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Foto: Sadiel Mederos.

Foto: Sadiel Mederos.

Prohibir agencias de turismo privadas: otro efecto boomerang para la economía cubana

7 / abril / 2021

El 10 de febrero de 2021 el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social emitió un listado de 124 actividades económicas prohibidas para el ejercicio por el sector privado en Cuba. La lista incluyó los turoperadores y las agencias de viaje, lo cual generó un vivo debate entre personas vinculadas a los servicios turísticos en general y en especial los cuentapropistas (TCP), quienes esperaban que las reformas para el sector habilitaran el ejercicio de este trabajo de manera legal. 

Hasta el momento las agencias y turoperadores privados se encontraban en un limbo legal: no existía una prohibición explícita para sus actividades, pero tampoco una licencia que las permitiera.

En Cuba las agencias privadas experimentaron su mayor auge con el llamado «boom del turismo» en 2015. Miles de visitantes internacionales, especialmente estadounidenses, viajaron a la Isla en medio de la apertura que trajo el deshielo con Estados Unidos. Los vuelos comerciales directos entre ambos países se restablecieron, y la frecuencia de eventos culturales y políticos de distinta índole hicieron que los ojos del mundo estuvieran puestos en Cuba.

Con el tiempo, estas agencias diversificaron servicios y mercados, y algunas han alcanzado alto nivel de especialización en marketing y publicidad digital, al punto de ser recomendadas en importantes foros de viajes y de haber ganado liderazgo en la promoción online del destino Cuba. Aunque las cifras de clientes que contratan estos servicios aún es pequeña en comparación con líderes estatales como CubaTur o HavanaTur, los turoperadores «particulares» atraen anualmente a miles de turistas que ingresan divisas al país y consumen los servicios de otros negocios estatales o privados.

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Cadena de utilidad

Cristina tiene 65 años y hace tres que vive en España. Desde que obtuvo la licencia para arrendar su apartamento en La Habana Vieja, puso la administración de este en manos de una agencia privada: «Algunas personas no tenemos tiempo, edad o los conocimientos y recursos tecnológicos para publicitar un alojamiento en Internet, o para gestionar alquileres a través de plataformas como Airbnb. Opté por una agencia que me provee reservaciones de forma habitual, se encarga de atender cualquier necesidad de los huéspedes, y gracias a ellos mi espacio es muy recomendado entre los viajeros», apunta.

Al cierre de 2016 existían en Cuba unos 16 840 hospedajes privados, y se pronosticaba un crecimiento en cientos de ellos para 2017, año del mayor pico de ingresos por concepto de turismo en Cuba en el último quinquenio. Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), durante 2017 el sector no estatal aportó al país casi la cuarta parte de los ingresos asociados al turismo internacional, y el sistema de hospedaje privado recibió 10 972 649 pernoctaciones, cerca de un tercio del total, lo que se traduce en un marcado interés de los visitantes por los alojamientos particulares.

No son cifras despreciables, teniendo en cuenta que la promoción de servicios privados en espacios estatales ha estado reducida a la posibilidad de insertar anuncios en la guía de Páginas Amarillas para el Turista, editada por la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) y la Oficina Nacional de Información Turística (Infotur). También se establecieron algunos convenios entre agencias de viaje estatales y cuentapropistas, aunque estos solo abarcaron un reducido porcentaje del sector no estatal.

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De acuerdo con una investigación de la Facultad de Turismo de la Universidad de La Habana, hasta el cierre de 2016 se firmaron 1 332 contratos con TCP por parte de las Agencias de Viaje estatales; de ellos, 750 de transportación, 389 con casas de alojamiento y 193 con restaurantes. No obstante, estas cifras seguían siendo pequeñas en comparación con las 3 654 casas completas, 13 343 habitaciones y 1 750 paladares que existían en esa fecha. 

Han sido los arrendadores, junto a los gestores de alojamiento, operadores turísticos y agencias de viaje privadas, quienes han asumido, entonces y ahora, la promoción de estos negocios.

«No hay duda de que el sector privado contribuye a fortalecer la economía nacional —comenta Cristina. En el caso de los arrendadores, pagamos un impuesto fijo que varía en dependencia de la zona y la cantidad de habitaciones que rentamos. Además, mientras más reservaciones reciba, más pago al Estado. Las agencias de viaje no estatales gestionan una buena parte de esas pernoctaciones para muchos de nosotros. Deberían no solo permitirse, sino también incentivarse, junto a figuras como los gestores de alojamiento», asegura la cuentapropista.

Por su parte, Sheyla Pupo, guía turística de una agencia particular y administradora de una «experiencia» en Airbnb, asegura que estos negocios benefician a otros trabajadores por cuenta propia: taxistas, artesanos, restaurantes, así como el alquiler de caballos, buceo, parapente, senderismo, clases de baile o talleres de cocina, por solo citar algunos. «A pesar de operar de manera informal, nosotros ayudamos al desarrollo de otros sectores que sí trabajan con licencias y contribuyen con sus impuestos al Estado», comenta.

