El peligro nunca desaparece. Ante los ojos de quienes viven en los alrededores del Malecón de La Habana están la incertidumbre y la certeza; la incertidumbre de cuán graves serán los daños provocados por las penetraciones del mar, y la certeza de que, varias veces en el año, ese lienzo azul que ven desde sus portales o desde sus balcones, será un enemigo imbatible durante horas, e incluso, durante días.

Algunos de los vecinos de las inmediaciones de las calles F, Tercera, Calzada y Quinta han hecho del parte meteorológico sus “diez mandamientos”. “Yo no me pierdo ninguna información del tiempo y te aseguro que los vecinos de por aquí tampoco”, afirma Kirenia Cabrera, unas de las tantas afectadas por las más recientes penetraciones del mar.

Ella dice estar acostumbrada: “Para la gente de por aquí las inundaciones no son nada nuevo”. Y, objetivamente, no lo son. Las características de Cuba, su disposición irregular, sus más de 5700 kilómetros de costas, su situación geográfica y el impacto del cambio climático son factores que la hacen susceptible a eventos naturales como las penetraciones del mar.

Aunque Kirenia ha sufrido estas situaciones tantas veces y creía estar preparada para enfrentarlas, las inundaciones del pasado 23 de enero la tomaron “desprevenida”. “Lo que yo escuché en la televisión fue que ocurrirían el fin de semana; pero todo comenzó el lunes en la tarde”.

“Yo tengo suerte”, repite a cada rato con voz de alivio o más bien de consuelo para sí misma. “Vivo en un segundo piso y no tengo pérdidas materiales, pero se contamina la cisterna del edificio y me quedo sin agua. Además, tú no sabes lo difícil que es ver a algunos vecinos, en medio del agua, trasladando sus pertenencias a lugares seguros; y lo peor es al otro día cuando todo pasa y uno mira a la gente tratando de recuperar hasta lo insalvable”.

“Para estas cosas hay que estar preparado –refiere Nora Hernández, otra de las vecinas de la localidad- no puede faltar el pan y la comida enlatada, los equipos eléctricos deben tener la batería cargada, pero lo más importante es almacenar toda el agua potable posible”.

“Cuando el mar penetra hay que vaciar los tanques, luego llenarlos con agua limpia, que incluya una pastilla que trae la doctora del consultorio, y transcurridas 24 horas cambiarla nuevamente, entonces, cuando vuelve a llenarse la cisterna es que podemos utilizar el agua”.

Pareciera que Nora recita de memoria su explicación; ha  padecido esa experiencia tantas veces que ya está acostumbrada;  pero, con una simple interpretación de esa rutina, no es difícil darse cuenta de que los afectados pueden estar una semana o más sin agua potable.

Kirenia, Nora, y otros vecinos agradecen la gestión de la delegada municipal, de los miembros de la Defensa Civil y de otros organismos estatales en los momentos de inundaciones y cuando llega la calma, sin embargo, reclaman un proyecto que pueda, al menos, atenuar la entrada del mar.

 

Medidas ante ciclones

Vecinos resguardan sus pertenencias ante inundaciones. Foto: Claudio Peláez Sordo

Aunque existen referencias anteriores, dede el 5 de diciembre de 1994, el entonces presidente de Cuba, Fidel Castro, aludía a los peligros de las penetraciones del mar y a la necesidad de un plan para contrarrestarlas.

“No sé cuántos de ustedes vivirán por aquí por esta parte que se inunda.  El clima cambia, las penetraciones del mar se incrementan. Los sacrificios de los vecinos de esta zona, desde Línea hasta aquí, son muy grandes; pero también estamos pensando en soluciones para esos problemas: qué hacer para evitar esas penetraciones del mar, qué hacer para reducirlas, y en un momento dado el país invertirá millones y tal vez decenas de millones de pesos —y pesos quiere decir también divisas convertibles— en el combustible, en los materiales, en los equipos y en las piezas de repuesto para poder evitar esas penetraciones tan severas”.

