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Cartera hecha por SELVA: Foto. Cortesía de Ena María Morales

Economía circular o el negocio cubano de los desechos

3 / mayo / 2022

En Cuba, reutilizar es una acción cotidiana. Darle segundas y terceras oportunidades a los objetos luego de que cumplen sus funciones originales se ha naturalizado tanto, que pocas personas perciben la importancia que tiene para el medio ambiente eso que hacen por necesidad. 

Dentro del mundo de los negocios y desde hace muchísimos años, los cubanos han puesto en práctica, sin saberlo, un concepto en auge sobre todo en países industrializados, que busca compartir, alquilar, reutilizar, reparar y reciclar materiales tantas veces sea posible, con el fin de cuidar los recursos naturales y respetar así la naturaleza.

«La economía circular no es nueva en la isla. El ejemplo más claro es la gente que sale a la calle y compra frascos de perfume para reenvasarlos. Nosotros no estamos de acuerdo con este negocio porque son perfumes sin certificados de calidad y demás, pero ahí ves la intención de ir a la economía circular, quizá sin conocerla ni concientizarla», explica Budery Dueñas, integrante de la comunidad de Negolution

El término, como su nombre lo indica, se refiere al ciclo circular en el cual se optimiza el empleo de los recursos, se renuevan los productos, se opta por conseguir energías a través de fuentes renovables. Es un modelo de producción y consumo que va en contra de la economía lineal: fabricación, utilización y desecho. 

Muchos emprendimientos cubanos hacen o tienen los mecanismos para llevar a cabo la economía circular; sin embargo, desconocen el tema o no cuentan con las herramientas para implementarlo. 

Dueñas ejemplifica con el caso de una peluquera que gasta mucha agua a diario con restos de tinte, champú, suavizador, y no sabe cómo hacer para no desperdiciar. 

También conoce a las muchachas de una carpintería, donde se generan residuos de aserrín y no saben qué hacer con él. «Ellas están conscientes que ese es un material cotizado por las personas con gatos por su capacidad para absorber la orina y deshidratar las heces fecales», dice. 

Sin embargo, no tienen idea de cómo cerrar ese ciclo y hacer del aserrín un producto que puedan regalar o vender. 

«Cabe destacar que la economía circular no es donar como piensa mucha gente. Se puede seguir ganando con lo que consideras desecho, pues para otro es su materia prima», explica Budery Dueñas.

La «materia prima» es el medio ambiente

Mientras algunos emprendimientos se organizan y exploran nuevas estrategias, hay otros que, desde el inicio, se plantearon ser sostenibles e implementar, hasta donde les fuera posible, la economía circular. Unos usan lo que pareciera inservible, y otros, de forma responsable, emplean lo que le brinda la naturaleza: lluvia, sol, plantas…

En medio de esas alternativas se encuentra Selva, un emprendimiento ambiental que promueve la conciencia ecológica y tiene dos aristas de trabajo: textil y cosmética.


«Recolectamos material reciclado, ya sea comprándolo o convocando a nuestros clientes a que cambien la ropa que ya no usan por cupones de descuento en nuestra tienda. También empleamos telas ecológicas que no contaminen el medioambiente, como el algodón o el lino, y las combinamos con fibras naturales como el mimbre y el junquillo, materiales que se producen de forma local», comenta su fundadora Ena María Morales. 

En cuanto a la cosmética natural, Selva tiene alianzas con varias fincas y patios pequeños del municipio habanero Marianao, de donde obtienen sus insumos 100 % orgánicos. 

«Cada finca nos entrega suministros diferentes como aceite de coco, semillas de girasol de donde también obtenemos aceite. Hay patios que nos dan maní; todo depende de las maquinarias de las que ellos dispongan. Otros nos brindan el aloe, la albahaca, la moringa, el nopal, la salvia y el bambú», explica. 

Todas las prendas de Selva tienen una etiqueta con papel plantable, con semillas de verduras en su mayoría. La iniciativa pretende involucrar al cliente en las mismas prácticas ecológicas que el negocio fomenta. 

Etiqueta plantable SELVA.jpg

Etiqueta plantable de Selva. Foto: Cortesía de Ena María Morales

Para Ena es muy difícil hablar de un modelo sostenible que no implique a sus clientes o a sus encadenamientos productivos. «Este circuito incluye primero a los proveedores, luego a nosotros mismos como creadores responsables y después a los clientes como compradores conscientes de lo que produces. Es una red grande a controlar; es complicado». 

Tanto Selva como OroZuz, un emprendimiento centrado en la creación de infusiones con hojas, frutos y flores, tienen sus propias problemáticas para implementar la economía circular. Sin embargo, ambos coinciden en que necesitan un espacio donde la obtención de la materia prima y la elaboración de los productos finales confluyan. De otro modo, se genera un gasto de combustible, transportación y tiempo que impide que el ciclo se cierre totalmente. 


No obstante, para William Bello, coordinador de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en el proyecto CubaEmprende, aunque los emprendimientos no siempre realizan la economía circular al 100 %, sí desarrollan iniciativas con un equilibrio entre la sociedad y el medioambiente. 

«Es difícil pero no imposible. Todo depende del modelo de negocio, el acceso a las tecnologías, a los recursos. También influyen cuestiones más generales como el acceso al financiamiento para la inversión inicial. Contra eso atenta la propia inflación que vive el país, pues los recursos se diluyen en los cambios o en la manera en la que recibes los fondos». 

Dueñas opina que, junto a las trabas económicas, están las que el mismo cubano se pone por el miedo «al no hay, no se puede, no me van a dejar». 

En esta forma de negocio, el ingenio está en invertir los procesos, o sea, no buscar con qué o cómo se hace un producto en específico, sino saber con qué se cuenta y analizar qué se puede hacer con eso. 

El mayor dilema ante su implementación es el desconocimiento y su escasa divulgación en nuestro contexto. 

«El período especial —comenta Dueñas— fue para los cubanos una “licenciatura” en economía circular. Sin embargo, son muy pocos los que conocen el concepto, sus beneficios y la necesidad de implementarlo. ¿Te imaginas que muchos sepan que pueden ser parte de una red más grande? Ahora nos toca a nosotros brindar esa información».  

Es por esto que, con el fin de motivar y conectar emprendimientos entre sí, el 28 de abril la Embajada del Reino de los Países Bajos junto a la fundación Credit4Cuba lanzó el Concurso Naranja 2022 Economía Circular, destinado a cuentapropistas y mipymes cubanos con ideas innovadoras y sostenibles.

Los participantes podrán registrarse hasta el próximo 25 de mayo y la fecha límite para entregar un plan de negocios es el primero de agosto. Cada integrante debe cursar un entrenamiento en modelos de circularidad y conocer cómo redactar su proyecto. El premio para los tres primeros lugares será un viaje de conocimientos a los Países Bajos.



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Meilin Puertas Borrero
Periodista en estreno. Amante de la radio y de darle voz a los que quieren contar sus historias.
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