Noticias incompletas y fragmentadas de asesinatos en diferentes lugares del país se han esparcido por las redes sociales en los últimos meses. La prensa oficial en pocas ocasiones ha prestado atención a dichos asuntos. El mayor acceso de los cubanos a Internet y el comportamiento ante hechos así, invita a reflexionar sobre el papel de la información contrastada y verificable. ¿No tenemos derecho a declaraciones de fuentes confiables que detengan los rumores?

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Raffaele Testagrossa no debe descansar en paz aún. La historia de su asesinato ha sido divida en pequeñas piezas, como los pedazos de cristal que usaba para decorar sus obras de arte. Muchas especulaciones rodean su muerte. Son el fruto del imaginario popular, inflamado por el regusto enfermizo hacia el morbo y, además, la falta de información fidedigna.

En un inicio circuló en las redes sociales la historia de que sus asesinos lo habían descuartizado, metido en una maleta y arrojado al campo. Luego, otros rumores desmintieron el cuento del desmembramiento. ¿Qué creer? En principio, solo que Testagrossa ya no está entre los vivos y que alguien —uno o varios— lo “condujeron” de la vida a la muerte de manera violenta.

Fue degollado, se afirma extraoficialmente. El primo de un criminalista, la mujer de un policía, la hermana de una vecina de Testagrossa en Las Tunas, todos cuentan una historia diferente acerca del artista italiano-cubano que fue hallado muerto en marzo pasado. Mientras, los medios oficiales de la provincia hacen mutis.

Las fotos de los supuestos asesinos circulan en Internet. Son tres rostros: una mujer, dos hombres, todos jóvenes. “La muchacha se acostaba con el viejo”, “uno de los muchachos hasta usaba la motorina del italiano”, “ese de ojos expresivos, como de loco, se ahorcó en la cárcel”… Así, incontenibles, continúan los rumores entre la gente.

El asesinato de Testagrossa (Sicilia 1945 – Las Tunas 2019) ha sido la noticia más sonada en las últimas semanas en Las Tunas. Es el hecho más comentado, aunque la gente lo sepa todo de oídas, a retazos. Son rumores fragmentarios que las personas comparten sin reparar en su veracidad.

¿Cómo llegaron las fotos de los supuestos asesinos a las redes sociales? No se sabe. Alguien las compartió y de inmediato se viralizaron. Nadie preguntó por la fuente, pero tampoco ninguna autoridad negó el dato. Parecen fotos de carnet. Solo el MININT —o alguna autoridad competente— puede tener acceso a material así. No es la primera vez que detalles de casos en curso se filtran. Ya no hay casi nada oculto entre la Tierra e Internet.

Dicen que ella, la muchacha, ayudó a reconstruir los hechos. Dicen que la motorina robada al artista estaba aún en la casa de uno de los asesinos. Dicen muchas cosas, pero nadie sabe qué es realmente cierto. Dicen, dicen, dicen…

Periodistas de Las Tunas aseguran —off the record— que los medios locales no han dicho una palabra del caso. Ni siquiera ante la insistencia de la gente —en la calle o en las redes— han confirmado o desmentido el montón de comentarios. Ni siquiera por respeto al cubano-italiano que tantas veces, en vida, fue noticia en los medios tuneros.

Raffaele Testagrossa ornamentó con vidrios de diferentes texturas y matices toda la carrocería de su carro. Foto: Tomada de Juventud Rebelde.

Raffaele Testagrossa ornamentó con vidrios de diferentes texturas y matices toda la carrocería de su carro. Foto: Tomada de Juventud Rebelde.

Asesinatos en varias provincias del país

Mientras, en Sancti Spíritus “suena” otro asesinato. El de un cubano-americano que volvió a la Isla a conocer a su hija recién nacida y ha muerto por un supuesto ajuste de cuentas.

En las redes se comparte su foto y la gente se pregunta al respecto. En el periódico Escambray, no obstante, aparece un artículo sobre el esclarecimiento de un asesinato en el patinódromo, “otro bien sonado en la ciudad”, explica un vecino del Reparto Olivos II.

El forista Eliades Hidalgo Torres agradece a la prensa espirituana por actuar con rapidez y dar las primeras informaciones del caso, para acallar las especulaciones.

No es la primera vez que el Escambray habla de asesinatos. A finales de agosto de 2018 ese medio publicó la entrevista a una madre cuya hija resultó asesinada tras un intento de violación.

