Desde hace seis años Yoniel Ramírez, el Flaco, distribuye el paquete semanal en San Antonio de Cabezas, donde vive. Un pueblo polvoriento y poco asfaltado en la provincia Matanzas, sin restaurante ni biblioteca ni teatro ni cine ni red 3G ni Wifi; un pueblo con 5.600 habitantes donde casi todos los hombres trabajan en el campo y casi todas las mujeres son amas de casa.

Cuando empezó en el negocio, el Flaco pagaba 12 CUC por la actualización semanal del paquete. Tenía que recogerlo en el kilómetro 72 de la Autopista Nacional. En moto, a las tres de la mañana, solo. Un viaje de 16 kilómetros desde su casa. Ahí esperaba una guagua Yutong que paraba sin hacer señales. Desde dentro, el chofer le entregaba un disco extraíble con los 930 gigabytes (GB) de información.

Con los años el método ha cambiado, y el Flaco ha tenido diferentes distribuidores, precios y vías de adquisición. Actualmente es el tercer eslabón en la cadena. La matriz Omega, situada en La Habana, se lo vende a alguien que lo lleva a su casa. Ha tenido posibilidades de estar en el segundo eslabón, pero mientras más cerca esté de la matriz, más se encarece el producto.

Como San Antonio de Cabezas, cada localidad de Cuba, no importa lo rural que sea, tiene al menos un proveedor del paquete semanal. La red tejida a partir de este producto ha permitido que sus contenidos lleguen, de diversas formas, a los lugares más recónditos.

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De los casetes VHS a los dispositivos USB

Antes del paquete, en 2005, el Flaco alquilaba casetes VHS con películas y reality shows, fundamentalmente. Tenía 15 años. Llegaba de la escuela, se cambiaba de ropa y salía por el pueblo en bicicleta, con un cajón plástico que adaptó a la parrilla para que cupiesen 40 casetes. Pasaba por casa de cada cliente con una libreta, apuntaba su nombre, el del casete que rentaba y el número que estos tenían inscritos: Marta Hernández, Esmeralda, novela, 407. El alquiler costaba cinco pesos (CUP). A los dos días le entregaba a Marta el siguiente de Esmeralda. Así, con cada uno de los 20 clientes que tenía.

En 2007, los reproductores de DVD comenzaron a sustituir las videocaseteras. El jefe del Flaco, el dueño del negocio, decidió comenzar a alquilar discos, además de los casetes VHS. Al cajón plástico de la bicicleta le incorporaron otro de cartón, para llevar ambos formatos.

—Un día le dije al jefe que había que salir de los casetes. Teníamos una computadora y la dedicamos solo a quemar discos.

La producción fue cuantiosa: unos 10.000. En el cajón viajaban 200 diariamente, que alquilaba por 10 CUP cada uno. Los discos, aunque se rayaban y se rompían, eran fáciles de adquirir en las tiendas por grandes cantidades. El resto de la inversión era en hojas blancas y cinta adhesiva para hacer los estuches, y en impresora para hacer las portadas. Cada semana salían diez discos nuevos: películas, dibujos animados, shows, documentales, novelas.

El Flaco llegó a tener cien clientes. Otros tres muchachos comenzaron a hacer lo mismo en el pueblo y se convirtieron en su competencia. Hasta que, más o menos en 2013, apareció el paquete. El jefe del Flaco lo conseguía en La Habana, a 88 kilómetros de Cabezas. Entonces prosperó la venta de información en memorias flash y en discos extraíbles.

—Los DVD con puerto USB demoraron en popularizarse. Había que comprarse otro equipo y conseguir una memoria. En esa fecha, las de 4 GB costaban 20 CUC. Fui instruyendo a la clientela para que ahorrara, porque los discos escaseaban. Con el tiempo, todo bajó de precio, y las memorias crecieron en capacidad.

En 2014, el jefe del Flaco se fue de Cuba y le dejó el negocio.

—Todas las tardes iba a las casas a recoger y a entregar memorias y discos. La gente hablaba bien de mí y del servicio.

