El Primero de Mayo es el Día Internacional de los Trabajadores. Es la conmemoración más importante del movimiento obrero mundial. Es una jornada que se utiliza habitualmente en el mundo para exigir reivindicaciones sociales y laborales a favor de las clases trabajadoras.

La fecha se estableció por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889. Desde entonces, es a la vez un día de lucha reivindicativa y de homenaje a los mártires de Chicago.

Los mártires de Chicago fueron anarquistas juzgados por participar en manifestaciones de lucha desarrolladas en esa ciudad estadounidense entre el 1 y el 4 de mayo de 1886. El objetivo: conseguir la jornada laboral de ocho horas.

Todo se inició con una huelga el primer día de mayo y su punto álgido ocurrió tres días más tarde en la Revuelta de Haymarket Square. Allí, durante una manifestación pacífica, una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta.

Este incidente desembocó en un juicio —años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado— hacia ocho trabajadores anarco-colectivistas y anarco-comunistas. Cinco de ellos fueron condenados a muerte, uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado y tres fueron enviados a prisión. Esos fueron los mártires de Chicago.

Desde el Primero de Mayo de 1959 en Cuba se producen manifestaciones masivas a lo largo y ancho de la Isla, convocadas por el gobierno. Antes se realizaban también, pero convocadas por los sindicatos.

En un país que durante muchos años trabajó por la construcción del comunismo y ahora solo lo considera como el único sistema en el cual el hombre alcanza la dignidad plena, los trabajadores no marchan por alcanzar o mantener derechos. Marchan en apoyo, y sin reclamos, al modelo de Estado y de gobierno, como si ya el proletariado nacional hubiese alcanzado la paradisíaca etapa superior del socialismo, donde teóricamente no hay ni Estado ni gobierno, ni necesidades de reivindicaciones laborales.

Según los discursos oficiales, los trabajadores cubanos no necesitan pedir derechos que ya tienen plenamente garantizados.

Sin embargo, la realidad contrasta con la cotidianidad de una nación donde cada vez es más difícil esconder la división según los niveles de ingresos o acceso a recursos y donde se acumulan las insatisfacciones populares. Todavía, no obstante, la ficción se sostiene: miles de cubanos participan, sin dudar, en la fiesta del Primero de Mayo.

Primero de mayo en Cuba: fiesta sin protestas

Los trabajadores que creen que no tienen nada que reivindicar no poseen, por ejemplo, el derecho a huelga, el cual se encuentra en la base de la lucha del proletariado mundial. Por el contrario, más que derecho, tienen el “compromiso” de manifestarse en apoyo al principal empleador del país.

Los trabajadores que marchan tampoco tienen libertad sindical. Cada sector de la economía cubana cuenta con un único sindicato que además responde a los intereses partidistas de una única Central Sindical.

Tal es el empuje de estos exclusivos sindicatos que la nueva Constitución, promulgada el pasado 10 de abril, los ha borrado completamente de su articulado. La forma más común de organización de la clase obrera no tiene suficiente incidencia en la sociedad socialista cubana como para ser reconocida por su importancia y rol en la carta magna.

Los marchantes en las plazas cubanas tampoco tienen libertad de contratación. La contratación con la inversión extranjera, el sector de la economía cubana económicamente más lucrativo, está mediado por agencias estatales de contratación que definen la idoneidad no necesariamente sobre criterios de profesionalidad, sino muchas veces a partir de evaluaciones políticas.

Con esas agencias el trabajador mantiene el vínculo efectivo, por lo que en caso de ser despedido injustamente, solamente podrá aspirar a lograr mantener su vinculación con la agencia estatal y no con el empleador foráneo, quien habrá prescindido de él sin mayores consecuencias.

Si bien los trabajadores estatales cubanos tienen garantizada la jornada laboral de ocho horas, su salario es reconocido incluso por los empleadores como insuficiente. Esa insuficiencia se ha convertido en reclamo sordo y ha sido recientemente validada en la Constitución cubana. La Ley de leyes reconoce que “la remuneración con arreglo al trabajo aportado se complementa con la satisfacción equitativa y gratuita de servicios sociales universales y otras prestaciones y beneficios”, y esa oración abrió la puerta a continuar justificando la pobreza del pago al 68% de la fuerza laboral del país con acceso a servicios sociales, subsidiados o gratuitos, sí, pero que pierden calidad con velocidad galopante.

Muchos trabajadores han abandonado el sector estatal de la economía en busca de mejores salarios. No obstante, el beneficio económico no ha venido acompañado de garantías laborales. La solvencia en muchos casos trae aparejada la desprotección, jornadas laborales ilimitadas, la imposibilidad de acceso al sistema de justicia laboral, de protección e higiene del trabajo e incluso de descanso remunerado.

Recientemente se supo que existe más de medio millón de personas en edad laboral que ni estudian ni trabajan. ¿De qué viven? No lo sabemos; pero varios expertos consideran esa zona como la mayor evidencia de un creciente nivel de empleo informal o subempleo, que al no contar oficialmente, carece de cualquier seguridad o protección.

Foto: Otmara García. Tomada del sitio de Radio Ciudad de La Habana

Foto: Otmara García. Tomada del sitio de Radio Ciudad de La Habana

Muchas de las preocupaciones que he enumerado aquí, constituyen la base de las reclamaciones del movimiento obrero contemporáneo a nivel mundial. La licencia de maternidad o paternidad, la protección laboral en casos de accidente o desempleo o la jornada laboral de ocho horas son conquistas materializadas en Cuba después de 1959. Sin embargo, la vida continúa y el movimiento obrero de este archipiélago ha permanecido estancado.

Estados Unidos y Canadá son algunos de los pocos países que no celebran oficialmente el Primero de Mayo como el Día de los Trabajadores.

El presidente estadounidense Grover Cleveland, movió la celebración del Día del Trabajo para septiembre, por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en los Estados Unidos desde 1882. Canadá se unió a conmemorar el primer lunes de septiembre en vez del Primero de Mayo, a partir de 1894.

Los cubanos marchan como la mayoría del mundo el primer día de mayo. Sin embargo, al igual que Estados Unidos y Canadá, Cuba es una excepción con respecto a la celebración.

 

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