— La idea es que tú seas capaz de generarte tus propias máquinas para hacer música —dijo Fernando y exhaló un poco de humo.

─ ¿Comprarlas dices?

─ No, precisamente, las podemos diseñar de forma analógica o digital.

En la ciudad cosmopolita de Santa Clara coincidieron un Licenciado en Matemáticas, un estudiante de Cibernética y un músico sin academia. Comenzaron a lanzarse sueños, trastos, números, acordes… hasta que lo tuvieron claro.

Se unieron en un proyecto que además de una banda de músicos, los convertía en programadores, productores, lutieres y filántropos.

─ ¿Entonces, qué nombre le pondremos?

─ ¡Liberté! Llámenlo así —remató una amiga de siempre, y quedaron para el próximo café.

Desde esa misma tarde, Fernando, Manuel y Dagmar decidieron que ellos iban a programar sus propios instrumentos musicales. Serían los primeros en ofertar, en medio del silencio tecnológico de la Isla, un producto casi exclusivo del primer mundo. Así lo explica Fernando, graduado de la Universidad Central “Martha Abreu” de Las Villas.

“La mayoría de la gente que se dedica a la música electrónica, descargan desde internet un paquete de instrumentos con los cuales trabajan en una estación de trabajo o programa de creación musical (DAW)[1]“.

Según su punto de vista, cada vez más espacios emplean a un DJ para amenizar sus actividades. La sonoridad de estos tiene aún cierto sabor internacional, que independientemente de la profesionalidad de sus producciones, evocan fórmulas preconcebidas.

“Pero existen múltiples herramientas para tú ser capaz de crear una máquina y sonar como tú quieres. Eso sí, se requiere de algunos conocimientos de programación y de algo de DSP (Procesamiento de Señales Digitales), que va más allá de mover algunos botones”.

Sapiencias de la academia también les facilitan al matemático y a su amigo cibernético, aprovechar lenguajes de programación como Music N, CSound, Pure Data, Max/Msp/Jitter, más acordes al diseño sonoro. “(…) y esto es lo que nos permite obtener un sonido original”.

Foto: Yohansi Paz

Foto: Yohansi Paz

Al decir de Manuel Suárez se las han arreglado para utilizar software de vanguardia.

“Hacemos cosas que ya en el mundo son archiconocidas pero que en Cuba, por cierta razón, se han ido olvidando, como en algún momento Juan Blanco dedicó esfuerzo y alma a proyectos de música electroacústica que hoy nos sirven de guía. Estamos tratando de revivir esa idea de hacer música electrónica diferente”.

Manuel pincha uno de los temas del disco Isomorfos, su primer  “engendro”. Una música introspectiva nos inunda. “La idea de ser lutieres electrónicos es increíble, es como ser un gran nerd”. Se ríe un poco y camina hasta el balcón, como si quisiera mostrarme… ¿algo más?

─ ¿Sólo electrónica o defienden otros géneros?

─ Defendemos la música desde el Ambient, el Indie, el rock, hasta una pieza de Igor Stravinsky —contesta desde la cocinita de su propia casa-estudio Dagmar Jiménez, guitarrista y tecladista autodidacta (Mr. Moustach).

─ ¿Y cómo te integras tú a todo este proceso?

Dagmar hace una señal de silencio y apunta al balcón. Manuel saca la mano con su celular extendido y todos hacemos caso, nos mantenemos callados e inmóviles.

Como quienes asistiesen a un acto mágico observamos a Manuel mientras descarga su grabación en la laptop del Ferna, quien, a su vez, apaga el cigarrillo y comienza a mover jeroglíficos (códigos) en el escritorio. A su señal se desenfunda una guitarra eléctrica y, al rato, todos zarandeamos la cabeza y los pies como si estuviésemos borrachos de algún tipo de espiritualidad superior.

Primer sello de música electrónica en Cuba

Hacer música con lo que sea

Además de diseñar sus propias “máquinas”, estos chicos consideraron que el murmullo de la ciudad: los perros, los gatos, el dolor, la alegría, la gente; pueden convertirse en instrumentos para hacer música.

“A raíz de la falta de recursos, de la situación económica, incluso de lo difícil que es adquirir una pastilla, un procesador, una resistencia para poder crear una máquina analógica que genere sonidos, preferimos generar sonido desde una onda sinusoidal”, afirma Manuel.

Entre los espacios en los cuales ha debutado esta propuesta, sobresale la Jornada de Música Electrónica Beat 32 celebrada en Camagüey, las Electro- Romerías y el Festival Stereo G, ambos en Holguín. A propósito de la última edición, el periódico local Ahora recoge los siguientes criterios de uno de sus organizadores, el joven músico Ernesto Jorge Hidalgo (Tico).

“Trato de promover una cultura diferente. Defiendo a los muchachos con ideas propias, que apuestan por la creación, que rebuscan en su banco y estudian, que cogen un sonido y lo “ripian” completamente, que convierten una pista original que a lo mejor no te gusta, en un tema hermoso, a partir de efectos, arpegios…”.

Y entre esos selectos, Tico anunció a tres santaclareños que “pretenden impulsar un proyecto en su territorio”, Liberté. Esos mismos a quienes el nombre les quedó pintado en muchos otros, o en todos los aspectos.

“Queremos organizar talleres con grupos de personas que les interese aprender sobre esto, por supuesto sin costo alguno”, confiesa el matemático”.