Así, hasta que en el pueblo comenzaron a vender el paquete por 4 CUC.

—Lo mismo que me costaba. Pensaba que no era una buena opción. Luego el precio bajó a 2 CUC y a mí también ya me costaba eso. Mientras más gente lo tenía, más bajaba de precio.

El Flaco se atrasó respecto a la competencia. En un abrir y cerrar de ojos, el disco DVD se había extinguido y el paquete costaba 1 CUC. Él tenía muchos clientes con memoria flash, pero ninguno con disco extraíble para copiarlo completo. Ni siquiera él tenía un disco extraíble.

—Me compré uno porque cada vez había más gente con computadora, y aumentó la demanda.

A Jesús M. Reyes le sucedió algo parecido. De operador en la termoeléctrica Máximo Gómez en el Mariel, pasó a gestionar su propio negocio a través del paquete. Desde entonces permanece más de ocho horas frente a la computadora en su pueblo de Guanajay. Antes de dar el paso definitivo solicitó una licencia de trabajador por cuenta propia como Comprador y vendedor de discos —la más cercana a su negocio— y buscó todo el soporte tecnológico que le permitiera un mejor servicio.

Primero tuvo un disco duro de 1 TB y otro de 500 gigabytes, un monitor de computadora analógico y un kit de tercera generación. Llegó la competencia con otros paqueteros y tuvo que aumentar el espacio hasta contar hoy con un monitor de 22 pulgadas, un kit de octava generación y más de 30 TB disponibles para almacenamiento.

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Copiar el paquete en un puerto USB 2.0, a 30 mb/s, tarda entre siete y ocho horas. Por eso Yoniel Ramírez —el Flaco— gastó sus ahorros en una computadora óptima, con dos puertos USB 3.0, que copian a 120 mb/s. Con esas prestaciones, 1TB tarda entre dos y tres horas en copiarse.

“En el paquete hay variedad de temas. Creo que nadie lo consume entero. Yo lo vendo a 1 CUC, sin importar lo que el cliente escoja”, dice.

Todos los días actualiza casi 300 GB de información descargada el día anterior por quienes le suministran la información. Los domingos en la tarde ya tiene organizados y comprimidos dos TB en 830 GB. En la sección Deportes, por ejemplo, excluye voleibol, atletismo, natación y Fórmula 1. “Conozco a mis clientes”, asegura, “y sé lo que les gusta”.

A Amancio Rodríguez, en Las Tunas, el paquete semanal llega filtrado. “O sea, eliminan todo el contenido político o aquello que pueda ir en contra de los intereses del Gobierno, como los noticieros de Estados Unidos, los programas de Otaola, etc.”, explica el distribuidor, que en realidad habla de algo abstracto pues no se preocupa por quién o quiénes realizan ese proceso de filtración.

“Sí incluyen muchos programas deportivos, series, novelas, música y videos —nacionales e internacionales— actualizados. Y toda la publicidad que sale es de los negocios de La Habana”.

En Gibara, Holguín, funciona un tanto diferente. Aunque algunos contenidos y materiales publicitarios se mantienen sin alteraciones con respecto a lo que llega desde Granma y antes desde de La Habana, “el hombre que lo distribuye en Holguín le agrega publicidad local”, explica un mensajero. “Él cobra a artistas y vendedores por insertarles publicidad”.

A Holguín el paquete suele llegar desde Granma, en cualquier transporte que cubra esa ruta. Luego, desde Holguín se distribuye hasta los municipios en cualquier medio de transporte, y de allí hasta las localidades más intrincadas. La actualización de los programas, series, novelas y shows llega a diario desde Granma y dos paquetes grandes —1 TB de información— se confeccionan martes y viernes.

“El precio es 50 CUP por los dos”, explica el mensajero de Gibara. “Las actualizaciones no se pagan, los clientes deben coger los dos paquetes por 50 CUP o no hay trato”.

En ese municipio del norte holguinero, los gustos son muy parecidos a los del resto del país: novelas turcas, pánfilos, deportes y noticias relacionadas, narconovelas, doramas, casos cerrados y otras noticias.

