Sabe que si hay una “bala perdida”, esa puede ser la suya. Porta una pistola poderosa en plena calle habanera. Sin embargo, este pistolero no parece peligroso a simple vista porque su única arma es el teatro y buscarse “unas balas” significa en buen cubano, “ganarse la vida”. Macho Rico es una estatua viviente encarnada por Isaac, un actor callejero que nunca ha soñado con Hollywood, ni con los grandes escenarios.

Esta historia comenzó hace varios años, cuando Isaac decidió lanzarse al espacio urbano de la Habana Vieja, representando a diversas estatuas vivientes, motivado por las libertades de interacción con el público -en una obra que tiene mucho de improvisación- y por las mayores bonanzas económicas que le reportaba esa labor.

Isaac organizó en octubre de 2015 una carrera de estatuas vivientes en La Habana Vieja. Foto: Alejandro Ulloa“Cuando llegué a La Habana para realizar estudios superiores de actuación, tuve muchas dificultades para subsistir. Yo soy de un pueblito humilde del centro de Cuba y encontré una ciudad muy cara donde un salario de apenas 275 pesos no me alcanzaba para nada. Decidí entonces buscar trabajo en otros lugares”.

Antes de encontrar su “escenario al aire libre”, Isaac trabajó como payaso para adultos en un cabaret nocturno y aunque era bien remunerado no se sentía feliz. Con una parte de esos ahorros construyó el vestuario de la estatua viviente Macho Rico, un pistolero orgulloso y provocador de rostro esmaltado que se ha hecho popular en la parte más antigua de la ciudad.

Según nos cuenta, este “cowboy” cubano se parece mucho al muchacho que Isaac fue. “Hace unos años, yo era un pepillo en La Habana buscándome la vida. Compartía cierto rencor hacia el mundo por las condiciones que me habían impulsado a vivir de esa manera tan inestable, inventando dinero por aquí o por allá.”

El pistolero, inmóvil, ve pasar cientos de personas todos los días. Foto: Alejandro Ulloa

En 2010 comenzó a pensar de un modo más serio en la posibilidad de crear una obra de calidad que también pudiera ser solvente para él, y hasta invirtió el dinero de la reparación de la casa de su madre en la compra de maquillajes, vestuario y recursos para su personaje más importante, Macho Rico.

“Lamentablemente, ciertas personas dicen que esto no es teatro. Eso me molesta. Yo pienso que el verdadero teatro está en un mínimo gesto que te conecte con el espectador. Hay un punto en el cual no te importa cómo te ven. Hay gente que sí lo admira. Intento hacer un teatro de la sorpresa.”

En la actualidad, Isaac cursa el cuarto año del Instituto Superior de Arte. Los fines de semana sigue haciendo su arte y buscando “sus balas”; y aunque no demerita las herramientas que aprende en la Universidad, asegura que el actor callejero tiene que descubrir su propio camino.

Isaac puede estar en esa posición por varios minutos. Foto: Alejandro Ulloa

“Yo quería ser actor de cine y cuando hice el primer cortometraje me di cuenta de que ese no era mi espacio, demasiado glamour. Prefiero estar cerca del espectador, ver lo que piensa de mí, que la gente se divierta y sentir eso. Yo soy el actor, el diseñador, el acomodador, la misma taquilla.”

Como en toda historia, existe un lado que nadie percibe, afirma Isaac.

“No hay nada fácil. Es complejo enfrentarse a seis u ocho horas de estatismo. Recibes todo tipo de público. Algunos piensan que esto es una ganga, algo muy sencillo que reporta grandes ganancias. Realmente es más lucrativo si vemos cuál es el sueldo de un actor en Cuba. Pero detrás de cada actuación hay un desgaste físico y mental enorme”.

Quien recorra La Habana Vieja podrá encontrarlo y hasta fotografiarse con Macho Rico, Bob Marley u otro de los tantos personajes que Isaac encarna mientras impulsa, junto a su esposa Susana, el proyecto independiente Colectivo Teatral H. K (o “el huevo del camaleón”).

“Esta forma de teatro callejero me tiene enamorado. A lo mejor mañana cambio de opinión, quizás me decepcione un día, pero ahora estoy aquí, en la calle. Sigo aprendiendo, buscando, luchando… ”

Video: Alejandro Ulloa