Miguel Sandelis dice que dejará “de ser joven el día que no pueda ponerles retos a los demás” y está seguro que “ese momento tardará”. En Malnombre, el grupo de excursionismo que creó junto a amigos hace 28 años, el lema es: “Para qué hacerlo fácil si puedes hacerlo difícil”. Por eso han conquistado 12 de las 15 elevaciones más importantes de Cuba, han subido ocho veces el Pico Turquino (el de mayor altitud en la Isla) y navegado en siete ocasiones y con balsas el río Toa (el más caudaloso). 

“Hemos hecho más de 200 guerrillas y no solo nos unimos en el monte, también nos vemos y nos divertimos en La Habana”, me cuenta este ingeniero mecánico y deportista empedernido que con sus anécdotas cautiva cada día a más jóvenes, tan “locos” como él. Juntos se lanzan a atravesar las malezas durante dos semanas cada verano en busca de una cima, que también es el logro de un sueño colectivo.

“Hemos demostrado que existen maneras muy económicas de conocer Cuba, con algo de dinero y mucha energía, puede llegarse lejos”, me asegura desde la experiencia.

Foto: Cortesía del entrevistado

Dos años atrás, Sandelis comenzó a recorrer universidades de la capital para crear el Movimiento Cubano de Excursionismo, que hoy integran más de 15 grupos de estudiantes y trabajadores. Él también se ha preguntado por qué en una época tan “tecnológica”, existen quienes todavía encuentran atractivos en una diversión de bajo costo. La respuesta es sencilla: “uno mismo se diseña el itinerario de viaje, decide qué comida lleva y cómo se traslada, no eres consumidor de una oferta que fabricó otro, sino creador de tu propio esparcimiento”.

Estas iniciativas han prosperado al margen de la institucionalidad, pues hasta el momento no ha encontrado vías para hacer oficial un colectivo cuyos miembros recorren la Isla con sus mochilas en la espalda. Si bien en varias ocasiones han recibido apoyo de instituciones estatales u organizaciones políticas para determinados permisos o asuntos logísticos, la falta de legalidad les ha traído varios contratiempos: “haber estado en nueve estaciones de policía en lugares intrincados de la geografía cubana, mientras averiguan y explicamos quiénes somos y qué hacemos allí, pudiera ser un ejemplo”.

Pero esas anécdotas son insignificantes cuando Sandelis narra que con solo 23 años, un cáncer de cadera y los consiguientes sueros citostáticos no le impidieron desandar el Toa, o cuando tiempo después el síndrome de Guillain-Barré se encarnó en él y lo obligó a pensar en una excursión en el llano mientras reponía sus fuerzas. “Pertenecer a Malnombre fue un aliciente en esa época”, dice mientras recuerda cuánto le insistieron en su familia para que abortara los planes.

Acampada. Foto: Cortesía del entrevistado

En estos años ha comprobado que una amistad de cinco días en medio de las montañas de la Sierra Maestra puede ser más sólida que una relación de años en la ciudad: “La solidaridad y la camaradería que se viven allí no tienen comparación, es una forma de ganar amigos de verdad”.

Además, me indica, “nosotros tenemos una ventaja: vivimos en el Trópico, la zona más bella que existe, con una vegetación exuberante, playas de bellos colores y ríos transparentes. Eso solo se sabe cuando te adentras en la Cuba que los cubanos conocen poco”.

Las guerrillas que ha organizado le han enseñado “que como líder hay que dar el ejemplo, que no puedes quejarte aunque estés muerto de cansancio porque eso debilita el ánimo del grupo, y que la repartición en el “tiroteo”, la hora de la comida, tiene que ser equitativa, si no…”.

En la Sierra Maestra. Foto: Cortesía del entrevistado

Tras las memorias de aquella vez en que finalmente llegaron a la cumbre del Pico Cristal (Holguín) y un rayo los espantó loma abajo, o se perdieron en el Pico El Gato (Villa Clara), me comenta que el excursionismo ha sido también una forma de descubrir la historia de nuestro país, de conocer a los campesinos y ver lo felices que son en su ambiente natural.

Será por todo esto que para Sandelis el andar y desandar es una elección de vida más que un hobby. “Toparse con nuevos retos y buscar más lugarcitos bellos que visitar” lo mantendrán lozano en el intento por articular un verdadero movimiento, con representantes de todas las provincias. Ya sueña con un evento nacional donde puedan compartir vivencias y sensibilizar a más gente con la idea de sentir la Cuba que palpita en los caminos olvidados y a veces inexistentes que abundan más allá de los citadinos ojos.