El proceso de incorporación de los negocios privados a la vida nacional ha tenido periodos de desarrollo y contracción, bajo legislaciones limitantes y frenos administrativos. Ahora, a partir de discursos oficiales recientes, se vislumbra un escenario más conciliador y estimulante. En este contexto de posible apertura, es importante analizar algunos de los impactos que ha tenido el trabajo por cuenta propia (TCP) en el avance de la sociedad cubana de los últimos años, especialmente en cuanto a empleos y salarios.

En la última década, cerca de medio millón de cubanas y cubanos han iniciado sus propios negocios o han encontrado trabajo en negocios ajenos. Aunque con una alta dosis de empirismo, ha sido interesante la velocidad con que quienes forman parte del sector han asimilado conceptos de la gestión empresarial. Existen experiencias que muestran un adecuado concepto de negocio, imagen corporativa, ingresos importantes, posicionamiento y estrategias que apuntan a la responsabilidad social empresarial, entre otros elementos de mérito.

En poco tiempo el trabajo por cuenta propia ha ocupado un rol significativo en la matriz laboral del país; es de los sectores que paga los salarios más elevados y aporta considerables sumas por concepto de impuestos. Estos resultados tangibles acercan los negocios privados cubanos a una gestión empresarial con perspectivas futuras en la nación.

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Crecimiento del empleo en el sector por cuenta propia, sin izar velas

En enero de 2011, Cuba inició un plan de reordenamiento laboral para la reducción del sobrempleo en el sector estatal o racionalización (término oficial con el que se le denominó). Como resultado, debían incorporarse al sector no estatal 1.8 millones de trabajadores en un plazo de 5 años. El proceso fue un motor para el desarrollo de las formas de gestión no estatal (entre ellas el TCP), que debían solventar el sobreempleo existente en el ámbito presupuestado y empresarial. En menos de una década, bajo un limitado grupo de licencias, de un valor cercano a 150 mil pasaron a existir más de 600.000 personas vinculadas al trabajo por cuenta propia, número cuatro veces superior.

Aunque el aumento de esta cifra fue notable en los primeros años, luego su crecimiento pareció dejar de ser importante para el Estado. Hasta la fecha, la falta de mecanismos y regulaciones apropiadas (cierre de licencias, congelamiento temporal de nuevas actividades, paralización de la aprobación de cooperativas no agropecuarias, impuestos progresivos por la contratación de fuerza de trabajo, ausencia de mercado mayorista y trato peyorativo al sector por fuentes oficiales) frenaron el impulso inicial de las formas de gestión no estatal.

Hoy se habla con fuerza de la supresión de la lista —el estricto y limitado glosario de actividades que es permitido realizar desde el TCP—, con lo que es de suponer que se reactive la generación de empleo en el sector, al liberar su participación en la economía. Bajo un amparo legal adecuado y los mecanismos de acceso a infraestructuras, créditos y materias primas, aparecerán seguramente nuevos puestos de trabajo, como ha sucedido en los últimos años. La posibilidad está dada porque aún quedan por satisfacer muchas necesidades de la población; a lo que se suma que una mayor competencia puede contribuir a perfeccionar la deprimida calidad de los productos y servicios. Es el escenario propicio para el desarrollo de nuevas empresas y mejores garantías para que puedan llegar a buen puerto.

Los salarios en el sector de trabajo por cuenta propia. El nudo de la fuerza laboral

Emplearse en el sector no estatal o crear un negocio también ha traído consigo mejoras salariales significativas para las personas que forman parte y lo incluyen en su proyecto de vida. Aunque quedan cuestiones por resolver a nivel de regulaciones —una mayor cobertura de la seguridad y protección social, garantías para y desde quien emplea, criterios para la selección del personal, etc.—, el valor salarial percibido es acorde, en la mayoría de los casos, con el costo de la vida en Cuba, el cual por amplio margen supera hoy los 2.000 CUP (80 USD). A este valor hizo referencia Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo en 2016, único momento en que una autoridad del país se ha referido a la cuestión.

Los salarios del sector presupuestado, aun con el aumento de junio de 2019, tienen como valor medio 1.067 CUP (43 USD) y, como mínimo, 400 CUP (16 USD). En los negocios privados, las personas ganan, como promedio, tres veces el valor medio salarial, fijado para el país al cierre de 2019 en 879 CUP (35 USD). Esto ocurre aun cuando la obligación para quienes emplean es garantizar un monto salarial no inferior al salario medio de cada provincia del país.

