Sheyla Ortega tiene un hijo de 22 meses al que no le pone nasobuco —como se le llama a la mascarilla en Cuba— cuando salen de casa. Sin embargo, en el círculo infantil (CI) Barquito de Papel en Santa Clara, donde está matriculado, le exigen usarlo.

“Algunas personas me dicen que los menores de dos años no deben usar nasobuco por riesgo de asfixia, pero en el CI es obligatorio que lleven cinco diariamente”, explica. “Yo lo llevo todos los días con seis o siete nasobucos porque el niño los muerde y cuando lo recojo en las tardes los trae todos sucios”, cuenta Sheyla.

En una comparecencia en la televisión nacional, la ministra de Educación Ena Elsa Velázquez reconoció que entre las principales inquietudes de la familia con respecto al inicio del uso escolar se encontraba el uso del nasobuco en los CI. Según explicó, algunos padres manifestaron preocupación por el uso incorrecto de la mascarilla o los riesgos en los menores más pequeños.

La funcionaria remarcó que el uso del nasobuco es de carácter obligatorio en todos los centros de enseñanzas —incluidos los círculos infantiles— y pidió a la familia confiar en la preparación del personal docente para garantizar las medidas de seguridad.

Días más tarde, un reportaje de Juventud Rebelde reconocía las dificultades que enfrentan las seños de los CI, quienes hacen “un esfuerzo colosal, porque se trata de un cambio, de un elemento nuevo y en algunos casos de sobrepasar un obstáculo que puede atentar contra objetivos educativos”.

Odalis Urquía, jefa del Departamento de Educación de la Primera Infancia en Bayamo, reconoce que en niñas y niños menores de tres años —quienes están aprendiendo a expresarse— “uno de los propósitos fundamentales de la enseñanza es el análisis fónico, pero si los pequeños tienen la boca y la nariz cubiertas, resulta demasiado difícil tal meta porque la pronunciación cambia”.

En aras de evitar los contagios del SARS-CoV-2, el doctor Francisco Durán, director de Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, recomendaba aplicar a los pequeños las mismas medidas de protección que los adultos. “El especialista reconoció que a veces resulta complicado conseguir que un menor de dos años se mantenga con la mascarilla puesta, y en esos casos toca a los padres hacer un esfuerzo para sostenerles la protección”, indica el artículo.

Sin embargo, la comunidad médica cubana no parece ponerse de acuerdo en cuanto al riesgo del uso del nasobuco en menores de dos años.

Aunque especialistas reconocen que los niños pueden ser portadores asintomáticos de la COVID-19 y, por tanto, aumentan el riesgo de trasmisión, Ivis Simón Rodríguez, vicedirectora de Asistencia Médica del Hospital Pediátrico de Matanzas, explicó a la radio local que para el menor de dos años usar el nasobuco constituye un riesgo de asfixia y otras complicaciones.

Un comentario publicado en la Televisión Avileña desaconseja también el uso de la mascarilla en los niños menores de dos años.

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Según la organización KidsHealth, los bebés y niños pequeños no deben usar mascarillas debido a que tienen vías aéreas más pequeñas y, en consecuencia, les resulta más difícil respirar si las llevan puestas. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos también alertan sobre el peligro de asfixia que pudieran provocar.

El pediatra chileno Ricardo Pinto explica que “los niños pequeños, como tienen nariz, tráquea y laringe muy pequeñas, hacen mayor esfuerzo para respirar y, si le tapan las vías, se ahogan y aumenta en ellos la frecuencia cardíaca y pueden tener taquicardias. Lo pueden pasar tan mal, que el mismo ahogo les puede causar náuseas y vómitos. Como está con mascarilla, los adultos podrían no darse cuenta de esta situación y el menor termina, además, tragándose ese vomito”.

La Asociación Pediátrica de Japón, además de publicar sus preocupaciones sobre el tema de la asfixia, resaltó que la mascarilla no permite observar el cambio en las expresiones de los niños, por lo que los padres podrían no percatarse si algo les sucede.

También la Sociedad Argentina de Pediatría advirtió sobre el uso de esta prenda en menores de dos años: “Poner máscaras faciales en bebés y niños pequeños para protegerlos contra el coronavirus podría resultar mortal”. Además del peligro de reinhalar el dióxido de carbono espirado, la asociación apuntaba que existe el riesgo de que el bebé intente quitarse una máscara o se produzcan enganches en sitios salientes y que la mascarilla y sus cintas se enreden, lo cual puede causar lesiones por atrapamiento o ahorcamiento. “Cualquier niño que tenga problemas para respirar, esté inconsciente o no pueda quitarse la máscara por sí mismo, no debe usar una máscara facial”, refiere el comunicado de la organización argentina.

A todo esto se suma que algunas mascarillas de fabricación casera pueden estar compuestas por partes con las que un bebé corre el riesgo de atragantarse, como cuerdas o elásticos. En caso de que intentasen quitársela, se tocarían la cara, lo cual aumenta su probabilidad de contagiarse con la COVID-19 y contagiar a otros.

