En la despedida hay cinco etapas necesarias. Cuando se pierde una parte de tu historia, tus recuerdos, tus amigos. Cuando se debe superar la pérdida…

Un fragmento de Fresa y Chocolate lo explica todo. Diego grita que no se va de Cuba ni aunque le den candela de la peor manera, que sin él le faltaría un pedazo al país. El personaje tiene razón, pero termina yéndose. Como él se han ido muchos pero no queda claro realmente, si se fueron ellos o nosotros. Demoré años en entender que estamos de duelo migratorio y generacional. Este fue el proceso.

1. Negación
Desde niño desaparecían chicos de la clase sin entender por qué. Fue con el tiempo que aprendimos sobre políticas, sacrificios y bloqueos. No parecía gran problema la migración, las aulas se seguían llenando, las universidades igual comenzaban sus clases en septiembre. Ellos se lo perdían, nosotros estábamos bien.

2. Ira
No sabría decir cuándo reconocí el precio del desangramiento pero duró un buen tiempo. Molesto con el que se iba, con el que se quedaba, con los amigos que no escribían y no se acordaban de uno. Algún día escuché decirles “traidores” y no me inmuté al respecto. Me parecía injusto, tanto que se había luchado para que algunos nos dejaran y echaran ese sacrificio por el suelo.

3. Negociación
Luego venía la esperanza, creer que de alguna manera todo se solucionará pronto, que el fenómeno disminuirá. Se haría cualquier cosa que lo cambiara todo. Quizás en el fondo sabíamos que no sería así, entendíamos que era inevitable su partida, pero queríamos ganar un poco más de tiempo.

4. Depresión
Entonces empezamos a entender que no era un fenómeno pasajero, no se arrepentirían en la frontera, no dejaría de ser. Pero nuestra depresión no es nada comparada con la de las madres que lloran la ausencia de sus hijos, o hijas que lloran la falta de sus padres. Y es entonces que se desconecta, las lamentaciones te enajenan y ocurre este proceso amargo, pero necesario, de pasar por la oscuridad antes de llegar a la luz.

5. Aceptación
Sí, la mayoría de los que se han ido al parecer no regresarán. No porque no sea posible, en China lo hicieron muchos emigrados, sino porque no hay señales convincentes de que estemos construyendo aún el país que podemos llegar a ser. Esta aceptación es la que conduce a la paz. Aceptar que algunas distancias son insuperables, algunas heridas irreconciliables. Es entonces que llega la paz.

Hoy el Facebook aterra, es la tierra de los amigos y conocidos que están en otra parte. Las despedidas siguen ocurriendo con más frecuencia que nunca y uno se pregunta cuántos quedaremos acá.

Porque vivir fuera de Cuba no es demasiado difícil, quedarse a conciencia es una decisión mayor. Una vez que has hecho el luto y despedido a tus amigos, puedes mirar adelante.

Quizás pueda irme un tiempo, unos días, pero siempre regresar.

Decía un poeta que la emigración es un naufragio y continuamente se regresa a la playa buscando los restos del barco. Los que nos quedamos en Cuba a conciencia debemos hacer una playa mejor y mantener la luz del Morro encendida. Al fin y al cabo, ya hemos hecho las paces con nuestro destino. Y será mejor.