«Muchas agencias ofrecemos servicios personalizados que van desde encontrar el alojamiento adecuado, hasta sugerir dónde comer y ofrecer paseos en medios de transporte de la preferencia del visitante. Nuestras excursiones son flexibles en cuanto a duración, horarios; algunas están enfocadas en temas específicos de interés para el cliente. Además, aconsejamos a los viajeros antes y durante su estancia en Cuba, para garantizarles una experiencia más grata. Al mismo tiempo, somos promotores informales de los viajes a Cuba, ya que publicitamos este destino desde nuestras plataformas, y hacemos que los visitantes satisfechos recomienden una experiencia similar a amigos y familiares. ¿Cómo gana más el país: al prohibir las agencias privadas o al legalizarlas y cobrarnos un impuesto por nuestro trabajo?», pregunta la joven.

El porqué de la prohibición

El pasado 15 de febrero, menos de una semana después de la publicación de la lista, el ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, publicó en su cuenta de Twitter que «el perfeccionamiento y ampliación del trabajo por cuenta propia, además de la generación de nuevos empleos, dotará a la economía de una mayor vitalidad, diversificación y competitividad. Ese es el camino. Ganamos todos». 

Este comentario coincide con el discurso oficial de los últimos años, en que las autoridades han reconocido la centralidad del sector privado en la generación de empleos y el desarrollo. Sin embargo, prohibir el ejercicio por cuenta propia de agencias de viaje y turoperadores envía una señal contradictoria. Más aún cuando, desde 2015, la industria turística cubana promueve un esquema de negocios que permite a empresas foráneas operar o invertir en este sector dentro de la Isla. 

Las agencias de viaje extranjeras también son partícipes de la iniciativa, de manera que si cumplen determinados requisitos pueden inscribirse legalmente en el Registro de Agencias de Viajes de la Cámara de Comercio de la República de Cuba, lo cual les da la posibilidad de abrir una oficina o representación en el país, o contratar los servicios de agencias receptoras estatales cubanas.

«Resulta contradictorio que a los emprendedores cubanos que vivimos en la isla no se nos permita crear o trabajar en agencias de viaje privadas, mientras que un empresario extranjero cuenta con respaldo legal para abrir una oficina o representación turística en Cuba, acceder a descuentos  mayoristas en las reservaciones de hoteles, por ejemplo, y adquirir otras facilidades», comenta Daniel Vega, mánager de una agencia turística privada que opera fundamentalmente en La Habana y en Varadero.

El economista Oscar Fernández ha afirmado que «la prohibición, por ejemplo, a organizar determinadas actividades turísticas, sólo se explica como una barrera de entrada para proteger las cuotas de mercado de las agencias que hoy operan».

A decir de Marta Elena Feitó, ministra Trabajo y Seguridad Social, la causa principal de que esta actividad se encuentre en la lista de las 124 prohibidas es «que en experiencias anteriores, personas inescrupulosas se aprovecharon de esa labor». 

Al respecto, Alexander González, guía turístico residente en La Habana, comenta: «una gran parte de los guías que operamos hoy de manera informal somos estudiantes o graduados universitarios de Turismo u otras ramas, que encontramos en este trabajo un sostén o complemento económico. La mayoría de los que conozco son personas preparadas, que conocen de historia y cultura y hablan dos o más idiomas. Siempre habrá excepciones, pero las personas inescrupulosas no se encuentran solo en el sector del turismo, no son la mayoría ni deben motivar prohibiciones para el desarrollo de una actividad».

Agencias de viaje privadas en un contexto anunciado

En 2015 Cuba sobrepasó por primera vez los 3 millones de visitantes y una capacidad de 65 600 habitaciones hoteleras. El turismo generó cerca de medio millón de empleos, y su contribución al producto interior bruto (PIB) fue de alrededor de un 10 %, lo cual consolidó el sector como la segunda fuente de ingresos, después de los servicios profesionales en el exterior.

En los tres años siguientes la Isla recibiría más de 4 millones y medio de turistas anuales. Hubo un crecimiento acelerado del sector privado relacionado con el turismo, y el entonces ministro del área, Manuel Marrero, proyectó que para 2030 se duplicaría el número de habitaciones para recibir a los visitantes, tanto en el sector estatal como en el cuentapropista, y aumentaría el número de emprendimientos relativos a esta industria.

Entre 500 mil y 600 mil estadounidenses visitaron Cuba anualmente entre 2015 y 2018. Se posicionaron como el tercer mercado más importante para el país, después de Canadá y la comunidad cubana en el exterior. De acuerdo con un artículo de National Geographic, un estadounidense podía gastar hasta 7 mil dólares en un viaje a Cuba, por lo cual este mercado resultaba de especial interés. En este contexto, la mayor parte de los servicios escogidos por los visitantes se concentraba en el sector privado. 