¿Cómo protegerlos entonces? KidsHealth recomienda cuidar a los más pequeños al evitar las multitudes y mantener la distancia recomendada cuando estén fuera de la casa. Esto, junto a las medidas generales del uso de mascarilla para los adultos que estén cerca y el frecuente lavado de manos antes de tocar al bebé, amamantarlo o prepararle los alimentos. Es importante también limpiar las superficies y objetos que son tocados frecuentemente, así como el coche o la silla del pequeño al llegar al hogar.

Los especialistas de los CDC sugieren dejar a los pequeños en casa cuando se sale de compras y en caso de que no sea posible hacerlo, colocar en su silla o coche una manta que cubra el entorno. También debe incluirse en el lavado de la ropa sucia los juguetes de peluche lavables, según corresponda y de acuerdo con las instrucciones del fabricante.

También resaltan que, a pesar de la complejidad del contexto, no debe dejarse a un lado la atención médica periódica necesaria en estas edades ni las vacunaciones correspondientes.

Foto: Para los estudiantes de primaria en Cuba y para los niños que asisten a círculos infantiles es obligatorio el uso de nasobuco. Foto: Sadiel Mederos/elTOQUE.

Foto: Para los estudiantes de primaria en Cuba y para los niños que asisten a círculos infantiles es obligatorio el uso de nasobuco. Foto: Sadiel Mederos/elTOQUE.

¿Qué dice la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el uso de mascarillas en los más pequeños?

La OMS y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) recomendaron que el uso de mascarilla no debe ser obligatorio para menores de cinco años, “en aras de la seguridad y el interés general del niño y dada su incapacidad de utilizar adecuadamente una mascarilla con una asistencia mínima”.

“Puede que, localmente, se imponga a los niños menores de cinco años la obligación de utilizar mascarillas o que, en algunos entornos, sea necesario que se las pongan por razones específicas, como la proximidad física a una persona enferma” —aclara una nota divulgada en el sitio oficial de la OMS—. “En estas circunstancias, si el niño lleva puesta una mascarilla, uno de los progenitores o tutores debe tenerlo siempre a la vista para vigilar que se utilice de forma segura”, aconseja el organismo.

Con respecto a menores de entre seis y once años, la OMS y la UNICEF refieren que debe usarse la mascarilla si hay transmisión generalizada en el área donde residen o si este tiene interacciones específicas con otras personas que corren riesgo de sufrir un agravamiento de la enfermedad, como los adultos mayores y aquellos con afecciones de salud subyacentes. También debe considerarse la capacidad del menor para utilizar la mascarilla de forma segura y adecuada, así como su lavado y cambio en determinados lugares como las escuelas.

En los espacios escolares aconsejan la supervisión de un adulto y no obviar las instrucciones para el niño sobre cómo ponerse, quitarse y llevar puesta la mascarilla de forma segura. Asimismo, es importante observar las posibles repercusiones que podría tener llevar puesta una mascarilla sobre el aprendizaje y el desarrollo psicosocial, en consulta con el personal docente, los padres o cuidadores y los proveedores de servicios médicos.

Para los niños de 12 años en adelante, ambas organizaciones recomiendan que utilicen mascarilla en los mismos supuestos que los adultos, en particular cuando no se pueda garantizar una distancia mínima de un metro de los demás y haya una transmisión generalizada en la zona.

“Los niños que, en general, gozan de buena salud pueden ponerse mascarillas higiénicas o de tela. Así se consigue controlar el origen, es decir, se evita transmitir el virus a otras personas si el niño está infectado y no es consciente de que lo está. Se debe enseñar a los niños a utilizar la mascarilla correctamente y, entre otras cosas, a no tocar la parte delantera de la mascarilla, a no tirar de ella hacia la barbilla ni a metérsela en la boca. Deben guardar la mascarilla en una bolsita o un sobre y no compartirla con nadie”, refiere el comunicado conjunto de estos organismos de las Naciones Unidas.

Sin embargo, cuando los menores estén practicando deportes o actividades físicas, como correr, saltar o jugar en el patio de recreo, ambas organizaciones desaconsejan el uso de mascarilla para que no les afecte la respiración. En los casos en los cuales se organicen este tipo de actividades, es sumamente importante mantener la distancia de 1,5 metros entre uno y otro, limitar el número de niños que juegan juntos, así como facilitar el acceso a instalaciones para la higiene de las manos e instar a los pequeños a lavárselas con frecuencia.

Otras especificidades resultan de los niños con discapacidades del desarrollo, un grupo poblacional que muchas veces queda invisibilizado: “El uso de mascarillas en niños de cualquier edad con trastornos del desarrollo, discapacidad u otras condiciones de salud específicas, no debe ser obligatorio y deben evaluarlo, caso por caso, los progenitores o tutores, los educadores o los proveedores de servicios médicos del niño. En todo caso, el uso de mascarillas no debe ser obligatorio para los niños con graves deficiencias cognitivas o respiratorias que tengan dificultades para tolerar una mascarilla”, afirma la nota publicada por la OMS.

 

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