Javier Rabeiro Fragela vivió varios años de vender pinturas en La Habana Vieja. Con su habilidad para comunicar logró “salir de toda la mercancía” sin que le quedaran cuadros ni para la sala de su casa.

Cada vez que alguien le preguntaba por el significado de sus obras, él empezaba el cuento de nunca acabar: hablaba de los espacios y los personajes, de sus motivos más íntimos. Por eso se dio cuenta que, además de pintar, también tenía facilidades para la literatura.

Con esa “inquietud interior” creó el proyecto Visualeer, un intento de promocionar los libros cubanos con pequeños audiovisuales que circulan de mano en mano, de memoria USB en memoria USB, en presentaciones de libros, festivales y peñas literarias.

La idea surgió en 2011. Un amigo que se iba de Cuba quería vender todos sus libros. El estante que pusieron en la sala de la casa no era lo suficientemente llamativo para competir con los vecinos del portal contiguo, quienes tenían un puesto de películas, series y musicales en discos VCD y DVD. Para ayudar, Fragela seleccionó un cuento del escritor cubano Raúl Flores —de quien había un ejemplar en venta— y armó una versión audiovisual de la obra.

El mismo día que empezaron a reproducir el video en un televisor visible desde la acera, llegaron muchos curiosos a preguntar qué película era aquella. Entonces, los improvisados comerciantes aprovechaban para explicar que se trataba de la promoción de un texto y, de paso, proponer otros títulos disponibles. La acción fue un éxito: se vendieron casi todos los libros y Fragela comprendió la utilidad que tendría hacer algo así, de manera sostenida, para contribuir a la divulgación de la literatura nacional.

A juicio de este joven, existe desconocimiento entre el público de lo que escriben los autores del archipiélago. “Hay promoción literaria en Cuba, pero no es suficiente, está muy enfocada en personas que ya conocen lo que están buscando y, en la práctica, se hace poco por generar el interés en nuevos o futuros lectores”, comenta.

La idea de Visualeer parecía fácil al inicio. Fragela llegó a creer que cualquier escritor podría hacer estos pequeños audiovisuales. Luego entendió que las herramientas imprescindibles para realizarlos no son igualmente asimiladas por todos, además de que hace falta otra sensibilidad. De ahí que, para él, los videos pasaron de ser un medio de promoción a convertirse también en “un hecho artístico”.

El creador insiste en que la idea es promocionar la obra original interpretándola en una pantalla. Quizá por eso no es extraño que algunos escritores se sientan sorprendidos frente a la particular versión de su texto que hace Fragela. Aun así —o quizás por eso—, cada vez que circula un nuevo video, otros autores se animan a confiar su literatura a la imaginación de este muchacho.

Javier Rabeiro Fragela.

El lenguaje audiovisual permite a este realizador valerse de todas sus facetas creativas, incluso la pintura (que alguna vez le dio de comer) de esta manera también tiene protagonismo. Hasta el momento acumula más de 70 presentaciones y unos cien audiovisuales publicados. Como trabaja desde su casa, en su computadora personal, la mayor inversión (el “costo económico” de su negocio) es el tiempo dedicado a crear y a aprender lo necesario para dar forma a cada idea.

Su aspiración no es ver su obra en la pantalla de un cine; tampoco pretende que las personas dediquen una tarde a ver sus videos. Los concibe más fácilmente en el ambiente de las librería, proyectados en una pantalla en la que el visitante se detenga si le llama la atención y pueda comprar la obra en ese mismo lugar.

Sin embargo, por más racional y atractiva que parezca la pretensión de este joven, los audiovisuales todavía esperan por alguien que proyecte sus beneficios. Paradójicamente, a las librerías estatales no parece interesarles la idea; y en el sector cuentapropista, como se le llama en Cuba a los negocios que están fuera del aparato estatal, aún existe muy poco desarrollo en el ámbito literario.

Pero eso puede cambiar. Fragela lo sabe y continúa su obra. Por ahora, además de los espacios públicos donde puede presentar sus creaciones, las comparte en el sitio web Isliada y en un canal de YouTube, gracias a la conexión, el tiempo y la buena voluntad de algunos amigos y colaboradores.