En los comentarios, alguien afirmó que estos hechos de violencia suceden en todo el país, pero “como no se dan a conocer, cuando se hallan en la prensa la gente se sorprende”.

Hace muy poco, apenas unos días, las redes ayudaron a amplificar la foto de Leydi Laura, una estudiante villaclareña de Medicina que estuvo desaparecida dos días antes de ser hallada muerta, a un costado de la autopista nacional.

En Facebook y en las calles de Villa Clara se habla de “ajuste de cuentas”, de negocios del padre de la joven que salieron mal y de una supuesta venganza de la contraparte afectada, del estado del cadáver…

Horas después de ser encontrado el cuerpo sin vida de Leydi Laura, la prensa apura una nota, con el sello indiscutible de una redacción al estilo MININT. No dice nada, o casi nada, pero intenta acallar los rumores, apagar los chismes. Promete, eso sí, notificar el resultado final de las investigaciones. Es algo.

En el caso específico de agresiones a mujeres en 2018, un texto de OnCubaNews enlista varios nombres: Misleydis González García (Ciego de Ávila, 2018); Daylín Najarro Causse y Tomasa Causse Fabat (Cienfuegos, 2018); Delia Hecheverría Blanc (Santiago de Cuba, 2017, cuya hija también fue agredida y hospitalizada); una mujer 18 años en el municipio de Florida (Camagüey, 2017); otra en San Miguel del Padrón (La Habana, 2018); y aún otra en Regla (La Habana, 2018). Sólo en Cárdenas (municipio de Matanzas), en 2018 fueron asesinadas cuatro mujeres.

Tristes coincidencias

Algunos, con talento para las cábalas y las comparaciones, recuerdan el caso de otra joven —de nombre Leydi Maura, curiosamente parecido al de Leydi Laura—, violada y asesinada en septiembre de 2017.

Fue un suceso que estremeció Cienfuegos. Por aquellos días el propio padre acudió a la redacción del periódico 5 de Septiembre para contar la verdad del caso y detener los rumores nacidos del morbo y la imaginación encendida de la gente. Es, todavía, el texto más leído en la versión digital del semanario cienfueguero.

La muerte de Leydi Maura marcó un precedente en la prensa local que cubrió, un año más tarde, del juicio a los asesinos.

Durante aquellos días tensos de septiembre de 2018, las personas agradecieron a los medios por informar del proceso judicial. Al mismo tiempo, criticaron lo que consideraron “falta de severidad” del Código Penal cubano.

¿Por qué se «llevaron» a Leydi Laura?

¿Derecho a la información confiable?

Hace apenas unas jornadas, la noticia de un niño de diez años, autista, asesinado por su padre, estremeció la ciudad de Caibarién, en Villa Clara. La ausencia de información en los medios oficiales —y, por el contrario, el amplio debate al respecto en las redes sociales— revive los cuestionamientos sobre si deben publicarse o no los asesinatos en la prensa nacional.

Algunos creen que sí, otros que no. Los que niegan la posibilidad creen que toda noticia de asesinos y asesinados es “prensa sensacionalista” y contribuye a reproducir la violencia. No faltan tampoco criterios del tipo: “Esa versión violenta no es la verdadera imagen de Cuba”.

En el bando opuesto están quienes creen que las noticias son noticias, nos gusten o no. Que la “crónica o nota roja” tradicional —con su énfasis particular en la imagen violenta, la sangre y los detalles “sensacionales”— no tiene por qué ser, necesariamente, el modelo a seguir. En el “cómo” se da la noticia está el quid del asunto. Nuestros demonios más violentos, indican, no pueden quedar solo para alimentar los guiones de series de televisión como Día y Noche o Tras la Huella.

Según reportes del Ministerio de Salud Pública a la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC), en la última década el promedio de homicidios anuales en Cuba ronda los 571.

Aunque el país exhibe una de las tasas más discretas de la región, algunas personas aseguran que existe un aumento de la violencia y la criminalidad. Quizás la percepción surge de la mayor visibilidad de estos casos, a partir de la posibilidad de acceder a Internet por datos móviles y la popularidad de las redes sociales como vehículos de información.

Sin embargo, la prensa estatal —con algunas excepciones— mantiene el silencio ante sucesos de este tipo que sí son noticia entre la gente.

En tiempos de contenidos “virales” y redes sociales sin filtros o contrapesos, la información de fuentes confiables puede detener rumores que, a la larga, generan más miedos. Además, la información es un derecho, ¿o no?

 

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