Desde Gibara, ya sea con los choferes de guaguas estatales o con alguna otra persona que tenga carro, el paquete se reparte el mismo día en Floro Pérez, Bocas, Velazco… poblados pertenecientes al municipio, pero más alejados.

En el municipio artemiseño de Guanajay, el rebrote de casos de COVID-19 en el cercano Bauta y las restricciones para viajar a La Habana tampoco han sido un impedimento para la distribución del paquete.

Desde las diez y treinta de la mañana, hasta pasadas las nueve de la noche, Jesús M. Reyes atiende a más de treinta personas en busca del entretenimiento que llega de todas partes.

“Al inicio en Guanajay, por ejemplo, la selección de materiales era diferente: novelas y shows para mujeres; series, documentales y deportes, para hombres; animados para los niños. Todo eso cambió: hoy a un hombre le gusta una novela turca o una serie manga; a las mujeres les encantan las series y películas de terror y un niño te pide series de ciencia ficción”, dice Jesús. “Tengo clientes de la tercera edad, por ejemplo, que vienen buscando éxitos de Blanca Rosa Gil…Y eso aquí lo pueden encontrar. Te digo con total honestidad: el paquete ha hecho que el cubano se informe más de todo lo que está sucediendo en el mundo”.

Aunque Jesús no es el único que comercializa el paquete en su poblado, sí es uno de los más demandados por la calidad de lo que ofrece: películas en alta definición y recién estrenadas, una abundante colección musical (variados románticos, temas mexicanos…), producciones colombianas sobre narcotráfico, etc. Para promocionar su negocio actualiza regularmente una página en Facebook con avances y comentarios de los contenidos recientes y un canal de tutoriales en YouTube.

“El Paquete es la gran programación de la familia cubana y la cantidad de clientes te lo demuestra diariamente. En esto es superimportante la atención, la rapidez y la calidad de información”, añade.

El paquete semanal es una fuente importante de entretenimiento en los poblados cubanos. Ilustración: Wimar Verdecia.

Ilustración: Wimar Verdecia.

El paquete semanal y las estrategias de traslado por el país

Al municipio avileño de Baraguá, el paquete semanal llega generalmente en el tren que sale desde Ciego de Ávila. “A veces también llega en guagua, y si los dos transportes fallan, hay que ir a buscarlo”, cuenta Luis Ángel Batista.

Los discos duros con la información viajan a la tierra de la piña desde La Habana y de ahí se distribuye hasta todos los municipios. El precio por 1 terabyte (TB) de información es de 20 CUP en Baraguá.

“Aquí es más barato —explica Luis Ángel— pero en el municipio cabecera es a 25 CUP por corte”. Según explica, el paquete semanal lo actualizan a diario con los capítulos y shows trasmitidos la noche anterior. Luego se hacen cortes que incluyen las actualizaciones de varios días.

En los municipios es distinto, “se busca por lo general el sábado en la mañana, todo de una vez”.

Luis Ángel explica que de La Habana se envía en cualquier carro que salga para el interior del país: guagua estatal, taxi, transporte de carga…

“Se empaqueta bien [el disco duro] para que no se dañe ni se dé golpes y se manda con los choferes. En estos tiempos algunos hasta limpian el envoltorio con un poquito de cloro y alcohol para desinfectarlo”.

Según cuenta Luis Ángel, es mejor rociarlo con alcohol porque es igual de efectivo y seca al instante. “Ah, debe echarse con un spray y el cable puesto en el puerto, para que no le entre el líquido”.

En Amancio, la difícil transportación aumenta el precio del paquete semanal. Hasta ese municipio al sur de Las Tunas, solía llegar en la guagua de La Habana pero, con la restricción de viajes desde la capital, “ahora la cadena es mucho más extensa, porque hay que buscarlo en Guáimaro”, explica un distribuidor que prefirió el anonimato.

Guáimaro es un municipio ubicado en la carretera central entre Las Tunas y Camagüey. Por allí pasa toda la transportación que se mueve desde y hacia el Oriente de Cuba. Una de las entradas de Amancio es un desvío desde la carretera.

