Llegué a casa de una persona muy cercana entré a su cocina en el momento que “limpiaba” el pollo de la bodega.

—¿Leíste los nuevos cambios de la Constitución?—, le pregunté con toda intención de molestarla.

—No, pero lo haré para ver si van a duplicar la cuota de pollo— me  respondió sin quitar los ojos de su labor.

Me reí a carcajadas de esa salida tan ocurrente y desenfadada. Al rato, le metí cabeza a lo que había pasado, amplié el zoom a la vida cotidiana de esa persona y sentí que el comentario también me angustiaba.

¿Cuánta gente saldrá a los estanquillos a buscar el tabloide con el proyecto de Constitución? ¿Cuántas le encargarán a un vecino o amigo que se los consiga? ¿Qué espera la gente que pase con ese documento?

Supongo que tienes tu propia respuesta, o que al menos te hagas la misma pregunta. Lo cierto es que la nueva Constitución pasa por delante de mucha gente que no quita los ojos del pollo de la bodega, es decir, de su vida cotidiana. Gente que no se molesta ni en suponer lo que trae de nuevo, además del tema del “matrimonio de los homosexuales” y de que “no hay doble ciudadanía pa´ nadie”.

Estoy pensando volver a la cocina de esa persona y, cuando menos se lo espere, preguntarle qué le parece eso de que tendremos Presidente de la República. Seguro me dirá: claro, “es lo que le faltaba a la primera dama”. O le suelto que pronto habrá un gobernador en la Habana. Imagino su mirada entre irónica y cansada diciéndome “eso es nombre na´ma, a la bodega seguirá viniendo café con chícharo”.

Claro, ni de broma la provocaré contándole que quitaron la palabra comunismo de la Constitución. No alcanzo a imaginar su respuesta. Pero sí le diré que no se regulará la acumulación de riqueza… ahí sí que levanta la cabeza y me suelta “pregúntate qué comen y dónde lo compran los que nunca sacan los manda´o de la bodega”.

¿Está mal preguntarle a la política todo el tiempo desde la bodega, desde el pollo de dieta, desde el casi café? ¿Quién tiene que acercarse a quién, la Constitución a la bodega o viceversa? ¿Qué hace falta para que una tenga que ver con la otra? ¿Qué hace falta para que una importe tanto como la otra?

Qué bueno sería llegar a la cocina de esa persona querida, verla “limpiar” el pollo y preguntarle ¿qué te pasa?, y que me dijera, realmente perpleja, me enteré que ya no habrá república socialista de trabajadores, ni se declarará la lucha contra la explotación del hombre por el hombre. Además, no entiendo como un parlamento donde casi la totalidad es del PCC o de la UJC, se les quedara afuera la palabra comunismo.

Qué bueno sería llegar y que me dijera, tengo una duda, ¿esa república con todos y para todos distinguirá entre quienes sacan los mandados el día primero y quienes nunca lo hacen? O por ejemplo, que me diga, pa´ colmo, con la pila de mujeres que hay en la Asamblea Nacional, el proyecto de Constitución sale sin lenguaje de género. Espérate, tampoco sé si habrá o no tribunal constitucional. Lo que me parece bien es que la gente pueda reclamar, ir directo al grano cuando tenga bateo con el Estado, sin tener que hacer cartas a las once mil vírgenes cuando digan digo, donde dice Diego.

Qué bueno sería que esa persona me viera llegar y me mande pa´l carajo porque está cuadrando unas propuestas con algunas personas del barrio pa´ poner la cosa fula contra las justificaciones a media tinta y defender sin pelos en la lengua lo que piensan. Por ejemplo, que los trabajadores y las trabajadoras gestionen su propiedad social; y ya que va a haber un Presidente (cosa que no cuadra mucho) al menos votar por ese cargo directamente. También pa´ darle chucho a la chealdá esa de Intendente y meterle cabeza bien a lo del gobernador, que además, tampoco es votado por la gente.

Qué bueno sería que esas personas, esas muchas personas que ni se enteran, ni les motiva, ni les importa ir al estanquillo, sintieran que la Constitución tienen que parecerse a la vida cotidiana que sueñan, que sintieran que esta hora es también su hora, piensen lo que piensen y pase lo que pase. Qué bueno sería que siguieran los debates de la Asamblea Nacional como lo hacen con Sonando en Cuba, y que aplaudan a los diputados y diputadas de la popularidad, es decir, a quienes mejor representen al pueblo. Qué bueno sería que sintieran que la Constitución tiene que ser el mejor cuchillo para picar el pollo de la bodega.

Qué bueno sería, cuando todo termine, entrar a la cocina de esa persona querida y que me reciba con un abrazo y me diga, esta Constitución nos quedó como pa´ chuparse los dedos.

 

No pude pasar mi papelito: mis dudas sobre la nueva Constitución