Un día corriente en la vida de Yanet Rodríguez González no anda lejos del de cualquier artista. Se levanta, ordena su cuarto en altos, independiente del resto de la casa, ayuda a su mamá a ordenar las cosas hasta la media mañana, cuando comienza los ensayos de baile y el montaje de nuevas coreografías.

Aunque se siente artista, Yanet tiene una aspiración incumplida: quiere ser profesional. No parece que tenga la suerte a su favor: nunca realizó estudios especializados y además es síndrome de Down.

Yanet tiene a Robertico, su pareja de baile, con quien sostiene el Dúo Esperanza. Ahora además piensa incursionar en la moda.

“Hago mi vida como una mujer normal, no me siento Down, soy más que bailarina, soy casi profesional… a otros niños especiales sí hay que ayudarlos mucho para que se superen y se sientan realizados”, me dice la muchacha, con palabras a veces no tan claras o coherentes, pero sinceras.

Verla bailar da gusto, ya muchos quisieran mover la cintura como ella. Lo mismo baila un son, un merengue que una exótica danza del vientre. Gardenia, la madre, quien además ha sido el soporte de los sueños de esta joven, es quien cuenta algunos detalles que Yanet no alcanza a comprender.

Yanet Rodríguez González. Foto: George Galván.

“Ella estudiaba en un escuela especial, y como desde pequeñita tenía muy buen oído para la música y aptitudes para la danza, me acerqué a los profesores, pero no le dieron mucha importancia, no les interesó desarrollar su potencial. Yo entonces decidí ayudarla a montar La Bailarina Española con unas castañuelas que le conseguí y empecé a llevarla a actividades de mi trabajo. Ahora se ve que los instructores de arte en esas escuelas hacen algunas cosas con los niños, pero en la época de mi hija no, realmente no tuvimos suerte”.

Gardenia además se duele de haber tenido que tomar decisiones difíciles, como la de sacar a Yanet de la escuela cuando llegó a la adolescencia, porque temía por el insuficiente cuidado que allí había hacia la conducta sexual de los varones. Yanet se le quejaba, y ella actuó.

Para su suerte, existe un recurso legal que favorece a las madres cuidadoras, y tras acogerse al beneficio se ha dedicado por entero a impulsar la carrera y el futuro de su hija.

Yanet Rodríguez González. Foto: George Galván.

La bailarina Yanet considera su desempeño artístico como un trabajo, aunque no reciba ninguna remuneración por ello. Como no posee un aval profesional, nunca podrá cobrar por sus presentaciones, como hacen otros artistas, e incluso, aun vinculados a una casa de cultura, a ella y a su compañero les ha sido negada la posibilidad de competir en un evento provincial de la danza para aficionados que acontece cada año en Camagüey. La razón, dicha u ocultada, es su discapacidad.

A pesar de todo, no pierde ocasión para presentarse en la propia casa de cultura, en los proyectos comunitarios donde ha participado, el Centro de Equinoterapia, donde nació el Dúo Esperanza, y más recientemente los intercambios que organiza la ONG suiza con sede en Camagüey, Camaquito. Ahora, además, fue convocada junto a Robertico para modelar piezas creadas por grupo de artesanos artistas de la ciudad.

“Todo lo que quiero es la seguridad de que el Dúo Esperanza vaya adelante, y que podamos ir a Suiza con Camaquito, esa es ahora mi meta. Yo también quiero la moda, porque me encantan los encajes, las mallas, el satín, la ropa clásica…”, dice Yanet con la certeza de quien siente le quedan muchas cosas por alcanzar.

Foto: George Galván.