Sin embargo, el proyecto más concreto en este sentido está a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y solo incluye al llamado Malecón Tradicional, tramo que  se extiende desde los límites del Centro Histórico, inmediatos al Paseo del Prado, hasta el entorno del Parque Maceo.

Alexei vive lejos del mar pero trabaja cerca de él. En la feria artesanal ubicada en F y Tercera se dedica a la comercialización de obras de arte y desde allí ha podido comprobar el mal estado de la red de alcantarillas de la zona.

“Claro que todo tiene que inundarse, es verdad que estamos cerca del mar, pero las alcantarillas no funcionan, están tupidas y por supuesto, el agua no drena. Pero bueno, aquí hay que esperar que lo malo suceda para que se haga lo que se pudo hacer antes”.

Como Alexei piensan muchos capitalinos porque en La Habana, con solo transitar por las calles, saltan a la vista los problemas con los sistemas de desagüe. Aunque las instituciones insisten en que la gente arroja los desechos sólidos en las alcantarillas y por ello se tupen, olvidan mencionar que esos sistemas son antiquísimos y requieren una reparación capital.

Aunque hace varios años la empresa mixta Aguas de La Habana comenzó inversiones, los pasos son más lentos que la furia de la naturaleza.

Según datos de la Agencia de Oceanografía Física y Química de la Empresa GEOCUBA Estudios Marinos, reflejados en el Programa de estudio para la recuperación del Malecón Tradicional, ante los retos del cambio climático se prevé que dentro de 50 años en las costas cubanas se eleve el nivel del mar en 27 cm, condición que puede llegar a 85 cm en un siglo.

Pero esas estadísticas dicen poco o nada a los vecinos del Vedado. Lo que ellos tienen aprendido es que “cuando los meteorólogos hablan de Penetraciones Ligeras, el mar llega hasta la calle Primera; si se refieren a Penetraciones Moderadas el agua alcanza la calle Quinta y si alertan sobre Penetraciones Fuertes las aguas se extienden hasta Línea. Y esta última vez, las penetraciones fueron fuertes”.

Inundaciones en Cuba

La Defensa Civil protege vidas humanas y recursos materiales. Foto: Claudio Peláez Sordo

“Aquí llamaron del Partido Provincial y de otras entidades, nos advirtieron que estuviéramos preparados y que ayudáramos en lo que hiciera falta”, explica Frank Echemende, presidente de la Cooperativa El Recodo, en la primera línea del Malecón, aunque sobre una cota más elevada.

Para él y sus compañeros “estar preparados” es establecer la rutina de siempre. “Aquí no afecta mucho el mar, por eso luego de las penetraciones estamos abiertos siempre y nos abastecemos de pan y alimentos de fácil elaboración ya que, como por esos días suspenden los servicios de gas y electricidad, los vecinos acuden con mayor frecuencia a nuestro establecimiento.”

Frank afirma que está en su trabajo todos los días, que pasa más tiempo ahí que en su casa, por eso conoce la zona y a su gente, sabe que se ayudan entre ellos cuando el mar decide arrastrar todo lo que encuentre en el camino, pero él cree que hace falta más.

“Yo sé que la gente de por aquí es muy solidaria, pero debiera existir algún proyecto que los involucre a todos; los vecinos son como una familia y en caso de desastres no falta quien ayude; por eso creo que debieran pensar en un plan a nivel de comunidad que funciones siempre, incluso cuando el mar esté en calma”.

Al final, las escenas que todos describen no varían; nadie habla de gestión comunitaria o de proyecto gubernamental, simplemente se refieren a “la experiencia”; porque en días de lluvia, de vientos y de huracán, las vivencias son recurrentes y empeoran en dependencia de la intensidad del evento. Eso, y las aguas invadiéndolo todo, son lo único concreto.

Inundaciones en La Habana

El agua del mar penetra varias cuadras del Vedado habanero. Foto: Claudio Peláez Sordo