Mipymes en Cuba, economía cubana, emprendimiento, legislación pequeñas empresas.

Foto: Ernesto Verdecia.

Las pymes cubanas y América Latina

24 / agosto / 2021

En América Latina las pequeñas y medianas empresas (pymes) son claves para el desarrollo económico. Sin embargo, de manera general, no han logrado desarrollar su internacionalización. Realizan una importación y exportación básicas; tienen poca experiencia en alianzas estratégicas y casi no cuentan con apoyo de inversión extranjera (directa). Esta realidad señala un posible escenario para el renacimiento formal de las pymes cubanas.

Las pymes en la región

En todas las ramas donde existen pymes en América Latina es perceptible la tendencia a la realización de innovaciones, a las que dueños y accionistas confieren un peso importante como parte del proceso de entrada al mercado, dada la alta competencia.

Las empresas asociadas a las tecnologías de la información y las comunicaciones, los servicios, la economía creativa, la energía, el reciclaje y las tecnologías ambientales, generan como promedio de ingresos menos de 500 mil dólares al año cada una. Esta cifra contrasta con la producción de equipos industriales, fármacos y otros asociados a la salud, las ETC (extracción, transformación y comercialización de materias primas vegetales, animales, forestales y miineras), además de alimentos y bebidas, que facturan entre 2 y 10 millones.


En cuanto al personal, la edad promedio del pequeño empresario de la región (dueño, socio, etcétera) es de 45 años, y la mayoría realizó estudios universitarios (existen altos porcentajes de universitarios dedicados a los servicios). 

Estos empresarios se caracterizan por tener experiencia en estudios o trabajo en el exterior, en el propio sector en que se localiza su negocio. Además, predomina la capacitación a los empleados; incluso en aquellos negocios en los cuales el dueño no lo considera un factor relevante.

En cuanto a los ciclos de vida y tiempos, las pymes de la región tienen un rango de entre 1 y 68 años de creadas, con un promedio de más de diecisiete años en el mercado. Por otro lado, una pyme latinoamericana debe esperar seis años para internacionalizarse, en el caso de que lo logre. De ellas, las más rápidas, las de servicios como hospedajes, restaurantes, sobre todo aquellos asociados al turismo, tardan un año y medio; todos los demás, demoran desde tres hasta doce años.

No existe una correlación entre el hecho de que estas empresas tengan una estructura de exportación y el lograr, una vez insertadas, que esto represente el grueso de su facturación. En algunas ramas incluso llega a ser mayor lo que importan que lo que exportan. 


Otro elemento poco satisfactorio es que casi la mitad no ha logrado alianzas estratégicas, cooperación tecnológica, ser subcontratada, ni obtener una inversión extranjera directa. Esta última es casi inexistente.

De manera general, la filosofía empresarial, así como ciertas concepciones detrás de la gestión de los negocios, presentan deficiencias. Por ejemplo, la mayoría de las pymes busca internacionalizarse para ampliar el mercado, y no para reducir sus costos o acceder a mejores tecnologías. Esto demuestra que persiste una visión extensivista, cuantitativa y atrasada del desarrollo y el crecimiento económico. Además, no existe un factor esencial para su internacionalización, según consideración de los empresarios, aunque hay una ligera inclinación a darle peso a las ferias comerciales, así como a las redes de trabajo interpersonales y contactos.

Como resultado, la mayoría valora al mercado europeo como de difícil acceso y termina concentrando su exportación en otros países de la región.

Por último, una parte no despreciable de las pymes ha sido beneficiada con programas gubernamentales, y los empresarios conocen de su existencia.

Particularidades a las que se enfrentan las pymes en Cuba

Teniendo en cuenta los elementos anteriores, de manera resumida y sin ser concluyente, en el entorno económico en Cuba se pueden resaltar las características siguientes:

No existe experiencia ni práctica significativa en Cuba en la conducción de empresas privadas nacionales, a partir de la articulación de incentivos y planeación de resultados. 

Las experiencias de conducción o reanimación de sectores completos de la economía (hasta ahora solo en el estatal y militar) han funcionado históricamente por lógica de ordeno y mando, como pueden ser el surgimiento de la industria biofarmacéutica cubana, o la apuesta por el turismo.

