Habana Cosplay, en esencia, es un proyecto de un grupo de muchachos que hacen sus propios vestuarios y se disfrazan de sus personajes de ficción favoritos. Animes, comics, películas, videojuegos, cualquiera de estas producciones sirven para escoger un diseño y traerlo a la realidad.

“La cultura otaku, y el cospaly también, son ya universales y en Cuba lo estamos haciendo, y lo estamos haciendo bien”, dice su líder, Patricia Machín, mientras me muestra sus varios disfraces (todos cosidos y fabricados por ella).

Es graduada de diseño escenográfico del Instituto Superior de Arte (ISA), pero, quizá, llegó a estudiarlo por lo que mucho ha disfrutado crear desde niña.

Pero, ¿estarán Cuba y sus instituciones preparadas para lidiar con culturas que le han sido tan ajenas?