“¡Ay mi madre!”, dice cuando le pongo la grabadora enfrente y se frota las manos nervioso.

“Bueno, mi nombre es Yosvany Cristian López Mojena y soy el muchachito del laúd”, se presenta, como si estuviera en un programa de radio y alguien fuera a escuchar luego esto que me cuenta.

El primer bozo asoma en su rostro de niño. Tiene 14 años y un estuche de tela verde donde guarda su instrumento, y dos viejos fieles que no se pierden por nada del mundo un guateque de su nieto.

“Cuando yo era chiquito me sentaba con mis abuelos a ver el programa Palmas y Cañas, así era todos los domingos, hasta que me fue gustando el laúd”, relata.

-Yo quiero aprender, les dije, pero al principio ellos me lo tiraron a juego.

-Que no es invento mima, pipo, a mí me encanta la música.

Entonces Marisol, la abuela, buscó al vecino Narciso Colombé y este consintió venderle el laúd que había relegado a un rincón de su casa. Al viejo le dolió deshacerse de aquel amigo que tantas tristezas le había sacado de adentro.

La tradición musical campesina cubana se mantiene entre los jóvenes. Foto: Susana Rodríguez.

La afición por la múscia tradiconal campesina sigue viva entre los jóvenes del campo cubano. Foto: Susana Rodríguez.“El propio Narciso me mostró los primeros acordes pero no tenía mucha pedagogía”, cuenta Yosvany. “Entonces conocí a Arístides Blanco, artista aficionado que le sabía mucho a la técnica y empezamos a vernos a menudo. Mi maestro falleció de una enfermedad pulmonar y me quedé a la deriva”.

El “punto guajiro” y otras tonadas campesinas, son géneros de origen español que lograron notable ascendencia en los campos cubanos. Regiones como Sancti Spíritus, al centro del país, y Pinar del Río, al occidente (donde más se asentaron colonos ibéricos de Andalucía e Islas Canarias) tienen en estos géneros su propia evolución.

Sin embargo, y aunque Yosvany buscó continuar su formación como laudista en la escuela vocacional de arte de Pinar del Río, chocó de bruces con la realidad de que no existe allí una cátedra para la enseñanza profesional del laúd.

Hay en la provincia escasos ejecutantes de este instrumento, imprescindible en la música cubana tradicional y contemporánea.

Las autoridades culturales cubanas presentaron el expediente de candidatura del Punto guajiro, para su inscripción en la Lista de Patrimonio Inmaterial de la Unesco. Ya es “patrimonio cultural” de la nación. Pero necesita profesores, para que las inclinaciones naturales de Yosvany no se pierdan.

Yosvany, durante una de sus presentaciones. Foto: Susana Rodríguez.

“Un día me hablaron de Juanito Rodríguez, el laudista del conjunto Cuyaguateje y fui donde él. Le estoy muy agradecido por todos los puntos que me ha enseñado. Me repasa los sábados en su casa de Trujillo, San Juan y Martínez y nunca ha querido cobrarme un centavo. Ya estoy sacando cosas por mí mismo y hasta compongo mis versos”

-A ver Yosvany, canta algo para mí, lo animo.

“Eres rosa purpurina/dentro de mis clavellinas/eres la mujer divina/ que reina en este país/eres rosa para mí/para otros no puedes ser/y espero de ti mujer/dos letras que digan sí”.

-¿Eso se lo cantas a tus enamoradas, eh?

“A las muchachas de la escuela”, sonríe con picardía. “Ellas se burlan, dicen que mis cantos son de viejo.”

Los jóvenes de su edad prefieren la música urbana, el reggaetón, las letras agresivas de los raperos con su profunda carga social.  A otros le fascina el rock o mover las caderas al ritmo de la salsa cubana.

“Pero lo mío es el punto guajiro y no lo dejo por nada”, insiste Yosvany.

Su rutina es intensa. Por las mañanas entrena atletismo en la Escuela de Iniciación Deportiva EIDE, recibe docencia en las tardes y por las noches se aplica al ejercicio de su laúd.

“Estoy aprendiendo a leer partituras. A veces, abuelo Félix, que es medio poeta se pone a cantar décimas para que yo le haga el acompañamiento y esos son los momentos más felices. ¿Sabe cuál es el sueño mío?

-No, cuéntame.

-Algún día voy a tocar en Palmas y Cañas.