Así repiten varios muros en Facebook cuando la gente se harta de que orientaciones sexuales diferente de la heterosexual no puedan expresarse como tal. Y yo me hago eco.

Les cuento más, personalmente no tuve closet. Llegué a la homosexualidad cuando quise y con quien quise, y nunca antes de ese momento me había sentido atraída por una mujer. Hasta ese día.

Cuando así lo sentí, me dispuse a vivirlo, por supuesto que llegaron preguntas, sentimientos, miedos, pero ninguno de ellos me hizo posponer el momento. Me entregué y recibí tal como lo deseaba. Por eso siempre digo que yo jamás tuve closet. Mi historia en este sentido es simple y bien diferente a la de mucha gente.

Entiendo por ello las razones por las que muchas personas con identidades de género y orientaciones sexuales diferentes a la heterosexual escogen “esconderse” tras el silencio, o el secreto a cuatro voces.

La homofobia, en sus más diversas expresiones, es la causa fundamental de que las personas sexodiversas se protejan. Homosexuales, bisexuales, transexuales reciben de manera generalizada el rechazo en muchos ámbitos de relaciones, desde la familia, la escuela, el círculo de amigos y amigas, colegas, de manera que enclaustrarse en su verdad es una de las conductas más socorridas.

No obstante, tal silencio no los exime de vivir episodios cotidianos y muy sofisticados de rechazo, como cuando a un adolescente se le pregunta, con insistencia, cuándo va a traer la novia a la casa. Es además extremadamente violento. A veces son burlas, en otras es ignorancia. Sin embargo, en las mayoría de los casos se parte de la suposición de que el sujeto del deseo tiene que ser una persona del otro sexo.

Además, quienes tenemos hijos o hijas, y en especial las mujeres, pensamos en cómo nuestros descendientes van a ser rechazados por sus amistades, en la escuela, etc. Y esa preocupación yo sí la tuve.

Mi miedo no se lo dije a mi hija. Ni siquiera sé si ha vivido algún episodio de homofobia relacionado con mi lesbianismo. No obstante, conozco las respuestas que ella puede ofrecer ante la homofobia, como cuando le dijo a su novio que en mi casa estaban prohibidas las burlas hacia las personas homosexuales. Recordar aquella conducta tajante, muy anterior a mi vida homosexual, me ha dejado por años tranquila. Sé que ella sabe, valga la redundancia.

Yo también tuve suerte en la familia, el trabajo y en mi círculo de amistades, Que yo me haya percatado ninguna de las personas importantes de mi vida me han rechazado por lesbiana, lo cual significa tener cierto apoyo.

¿Qué decir sobre la familia? En el seno de ella tienen lugar las primeras evidencias de homofobia contra sus miembros, tal vez las más desgarradoras por inexplicables. Y lo lamento. Ahí mismo, dentro de la institución social que debe proteger, no queda más remedio entonces que guardarse, preservarse, esconderse.

Tal vez si con la observación de los genitales no se construyera un futuro para ese ser, donde la orientación sexual es definitoria, la gente viviría más plenamente su sexualidad, donde incluyo por supuesto la mayor variedad posible. Me gustaría entonces que la genitalidad no definiera por se nuestro closet, porque este es, repito, para la ropa.