SALARIO MEDIO EN CIFRAS. PROVINCIAS DE CUBA

Provincias Salario Medio (CUP)
Pinar del Río 820
Artemisa 989
La Habana 929
Mayabeque 819
Matanzas 975
Villa Clara 944
Cienfuegos 846
Sancti Spíritus 846
Ciego de Ávila 975
Camagüey 845
Las Tunas 802
Holguín 875
Granma 776
Santiago de Cuba 757
Guantánamo 778
Isla de la Juventud 767

Fuente ONEI (Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba), julio 2020.

Una encuesta que realicé a un grupo de 50 emprendedores en 2019 arrojó que el 41.5 % de quienes trabajan como cuentapropistas perciben un salario mensual superior a los 4.800 CUP (200 USD); el 46.3 % inferior a esa cifra, pero superior a 2.400 CUP (100 USD) y solo el 12.2 % entre este número y 879 CUP (salario medio en el país para la fecha de la encuesta). El resultado demuestra una marcada diferencia entre los salarios en el sector estatal y el privado, en específico en el sector por cuenta propia, aun con el aumento salarial al sector presupuestado. Esta diferencia ubica el salario en ese sector mucho más cerca del costo real de la vida en Cuba.

Aunque los salarios son más estimulantes para un elevado número de personas, las garantías laborales no parecen ofrecer niveles de seguridad adecuados. La alta demanda de quienes buscan emplearse en el sector, por los ingresos que ofrece, pone a propietarios y propietarias en una situación favorable a la hora de establecer los términos laborales de su negocio.

En este sentido, las diferencias que el Estado ha establecido en cuanto a la seguridad social entre quienes trabajan en el sector por cuenta propia y quienes tienen vinculación laboral con el resto de los sectores de la economía, manifiesta una situación de mayor vulnerabilidad ante la paralización de su actividad, despidos o problemas de salud. A eso se suma, que en el sector por cuenta propia no hay gremios o sindicatos que permitan defender criterios y promover mejores condiciones de trabajo (entre propietarios y trabajadores). Aun así, los salarios e ingreso que ofrece el sector terminan por ofrecer garantías suficientes como para convertirse en una atractiva opción de inversión o empleo para quienes buscan mejorar su calidad de vida.

Los niveles salariales percibidos por el importante grupo que integra el sector privado han incidido en que muchas personas eleven sus patrones de consumo y que necesidades antes desestimadas terminen por estimular el desarrollo de nuevos productos y servicios, muchos de los cuales han terminado surgiendo desde el trabajo por cuenta propia, con el consiguiente aumento del empleo y un número mayor de trabajadores con mejores ingresos. Una empresa o emprendimiento puede traer consigo el origen de varias nuevas oportunidades (encadenamiento productivo, mayor demanda, exigencias de calidad) que, bajo un marco regulatorio apropiado, estimula el surgimiento de nuevos negocios y, por consiguiente, nuevos empleos, mejores salarios y mayor bienestar.

Los anunciados nuevos cambios. Un viento necesario

El avance, aunque limitado, del sector privado se ha logrado bajo importantes retos: ausencia de mercado mayorista y financiamiento; desabastecimiento; pocos espacios de capacitación. Aun en esas condiciones, un pequeño grupo de actividades cuadriplicó su oferta laboral en 10 años, llevó los salarios a cifras más acordes al costo de la vida y desató la creatividad y la innovación. Ahora que los paradigmas podrían moverse hacia la conciliación, estos procesos pueden reactivarse mucho más, para lograr incluso mejorar sus resultados, aportes a la economía nacional y el bienestar de la población.

La profundización de la crisis económica cubana a partir de la COVID-19 y la innegable resiliencia y capacidad creativa dentro del emprendimiento cubano han llevado al Gobierno —en medio del peor de los escenarios socioeconómicos en casi tres décadas— a plantearse la ampliación del margen de participación del sector privado en la economía nacional.

Seguramente quedan más variables por despejar y el Estado no ha establecido fechas para la implementación de las medidas anunciadas, pero lo cierto es que habrá más oportunidades para quien busca empleo en el sector privado y más competencia dentro del mercado laboral que beneficiaría tanto a empleados como a empleadores. Al parecer falta tiempo para que aparezcan las leyes que reflejen las intenciones que se anuncian y un poco más para su implementación y resultados, pero los últimos 10 años de desarrollo del trabajo por cuenta propia dejan buenos indicadores, los cuales apuntan a que tenemos viento a favor si ahora las autoridades deciden soltar las amarras.

 

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