha podido cambiarle un poco el rostro, todavía se percibe que el signo del vecindario desde su nacimiento ha sido la precariedad.

En medio de ese escenario, Cintia, como otres, fue armando un hogar que se parece mucho a ella misma: humilde pero acogedor, sencillo y muy cálido. Dice que disfruta cada rincón de su casa porque la han hecho como han querido.

Incluso encontraron la manera de que cada une tenga un pedacito propio: ella cultiva sus flores y sus cactus, que planta en pozuelitos plásticos o pomos picados porque “son muchos y las macetas cuestan dinero”, y él tiene su panal de abejas de la tierra, que le encanta cuidar aunque no den demasiada miel.

Foto: Proyecto Abriendo Brechas de Colores

Su pareja Rosiel, quien no sale en esta foto porque estaba ayudando a su abuela en la construcción de su casa, es amante de los panales de abeja. Foto: Proyecto Abriendo Brechas de Colores

“Antes de Rosiel —recuerda— yo trabajaba pero no tenía interés por nada y cuando lo conocí tuve deseos de salir adelante porque en él sentí como un apoyo. Sentí que tenía que ayudarlo a él y él a mí. Así hemos vivido todos estos años: ayudándonos mutuamente”.

Cuenta que cuando no tenían de qué vivir decidieron invertir en tres máquinas de coser y con lo que hacían confeccionando pantalones pudieron comprar los materiales para comenzar la construcción de su casa. “Todo lo que tenemos, lo tenemos gracias a nuestro trabajo”, asegura.

Por ahora, su vida gira alrededor de esas máquinas porque como ella misma explica: “Nosotros no hemos tenido una vida fácil, de poder ir a pasear porque queremos, sino que hemos tenido que concentrarnos en lo que necesitamos. Nos encanta visitar a las amistades y jaranear con ellas, pero irnos para un campismo o para una playa, ese momento no ha podido llegar.

Cintia vive rodeada de personas que van y vienen durante el día mientras ella une las piezas de tela, como su tía o Naomi, a quien conocen como la Mumi, otra mujer trans que encontró en este caserío una red de apoyo y trabajo, porque, como casi todo el mundo en la zona, ella también se gana la vida con la costura.

Foto: Proyecto Abriendo Brechas de Colores

Foto: Proyecto Abriendo Brechas de Colores

“A la Mumi la enseñé yo a coser —confiesa con orgullo—, o la terminé de enseñar porque ella ya traía sus ideas”, y explica que en estos años además del mismo oficio han compartido una fuerte amistad a pesar de que tienen caracteres muy diferentes.

La propia Naomi reconoce que le tiene un cariño especial: “Mi familia no es de aquí, ni tengo mucho trato con ella que, por ser como soy, se resigna pero no me acepta. Si yo tengo un problema cuento con Cintia, ella es mi familia”.

En esta comunidad nacida de la solidaridad, apenas sobra tiempo durante el día para compartir un café y un cigarro en los momentos en que las máquinas paran de ensamblar pantalones; luego la vista vuelve a la tela y al futuro, con la obstinación de quienes saben que la vida puede ser muy dura pero no tanto como su deseo de salir adelante juntes.

Cintia y Mumi trabajan cosiendo pantalones en un barrio periférico del municipio de Placetas, en Villa Clara. Foto: Proyecto Abriendo Brechas de Colores.

Cintia y Mumi trabajan cosiendo pantalones en un barrio periférico del municipio de Placetas, en Villa Clara. Foto: Proyecto Abriendo Brechas de Colores.

 

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