Desde arriba el Valle de Viñales se ve de forma diferente. A varios metros sobre la superficie, cada paisaje es otro, distinto. A 20 metros del suelo —como ahora está el cuerpo pequeño, fibroso y fuerte de Yaro—, cada movimiento es peligroso; cada punta de roca sobresaliente puede ser la salvación o la caída; cada tornillo fijo a la pared de piedra es la parte de un mapa mayor que ellos llaman ruta. De estas, dicen, hay cientos desperdigadas por todo el Valle.

Yarobys lleva minutos subiendo. Miles de veces, a fuerza de la repetición, domesticó los mogotes. No importa que los regañen, que las autoridades los espanten, que la escalada no sea ni oficial ni permitida; que los cubanos sean acusados de cobrar a los extranjeros: los escaladores vuelven repetidamente a Cuba y a Viñales, dónde él vive.

“Roca es roca, es verdad, pero escalar en Cuba no es como escalar en ningún otro lugar. Escalar en Cuba tiene que ver tanto con Cuba como con la escalada”, dijo Jonny Miles. Es algo que solo los practicantes entienden, y que los lleva a jugarse la vida por desafiar la roca”.

Foto: Cortesía del entrevistado

En Cuba, “el líder incuestionable hoy es Yarobys García, un escalador excepcional, y comprometido con el desafío de hacer nuevas rutas y la tradición de la tutoría”, explica cubaclimbing.com, sitio dedicado a promocionar la escalada en la Isla.

Él asumió el papel de impulsor de un movimiento cada vez más habitual, incluso con competencias nacionales. Nuevas zonas se han ido abriendo en todo el país, pero Viñales es aún el sitio ideal que se lanzaron a conquistar cubanos y extranjeros a finales del siglo XX. Porque cuando Yaro empezó, ya la escalada tenía varios años. Él sería el continuador de las primeras generaciones de cubanos que se atrevieron con las montañas, a pesar de estar prohibido.

En el patio de su casa Yarobys García armó una pared artificial de madera. La usa para practicar y enseñar a neófitos. Simula una natural, y hasta es bastante difícil de subir por ella, pero nunca será como el escenario incontrolable de una pared de piedra real.

Lleva más de una década escalando en Viñales y en diversos lugares del mundo. Comenzó, como muchos de los practicantes, a través de la espeleología. Pero desde hace varios años recibió el título de guía e instructor de la Exum Mountain Guide en Estados Unidos.

El comienzo de la escalada en la Isla, como todo lo que alguna vez fue prohibido, tiene su dosis de leyenda y un nombre hermoso. Raúl, varios años más joven que él, es su compañero en la demostración. Aunque se hacen competiciones organizadas, cuando tienen ganas, sencillamente, los escaladores se citan como una actividad de amigos. Hay un espíritu de libertad, de rechazo al control, que los contagia a todos. Así, ambos decidieron escalar en la Cueva de la Vaca hoy, después de una llamada telefónica.

Sentados en la entrada de la Cueva, antes de comenzar a subir, Yaro contó que el inicio de todo fue hace décadas. En 1999 Craig Luebben, Cameron Cross y Armando Menocal escalaron uno de los mogotes emblemáticos de Viñales, La Costanera. Para su sorpresa encontraron anclajes viejos. Un campesino les contó sobre dos mujeres españolas que subieron, supuestamente, 15 años atrás. Aunque la historia está llena de misterio, la cámara central y arqueada de La Costanera se pasó a llamar “La bóveda celeste de las mujeres españolas”.

Los espeleólogos fueron de los primeros en desarrollar la escalada en Cuba, por medio del grupo Arne Sakknussem de la Sociedad Espeleológica Cubana. Pero escalaban a su manera, con los equipos de espeleología. La llegada de los extranjeros, con los implementos adecuados, impulsó la práctica en la Isla. Pero ya los cubanos habían equipado, con sus medios, rutas en Jaruco, e incluso escalaban en las paredes del Castillo del Morro.

Con los visitantes que se aventuraban se estableció “tradición de donaciones de escaladores extranjeros que sostuvieron y eventualmente instalaron a los escaladores cubanos como líderes en la exploración de nuevas rutas en su propia tierra, una situación única para la mayoría de los destinos de escalada en el tercer mundo”.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Esto no ha cambiado mucho el día de hoy. El equipamiento viene de afuera, porque en la Isla no se comercia lo necesario. Cuerdas, zapatos, pernos, tornillos, todos son especiales para esta actividad. Visitantes y nacionales son quienes traen los implementos, muchas veces compartidos entre los escaladores.

“En Cuba, el liderazgo conlleva responsabilidades. Casi todos los equipos donados enviados para los escaladores cubanos se han pasado a través de ellos, y solo ellos han sido confiados para distribuir el equipo esencial a los neófitos”, explican en Cuba Climbing.

Y eso es lo que hace Yaro. En una casita en el patio guarda todo el equipo, numeroso. Cuerdas, zapatos, tornillos, todos se amontonan en el cobertizo de madera. “En Cuba no se vende nada, no se comercializa. Es bastante caro el equipamiento. Completo está entre 1000 y 1500 dólares”, dice.

Después de los primeros trepadores estadounidenses, han venido muchos más de varios países. Es normal verlos en solitario o en grupo, en la más de 480 rutas que hay en Viñales, explica Yaro. Pero en la Isla el acceso a la roca complica las visitas y es un inconveniente para la práctica.

“Como se sabe que hay cierre, hay problemas, porque a veces vienen los guarda parques y te sacan de aquí. La escalada no está oficializada porque no hay libre acceso”, dice.

En muchas partes del mundo, explica Yaro, hay zonas libres y otras en parques, en los cuales se paga precio por el acceso a todas las áreas. Vas solo, sin guías. “Pero en Cuba todo tiene que ser guiado y esa es la gran contradicción que hay ahora”, dice: la búsqueda del control total en una actividad históricamente no controlada completamente.

Pero por su atractivo, Palmares anunció la Escalada como un producto turístico. Yarobys mismo fue quien hizo el plan de manejo, las regulaciones y el sería, supuestamente, uno de los guías, porque se necesitan personas homologadas en escuelas internacionales. El equipamiento ya llegó a la Isla, pero aún no se ha lanzado el producto.

¿Qué sucede? Que la gente sigue viniendo por su cuenta. Todos los años se hacen festivales competitivos, que atraen a decenas de personas. En su propuesta, Yaro habló de crear una oficina con un registro, pero que las tarifas sean mínimas y el acceso libre. El servicio, explicó, debería ser opcional: con guía o autoguiado.

“Palmares usará las mismas rutas que creamos nosotros. Imagínate que te obliguen a pagar como paga un turista”, añade.

Los escaladores cubanos no quieren ser limitados, más bien buscan ser reconocidos como Federación. El año pasado, por ejemplo, se reunieron 80 escaladores con ese propósito. Se pudieran crear escuelas —escuela es una zona de escalada—, como Viñales o Sancti Spíritus.

Una oficialización, con reglas bien definidas, evitaría los tropiezos con las autoridades del Parque. Sería un sacrificio de la libertad actual, para seguir dominando el Valle, para que los dejen escalar. Para que personas de todo el mundo vean Viñales desde arriba, como ahora, después de varios minutos, puede hacer Yaro.