Me desperté a las 4 de la madrugada, me vestí, abrí la puerta y me fui sin desayunar. Llegué a la parada y titubeé. Si esperaba una guagua tendría que caminar más, si me iba a pie llegaba rápido. Irse a pie significa coger un camino de tierra oscuro, enfangado y potencialmente peligroso.

Llegué sano y enfangado a la cola del carnet de identidad. Pedí el último limpiando las suelas de mis zapatos. Una silueta levantó la mano. A esta hora todo el mundo parece travesti.

A eso de las 8 am montamos la cola definitiva. El personalísimo modelo de democracia cubana es inconcebible sin un pedestal sobre el cual parpadea una cola (el bombillo está fundido).

Yo había hecho el 9 o 10, y éramos como 150 personas. Cuando llegué a la ventana la funcionaria me dijo que no podía darme el turno para el día 29 porque la hoja del día 29 estaba guardada en una oficina.

Comprendo al funcionariado cubano. Se dice fácil: “la hoja del día 29”. Pero nada más fíjate y verás el gran montículo de basura que arrastra cualquiera desde que Boris Yeltsin hizo renunciar a Gorbachov, mucho más si es funcionaria con hijos, marido y aspiraciones abortadas ¡A quién le importa el día 29! A un tipo ahí con barba y cara de árabe.

Me senté con mi barba y cara de árabe en un banco del salón y me dispuse a esperar de una hora, a hora y media. Yo en su lugar habría esperado eso para que la mentira fuera creíble. Comencé a leer en mi móvil. ¡Dios mío! -de vez en cuando hay que regocijarse así a lo Withman- qué maravilla los móviles, leer, escuchar música, escribir correos, escribir historias, todo eso en tus dedos y sin cola!

No me había leído el primer párrafo cuando apareció una pobre mujer obesa y sudada diciendo que debíamos dejar esos asientos vacíos porque eran para las personas que iban a tirarse las fotos. La gente se puso de pie poco a poco. Lentas, obedientes y rumiando lo suyo como vacas, y dejaron libre los asientos. Irse significaba estar fuera de edificio, bajo el sol y de pie. Todos se fueron.

La mujer, de unos 50 años, lo repitió varias veces, pero seguí allí, leyendo en mi móvil. La gente en retirada no salió, se volvieron hacia mí a ver en que paraba todo.

Tenía una falda azul y una blusa de aquel poliéster asesino que vendieron a finales de los 80s en las Tiendas Paralelas.  Me encaró. Dijo que tenía que pararme de una vez, e irme. Le dije que no, que no me iba. De ninguna manera iba dejar el banco. Según Galiana, él lo que hizo fue apretar el aza de su mochila y tirar golpes al aire. La mujer sudada me estaba atracando, su faca era un bolígrafo.

La semana pasada llamé para pedir un turno y me dijeron que este lunes daban los del 29. Tuve que repetírselo varias veces para que entendiera.

La mujer se tragó la lengua y se fue. Me temblaban las manos, me puse nervioso. Apuesto a que cuando se despertó por la mañana ni siquiera concibió este pequeño incidente, yo tampoco. Ay, ¿no iba a poder tener sus asientos limpios de personas? ¿No iba a poder armar su pequeño paraíso en la adversidad? O sea, yo era otro atracador. Era tán fácil pararse e irse. ¿Por qué a ella? Estaba aterrorizada por algo, algo que no sabía exactamente qué era.

Desde que Boris Yeltsin sacó a Gorvachov de la Plaza Roja, ella arrastraba también un montón de basura y ahora yo me le metía en el camino con mi faca en la mano. Le estaba arruinando el día.

Entonces ocurrió un pequeño milagro que todavía no he podido comprender del todo.

Caminó hacia una puerta, me miró, e hizo unas preguntas. Cerró la puerta para que nadie la oyera. La volvió a abrir. Y otra funcionaria me llamó. Tenía en sus manos la hoja del día 29. La hoja del día 29 era una hoja rayada, convencional, a la cual solo había que escribirle el número 29. La otra funcionaria escribió el número 29 y me pidió el nombre y listo.

¡Que pasó ahí! Todavía no sé. De pronto el burocratismo me resultó un recurso energético. O un recurso que tributa a la Acumulación Originaria del Capital. Capital burocrático. Pero en esta escena, en bloquear o no el mutuo atraco, o en saber canalizar la energía del burócrata para el bien colectivo siento que está el futuro de Cuba.

¿Y por qué el día 29? Porque es mi cumpleaños. Lo quise pasar con ellos.