Dos amancieros buscan el paquete semanal y cobran entre 40 y 50 CUP por llevarlos a varios puntos. Luego se distribuye en el pueblo y otras localidades cercanas, incluida la zona costera de Guayabal.

“Si como clientes llevas tu disco y copias el paquete, cuesta 25 CUP. Si quieres que te lo lleven a la casa se cobra el doble”, cuenta el distribuidor. “A quien no quiera el TB de información se le vende suelto el contenido que quiera, 5 CUP por gigabyte”.

Comparado con otras localidades, el precio del paquete semanal completo o algunos de sus contenidos es mucho más alto en ese territorio. “El precio del transporte…”, explica el distribuidor.

Los clientes: el mejor medidor de la acogida del paquete

En su centro de trabajo en el municipio villaclareño de Santo Domingo, Amelia copia el paquete. Allí se lo llevan todos los lunes por 1 CUC. Ella lo revisa en la computadora marca Hanel y copia solo lo que le interesa. En su departamento los compañeros también copian todo lo que pueden. Cada semana se turnan para pagar el CUC. El martes en la mañana, el repartidor irá otra vez en su bicicleta, a recoger el disco duro.

“Yo no tengo computadora en la casa, por eso me lo traen al trabajo”, cuenta Amelia. “Además, allá a Washington —se refiere al otrora central George Washington, hoy 26 de julio— nadie lo lleva.

Amelia sabe que usar los recursos de su trabajo para copiar películas, shows, series y novelas, no está bien, pero allí todos se hacen los de la vista gorda. “Hace años que consumimos el paquete semanal así. No le estamos haciendo daño a nadie, hasta el antivirus de la oficina se mantiene actualizado porque lo cogemos en el paquete”, dice.

Mientras teje cestos de mimbre, Ernesto Morales, de 57 años, se sienta a mirar novelas. Suele ver siete u ocho a la vez. No confunde tramas ni personajes. Desde que comenzó a verlas, hace ocho años, sus favoritas son las mexicanas.

Melisa Oliva emplea su tiempo libre en ver Caso Cerrado, La Voz Kids, Got Talent, series y documentales policiacos. No ve la televisión nacional. Le gusta tener el paquete para consumir las cosas cuando ella quiere. A veces se queda despierta toda la madrugada viendo un capítulo tras otro.

Melisa y Ernesto son clientes del Flaco, allá en San Antonio de Cabezas. Dicen estar conformes con lo que él les lleva cada semana.

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En la noche del domingo llega a casa del Flaco el mensajero que reparte el contenido y las dos computadoras están listas para que comience a grabar, mediante un software que copia todo al mismo tiempo. Tarda ocho horas en llenar los discos duros de los 30 clientes que copian el paquete entero (1 TB). El lunes sale a repartir. El resto de la semana, hasta el sábado, el Flaco lo dedica a copiar contenidos sueltos en memorias flash, de 9:30 a. m. a 6:00 p. m. Copiar ocho gigas en una memoria cuesta 10 CUP.

Al mediodía, su esposa atiende al público que llega mientras él almuerza. Si ella sale, él no se mueve de la computadora. Llegan niños, hombres, mujeres. Algunos salen conformes, otros no tanto. Tres días de luna de miel fueron las últimas vacaciones del Flaco y de su esposa, hace cuatro años.

Durante la cuarentena por la COVID-19, el Flaco no ha tenido problemas para conseguir el paquete. Todos los días, entre las 9:30 a. m. y las 10:30 a. m., el distribuidor llega a su casa en moto. Asegura que el negocio ha prosperado.

—La gente está todo el tiempo en su casa. Eso obliga a buscar entretenimiento para todos, y el paquete es la opción más integral.

En San Antonio de Cabezas, otras cinco personas se dedican a este negocio. Tienen más de 50 clientes cada uno. Al Flaco, sin embargo, ya no le preocupa la competencia. Él roza los 300 clientes fijos y su negocio sigue siendo rentable.

 

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**Este texto forma parte del especial multimedia  “El Paquete Semanal: solución cubana a la desconexión”, que publicaremos próximamente.