“¡Cultura underground!”, dice Fernando y se quita los audífonos, aunque sabe que el concepto que defienden es mucho más valiente.

Foto: Yohansi Paz

Foto: Yohansi Paz

Al conocer de esta iniciativa, amantes del género como la estudiante de la UCLV, Patricia, se muestran abiertas al conocimiento: “me encantaría acercarme a la programación desde la música”, comentó para elToque.

También Rogelio, barman y vocalista de una banda de rock en la ciudad, aplaudió la iniciativa durante la presentación de Liberté en su bar Cuban Roll, a principios del año pasado: “Aunque algunos no entienden bien de qué van estos muchachos, y piensan que es una locura pasar tanto trabajo para mezclar unas pistas; me parece espectacular cómo suenan, y además se adecuaron muy bien con el ambiente alternativo de este lugar”.

“Y que se puedan descargar herramientas nuevas, más cubanas, que pudiesen hasta tener el sello de nuestros ritmos, fusionados o algo así”, defiende Gerardo, graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas, devenido Dj; mientras degusta una caipiriña del Cuban Roll.

Ante esta insipiente demanda, los “lutieres electrónicos” afirman que les gustaría crear su propio “stand de instrumentos musicales”, por llamarlo de alguna forma, y socializarlos con otros Dj. Pero lo que más les interesa y ocupa casi toda la agenda actual de los chicos, es “defender la música electrónica desde una idea artística poco usual en el país”.

¡Liberté! ¡Liberté! ¡Liberté!

“La gente tiene la falsa concepción de que la música electrónica es solo club: ¡No, no! ¡Esto también es música de concierto! Constantemente la escuchas, como la banda sonora de una película, en una obra de teatro o en un ballet contemporáneo”, sostiene Dagmar.

De pie en la cocina, mientras le sirve de centinela a una cafeterita criolla, explica que la idea esencial es vincularse “con una obra de teatro, documentales, cine o relacionado con las artes plásticas”.

“Queremos defender la libertad de creación en todos los aspectos, relacionar el arte que hacemos con una forma de pensar, de vivir”, agrega Manuel. Los otros asienten, parecen muy convencidos.

Casi a coro, interrumpiéndose unos a otros, los chicos explican,  que para ellos su proyecto se trata de una filosofía de vida: “Algo que esperamos compartir con nuestro público”.

Afirman que algunos logros insipientes se deben a que el proyecto ha recibido el visto bueno del Laboratorio Nacional de Música Electrónica (LNME) en Cuba.

 

 

Aunque ya fueron invitados a presentarse en escenarios reconocidos por las instituciones culturales del país, como son Las Romerías de Mayo, en la provincia de Holguín; aún necesitan visibilidad. Saben que el camino que eligen es largo, y con menos flores de las que habitualmente reciben los músicos locales.

El propio vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, percibe su ciudad como la segunda plaza más importante de Cuba en la música electrónica. Aspira convertir Stereo G, en un evento inspirador alejado de ciertas reuniones de DJ que “carecen de ese guion o concepto. (…) para que nadie nos etiquete como “ponemúsicas”.

“Aun así, no es fácil pensar en Cuba como un país de música electrónica. Esta es una isla de salsa, reguetón, merengue y Buena Vista Social Club”, afirma Joyvan Guevara Díaz, mejor conocido como `Djoy de Cuba’ para la revista digital Havana.

“¿Qué es un concierto para alguien que hace música electrónica?: hacer Dj. De eso ganan dinero la mayoría de los productores, ahora, la idea de nosotros es hacer música como grupo”, explica Fernando.

Para lograrlo, los tres jóvenes sacrifican, o mejor dicho, invierten ahorros, tiempo libre y espacio vital.

“El mayor temor que tenemos es perder el camino, porque esta no es música para grandes multitudes, sino para pequeños grupos que deseen disfrutarla”, reflexiona Dagmar, recostado a su guitarra.

Desde hace tres años estos nerds del sonido repiten la rutina del café en busca de ideas novedosas que les permitan sortear obstáculos e ir más allá de las habituales mezclas que amenizan la mayoría de los clubs nocturnos del país. Sobre todo, son renuentes a negociar la concepción de esta especie de paradigma que ellos aceptaron como Liberté.

“Una noche nos invitan a tocar en el Mejunje, y después de las primeras piezas, pues nos llega desde el mismo público, incluso, la petición de un repertorio que estuviese “acorde” con la actividad recreativa que se estaba realizando”.

─ ¿Cómo así?

─ Pues creo que lo que necesitaban era más onda DJ, con sus mezclas de Tiesto, David Ghetta, música electrónica bailable. Lo cierto es que desde entonces escogemos nuestras presentaciones con más cuidado, comenta Fernando y los tres sonríen con desgano.

─ ¿Pero no les vienen bien más inyecciones de presupuesto?

─ Sí, bueno, si somos selectivos corremos el riesgo de que nos llamen menos, pero hasta el momento, vale la pena esperar— asegura Manuel, un incansable productor que tacha y reconstruye la agenda de Liberté con el mayor rigor y entusiasmo.

─ Ya hicimos el primer concierto aquí en casa de Dagmar, nuestra guarida, cuenta su amigo.

─ Cualquier día los llama Fernando Pérez —bromeo, con cariño, sin intención de ofender.

─ Cualquier día, claro que sí— afirma con alegría el anfitrión, mientras me alarga un vasito transparente con café.

 

[1] Digital Audio Workstation