Lucía Aguilera, empresaria cubanoamericana que dirige una agencia de viajes radicada en Estados Unidos, explica que las categorías más populares o empleadas por los norteamericanos para visitar el país con fines turísticos suelen ser «Support for the Cuban People» (Apoyo al pueblo cubano) y «Education activities, or, People to People travel» (Actividades educativas o intercambio pueblo a pueblo), aunque en la actualidad solo la primera de ellas está habilitada, ya que el Gobierno de Donald Trump prohibió la segunda en 2019.

En 2017 el Gobierno de Estados Unidos dictaminó que las visas amparadas por estas categorías solo pueden obtenerse a través de contratos con operadoras de turismo estadounidenses. Los visitantes, además, tienen prohibido relacionarse con más de 200 empresas cubanas asociadas al Gobierno o las Fuerzas Armadas. El portal de la Embajada de los Estados Unidos en Cuba aclara que los viajes de turismo a Cuba no están autorizados en la legislación actual de los EE. UU. No obstante, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro recoge actualmente licencias generales para 11 categorías de viaje, que incluyen visitas familiares, actividad periodística, investigación y reuniones profesionales, actividades religiosas, actuaciones públicas, intercambio cultural, entre otras. 

«Estas modalidades —explica Aguilera— promueven la interacción con actores de la comunidad y dueños de pequeños negocios, recomiendan la contratación de guías locales y son tramitadas en su mayoría por operadores de turismo estadounidenses que tienen entre sus principales receptores a agencias privadas de turismo en Cuba. La idea es que el ciudadano estadounidense visite la Isla y disfrute de las diferentes actividades y destinos que ofrece, a la par que desarrolle acciones que contribuyan a fortalecer los negocios privados en Cuba».

La emprendedora asegura que «las agencias privadas contribuyen a diversificar la gama de ofertas del turismo cubano, y constituyen una opción tentadora para mercados de varios países que apuestan por este servicio». Aguilera estima que, para el caso del mercado estadounidense, la legalización de estas agencias sería particularmente útil, ya que «si con Biden se retoma el flujo creciente de turismo que había entre 2015 y 2018, no solo se necesitarán los esfuerzos de todos estos operadores sino que, por las limitaciones que tienen los americanos para relacionarse con agencias y negocios estatales, las privadas podrían ser esenciales. En lugar de prohibirlas, el Estado debería dedicarse a capacitar a personas que deseen emprender en la rama; y admitir esta modalidad de trabajo por cuenta propia, a la que pueden cobrar un impuesto en moneda libremente convertible si lo desean, ya que estas agencias tienen la posibilidad de operar con divisas», apunta.

Varios expertos coinciden en que los ingresos que generaría la actividad de las agencias turísticas privadas (si se legalizaran) ayudarían al país a mejorar la infraestructura y la calidad de los servicios que ya ofrece, y a estudiar o rediseñar estrategias de publicidad para las empresas estatales que lideran el sector, que generalmente invierten mucho menos en promoción que lo que destinan otros países del Caribe que compiten por los mismos mercados. El Estado podría enfocarse en fortalecer los modelos de turismo médico, que bien pudiera convertirse en uno de los de mayor interés a partir de la crisis sanitaria actual y de las propuestas de candidatos vacunales en las que trabaja Cuba; así como destinar esfuerzos a perfeccionar la metodología vigente para calcular los ingresos derivados del sector no estatal relativo al turismo.

La clave de los éxitos comerciales no es prohibir, opina Aguilera, sino saber abrir de forma planificada e inteligente. «El sector privado aún tiene mucho que ofrecer en Cuba, y en el área del turismo hay un gran potencial. Un país lleno de prohibiciones es un país lleno de ilegalidades».

 

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Ely Justiniani Pérez
Mucha gente me llama "Justa" en esfuerzo cariñoso por acortar mi apellido. Intento serlo, en mis textos y en la vida. Amo a los animales, viajar y el olor a libro nuevo. Creo que el buen periodismo puede cambiar el mundo.
ely

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lucia

excelente nota , me encanto , junto con todo su blog , muy enganchador para quedarse leyendo
lucia

Isbel Sanchez

A pesar de todas las limitaciones,trabas ,restricciones y miles de cosas mas el sector privado fue muchísimo mejor en todos los sentidos que grandes Monopolios estatales que todos sabemos quienes son ....en proveer mejores excursiones, mas auténticas, mucho mas cerca de la realidad del pueblo que es lo que buscan la mayoria de los turistas que salen del Hotel all inclusive además de mucho mejor salario, saquen ustedes sus propias conclusiones..Le tienen panico a la competencia!!!
Isbel Sanchez

Enrique

Muy bueno el articulo, expresa una situacion real y es que el sector estatal debe ir de la mano con el sector privado, permite el crecimiento de la competencia entre ambos sectores y de igual manera obliga a ambos a perfeccionar las maneras de actuar, cuando no existe esa competencia es dificil mejorar los servicios que se ofrecen, pues muchos piensan que por ser el único proveedor de estos todo esta bien con la actividad que se realiza. Además los conocimientos aportados por los estudiaantes de turismo no siempre son tomados en cuenta en la empresas ya existentes, por lo que el desarrollo del sector privado seria una buena oportunidad para probar los mencionados conocimientos.
Enrique

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