El padre es el límite entre el mito y los hechos, los recuerdos y el reverso de ellos… un punto donde la falsedad se mezcla con los besos a destiempo, el miedo terrible a la aurora de ciertos permisos luchados a mansalva. Un padre es un grito… pero es también la boca que grita… es la muerte pero también es el permiso de vivir que siempre está a mano.

Un padre es una función… en el psicoanálisis y en la vida… para Lacan cualquiera podría ocupar esa función, es decir: su papá puede ser su padre real, pero pueden ser también, sus abuelos, sus tíos…su madre.

En una visión psicoanalítica tradicional un padre podía ser un lobo, un caballo, una lucha contra Edipo por la madre en medio de un puente. El padre era una figura terrible y castigadora; el representante de la castración. Con el pasar del tiempo la figura del padre se diluye, se vuelve de muchos nombres, y el problema ya no es su encarnación de la ley o el castigo, sino su ausencia. Para otros psicoanalistas comienza a ser un problema de estos tiempos la ausencia de la ley: los padres no eran tan terribles ni ahora están más ausentes.

Mi padre es un ser imperfecto pero es una leyenda

Los recuerdos son una escaramuza, una coartada y todo el mundo los arma a su antojo, hay psicoanalistas que hablan del recuerdo pantalla: eso que recordamos es completamente contrario a lo que ocurrió. Por eso cada cual cuenta a su modo, y eso es su verdad, también su mentira.

Siendo muy pequeño, mientras hablaba Fidel por el televisor, mi padre me decía: él es tu abuelo. Uno se da cuenta más tarde: una parte de la ideología te es trasmitida por la familia. En el contacto con la leche de los pechos de mamá… en los primeros juicios de papá. El padre es la ley y también los trayectos de ciertas cosas. No olvido nunca su pasión inconmovible por la Revolución cubana.

El padre es en Cuba el dueño de los permisos. ¿Quiéres algo?, pregúntale a tu padre… ¿quiéres salir?, pregúntale a tu padre…. Por eso, el padre muchas veces no lo recibes por su imagen real y palpable, sino que te lo entrega y te lo construye la palabra de mamá. El Día de los Padres es también, el día de las madres.

Yo recuerdo un rostro duro, el abrazo salvador, el llanto después de alguna discusión

Recuerdo su seriedad a veces temible, no contarle algo por miedo a sus efectos, o la necesidad de contarle otras cosas que nunca le dije, los silencios. No podría contar escenas en las que me hablaba sobre cómo se liga una mujer, qué se dice al principio, qué se dice en los finales… como si hubiera ciertas edades para hablar de las cosas.

A él y a mi madre nunca les gustaba el huevo frito, los muslos del pollo. Preferían el arroz con puré o las patas del pollo. En los años duros del período especial era una estrategia para que mi hermana y yo pudiéramos comer lo que ellos no se permitían.

Mi padre es un ser imperfecto pero es una leyenda. Yo lo veía desandar las mañanas con un beso frío en la sombra, casi como de sesgo… eso es lo que recuerdo de pequeño era un ser de sesgo: cuando se iba bien temprano en la madrugada, cuando regresaba bien tarde en la noche.

Yo recuerdo un rostro duro, el abrazo salvador, el llanto después de alguna discusión. El mérito de haber permanecido siempre a mi lado. Esperarme como si siempre yo estuviera regresando o me estuviera yendo hacia algún lugar. Su necesidad de pasar su mano por mi cabeza, el deseo de protegerme. Su coraza irrepetible en medio del desconcierto.

Obbatalá va a pintar de blanco la casa este domingo cuando destapemos la botella de ron y fumemos un tabaco de mi tierra en San Luis, Pinar del Río. No tendré que temer que me falte o se me vaya. No andaré este domingo en piloto automático, escucharé cada cosa que tenga que decirme. Le contaré todo lo que se me ocurra. Mientras en este texto, brinden Freud y Fidel; cerraremos la tarde cantando uno de esos boleros que tanto le gustan.