La proyección económica de la dirección del país se ha mostrado inestable en el largo plazo. Así han sido los adelantos y retrocesos en materia de centralización y descentralización, o en la normalización del uso del mercado, un proceso que ha durado sesenta años y no termina de concluir.

Se verán limitados por la legislación cubana algunos de los sectores que en la región tienen mayor fuerza, que generan encadenamientos productivos y de los cuales la economía cubana está necesitada, como son la producción de equipos industriales. Las pymes cubanas existentes de facto, reportan bajo valor agregado y poca innovación, sobre todo porque se concentran en los servicios de baja competitividad y porque esta rama como tradición tiene límites de innovación en el corto plazo.


Las pymes cubanas enfrentan un fuerte monopolio de comercio exterior, afianzado en una cultura de dirección que responde a la filosofía del control. Las pymes cubanas tienen una restricción en cuanto al comercio exterior, lo que limita su internacionalización y todo lo que ello implica (reducción de costos, ampliación y gestión de su mercado, acceso a tecnologías, alianzas estratégicas, subcontratos y acercamientos a fuentes de inversión extranjera directa).

Persiste un fuerte dogma y una estigmatización alrededor de la propiedad privada, en la cual se concentran hasta ahora las pymes cubanas. Esto se aprecia en un grupo de la ciudadanía cubana, sobre todo asociado a parte del oficialismo, a la ideología política marxista-leninista y a un sector de la izquierda internacional. Dichos dogmas y prejuicios se siguen reproduciendo en espacios institucionales como pueden ser aulas universitarias o instituciones educativas de organizaciones políticas.  

La mayoría de las pymes cubanas deben tener diez años de existencia a lo sumo, y el promedio posiblemente no supere los seis años (de manera especulativa). Entre sus líderes (jefes y dueños de negocios), a pesar de los esfuerzos institucionales y no institucionales de diferentes proyectos, no predomina la capacitación en el exterior a partir de estudios y prácticas laborales.

La escasez de insumos (por insuficiente producción nacional, limitaciones extraeconómicas a la importación, o falta de un mercado de divisas) sitúa a los pequeños empresarios cubanos en condiciones de precariedad y supervivencia, además del efecto encarecedor en sus bienes y servicios.

Existe una deformación de la cultura laboral cubana. A pesar de la ausencia de difusión de estudios al respecto, es perceptible para el consumidor la falta de una cultura del buen servicio y el buen trato a clientes potenciales. Este hecho es potenciado con la falta de mecanismos eficientes de protección al consumidor, tanto para el sector estatal como el privado; un fenómeno que se ha fortalecido en los últimos meses.

Se agrega que el momento del supuesto despegue para la formalización de las pymes llega en plena pandemia de coronavirus.

Algunos de estos rasgos parecen apuntar a que no se debe esperar resultados similares a los alcanzados por la región en materia de pymes. Es decir, que estas tengan un aporte significativo en la conformación de un ciclo económico que favorezca el poder adquisitivo de la moneda nacional. El escenario será otro si se modifica una parte importante de las limitaciones mencionadas, a partir de un giro en la concepción y la gestión económica del país; pero no hay señales de que vaya a ocurrir.

De lograrse la nivelación de las condiciones cubanas con las del resto de la región, las pymes cubanas solo lograrían competir con aquellas. Si se alcanzara la internacionalización, esta tardaría años. El mejor escenario al que aspirar no parece ser un punto donde se logren niveles de bienestar social óptimos. Como siempre, llegar ahí, en el país donde nunca se hace lo suficiente, parece requerir más.


Nota: Todos los datos sobre América Latina empleados en este artículo, pertenecen a un análisis exploratorio en 9 países de la región, a partir de un muestreo no probabilístico. Fundación EU-LAC, CERALE, & Institut des Amériques, (2017). La internacionalización de las pymes latinoamericanas y su proyección en Europa. Hamburgo: Scharlau Gmbh.

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Miguel Alejandro Hayes Martínez
Aprendiz de filósofo y economista político. Editor de La Trinchera y podcaster.
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