“Creo que estoy embarazada… y no lo quiero tener”, le dijo Sara a la doctora de su consultorio. Fue el inicio de un proceso de más de dos semanas para que la joven pudiera realizarse un aborto en tiempo y con la mayor seguridad garantizada en la ley y el sistema médico cubanos.

“No puedo, ni deseo tener un hijo ahora”, explica. Y no es la única. La disminución de los niveles de fecundidad en Cuba se produce desde hace más de 30 años, y la proyección de los especialistas no indica que esta situación tendrá en un futuro mediato alguna variación significativa. La última encuesta nacional de fecundidad se realizó en 2009, y ya en aquel entonces la edad promedio en que las mujeres cubanas tenían descendencia se había desplazado hacia los 26 años. La época de los abuelos con once hijos quedó atrás.

“No tengo casa propia”, “Ni siquiera puedo sostenerme económicamente”, “Quiero seguir estudiando”, “Quiero viajar”… Son algunas de las respuestas obtenidas de mujeres mayores de 26 años que aún no tienen hijos, cuando les preguntó por sus motivos para posponer la conformación de una familia propia.

Sara, de 27 años, debe obtener su grado de máster, buscar un empleo estable o lanzar su propio negocio, encontrar una pareja, viajar para ver a su madre… todo eso antes de tener un hijo. “¿Segura que no lo quieres tener?, estás en una edad ideal”, le dice la doctora. “Segura”, respondió con casi siete semanas de embarazo.

Querer y no poder, y viceversa

“Pensé que me moría, nunca había sentido tanto dolor”, cuenta. Las pastillas que refieren las entrevistadas para realizar lo que se conoce como “aborto farmacéutico” tienen un alto por ciento de efectividad, según refiere un estudio realizado en la provincia de Cienfuegos. Este estudio analizó 763 abortos de adolescentes. Pero al día siguiente Sara supo que de las 20 mujeres que realizaron el procedimiento junto con ella (son 20 turnos diarios), al menos ninguna de las seis que se consultaron antes había tenido una “expulsión” correcta. En todos esos casos hubo que hacer legrados de urgencia.

También Paulina, de 26 años, tuvo que “resolver” con una amiga para que la atendieran en el lejano municipio Guanabacoa, luego de que le negaran la atención en el Calixto García, en Vedado, mientras sufría un aborto espontáneo. “Aquí no atendemos estos casos”, le dijeron. Hizo una llamada, agarró un taxi y, sin presentar ningún tipo de análisis, le dieron la asistencia que le agenció la amiga, estudiante de medicina. “Por eso pueden ir presos”, ella sabe.

Un mes después, Laura, de 30 años, perdía a un bebé deseado en la misma sala donde otras adolescentes contaban a viva voz sus múltiples experiencias en regulaciones y legrados. Una de ellas, con solo 16 años, se había hecho más de 10. “Mira, el de ella si es grande”, dijo cuando vio el feto que le extraían, con el tono con el que se habla de la vida cotidiana. “Muestra un poco de humanidad al menos”, le espetó la doctora que la acompañaba.

Son ya numerosas las advertencias de los especialistas sobre el uso del aborto como un anticonceptivo más. Por una parte, hay mucha información disponible para adolescentes, pero son quizás los canales por los que pueden acceder a ella los que no conocen o utilizan. Muchos jóvenes llegan a buscar ayuda cuando ya se ha presentado un embarazo. Ni en las familias ni en las escuelas se han planteado políticas efectivas para enfrentar la desinformación.

Solo en 2014, el 20 por ciento de las mujeres en edad fértil se sometieron a interrupciones en algún momento de sus vidas, según indica un estudio realizado por el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE), de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).

Pero la posibilidad del aborto legal en Cuba es, no caben dudas, una conquista. Las mujeres desean estudiar, realizarse profesionalmente; reparten su tiempo de una manera distinta y posponen cada vez más la llegada de los hijos, síntoma de que nos estamos transformando en una sociedad diferente, sencillamente. El aumento del uso del aborto en adolescentes como anticonceptivo no es una señal para prohibir la práctica, como algunos no dudan en sugerir, sino que evidencia un fallo de comunicación en el sistema educacional cubano.

Conquistas reversibles

Es alarmante el incremento de niñas que se someten a esta práctica, pero también lo es la desinformación que las ubica en esas situaciones. Mujeres como Sara perderían su derecho a decidir si quieren hijos o no, si antes no se implementan políticas públicas de educación sexual que enfrenten el desconocimiento de riesgos y responsabilidades que una gran parte de los jóvenes evidencia sobre el tema.

En Cuba es ilegal realizarse un aborto… fuera de las instituciones de salud, como lo establece el Código Penal desde 1979. Ya antes, desde 1965, se había hospitalizado el procedimiento, luego de que muchas mujeres cubanas murieran debido a malas prácticas caseras.

Y es cierto que todavía se discute sobre si se trata o no de un “asesinato”, en tanto no hay un consenso sobre el tiempo en que a un embrión se le considera ser vivo o no. La ciencia dice, y la religión desdice. Así hasta el infinito.

En el Hospital Nacional a Sara le dieron una fecha para realizar el legrado cuando ya tendría un mes de embarazo por encima del tiempo en que se permite una interrupción sin riesgo vital para la madre. “¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Esperar?”

Por eso acudió a la “gestión personal”, a los regalos, a sus contactos, y logró “salir del aprieto”, consciente de que está en todo su derecho de decidir si desea tener hijos o no.

Infografía: Rachel D. Rojas