“Escribe ahí que la vida del pelotero no es fácil”.

Armando Rivero

Antes, todo lo que teníamos era la memoria colectiva, retazos aislados una historia no contada. Antes, únicamente teníamos una respuesta vaga cuando se hablaba del número de peloteros cubanos emigrados después de 1959. Eran muchos. Ahí acababan las certezas.

Pero con su libro El sueño y la realidad: Historias de la emigración del béisbol cubano (1960-2018), Francys Romero puso una cifra y rostros a esa ola migratoria. Con él supimos que entre 1960 y 2018, 2.135 jugadores habían dejado Cuba para perseguir el sueño de medirse en Las Mayores. También supimos algo que intuíamos: apenas el 10 % consiguió un puesto en alguno de los 30 equipos de la MLB.

Con su libro, Francys vino a saldar una deuda del periodismo deportivo cubano con su diáspora. Pero este no es un libro alegre. Es un texto descarnado que se adentra en las historias de quienes dejaron todo atrás y no lo consiguieron; es un libro sobre quienes no siempre llegaron, porque de estrellas rutilantes estaban llenos los medios de comunicación y las tiendas de camisetas.

Con esta investigación también llegaron cifras y pruebas alarmantes: el descenso del nivel del béisbol cubano es, en buena medida, resultado del constate flujo de talento fuera del país. Solo en 2015 Cuba perdió 202 jugadores.

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Perseguir un sueño

Francys hizo el mismo recorrido que muchos de sus entrevistados. Salió de Cuba y no ha regresado. Quizás por eso, por la condición de emigrado, consiguió entender mucho mejor las historias que fue recogiendo durante una investigación que le tomó cinco años.

“El libro es el resultado de una idea que tenía desde que estaba terminando la universidad de Villa Clara. Pero fue después que comencé a hacer periodismo deportivo en diferentes sitios como OnCuba, Progreso Semanal o Play-Off Magazine, cuando comencé a darle forma a esta investigación.

“No sabía que tomaría tanto tiempo. Comencé en 2014 y terminé en diciembre de 2018. Eso, en medio de mi propia experiencia de migrar a los Estados Unidos. Al llegar puse en pausa la investigación por seis meses, pues tuve que trabajar en temas que nada tenían que ver con el periodismo”, cuenta Francys.

Inicialmente, la idea era menos ambiciosa, pero no menos compleja. El primer paso era crear una base de datos con todos los jugadores que habían dejado el país en ese lapso de tiempo, conocer su ubicación y cuál había sido su destino una vez fuera de Cuba. Pero según avanzaba en su búsqueda, Francys entendió que una lista no bastaba.

Quería “tener una especie de memoria de ellos, porque el tema del éxodo en Cuba siempre ha sido censurado. Pero el libro comenzó luego a tomar forma, gracias a mi editor Gabriel López quien me ayudó con la organización de los capítulos. Entonces empezamos a describir más todo lo que había pasado, teniendo en cuenta las condiciones económicas, culturales y políticas”, explica.

De ser concebido como una lista, un cúmulo de información seca, el libro comenzaba a ser una historia capaz de contextualizar las diferentes olas migratorias dentro de la historia reciente del béisbol en Cuba. Y una historia necesita de protagonistas.

Uno de los puntos más complejos de todo el proceso fue contactar con los jugadores emigrados, según cuenta Francys. “Estamos hablando de una investigación que abarca 58 años. Sobre todo, fue difícil contactar con los jugadores que primero emigraron, los de la década del 60. Además, está el tema de que muchos de ellos no quieren contar sus historias, las cosas que les ocurrieron; y otros creen que no es el momento de hablar del tema”.

De los peloteros listados en la investigación, cerca de 700 fueron contactados directamente por Francys durante esos cinco años. Por diferentes vías —ya fuera entrevistas presenciales, email o mediante redes sociales— fueron contando sus historias: algunas con finales felices, otras que servirían como thrillers de acción y suspenso con escenas de secuestro, armas, extorsión y soborno a autoridades cubanas y caribeñas.

A algunos de los jugadores costó más convencerlos. No todo el mundo se siente cómodo contando sus derrotas personales.

“Ese es un tema complejo y muy variado. Hay quienes no llegaron a jugar y no quieren hablar porque sienten frustración y lo ven como una derrota. Hoy otros que están triunfando actualmente y activos en la MLB, y no quieren hablar de cómo salieron de Cuba porque temen que puedan ser juzgados en Cuba o puedan tener problemas con sus organizaciones”, comenta Francys.

No es casualidad que las principales historias recogidas en el libro sean las de jugadores que no consiguieron establecerse en la MLB o algunos que ni siquiera consiguieron debutar allí. Documentales de importantes cadenas deportivas, libros e incontables entrevistas se han dedicado a los cubanos que han brillado sobre los diamantes de la MLB.

“Eso se ha contado mucho. Así que traté de reflejar toda la complejidad de este fenómeno y enfocarme, sobre todo, en la otra cara del éxodo. Es un fenómeno complicado de clasificar, no pueden hacerse dos bandos: triunfadores y fracasados.

“El mismo Armando Rivero estuvo un año entero en un roster de 25 jugadores de Grandes Ligas y nunca llegó a jugar. Pero no por eso podemos decir que fracasó, porque firmó un contrato profesional y eso es algo que muchos jugadores no consiguen”, asegura Francys.

Medir el éxito o el fracaso de un jugador de béisbol por su participación en la MLB pasa por entender el contexto en que tienen que sobrevivir y las muchas barreras que deben vencer: el idioma, la cultura y, muchas veces, la xenofobia dentro de las mismas organizaciones por las que son contratados.

Hay un mito en la diáspora cubana. El mito de los cubanos triunfadores absolutos, el de los cubanos que solo tienen que tocar las puertas de los estadios para que la MLB los reciba como hijos pródigos. Historias como las de Armando Rivero (quien a pesar de ser uno de los mejores lanzadores de la AAA nunca recibió la oportunidad de jugar con los Cubs), o Yuniesky Maya o Dayron Varona, dejan claro que, a pesar de la calidad como deportistas, los cubanos cargan con el mismo lastre que sus pares: ser latinoamericanos, inmigrantes, en Estados Unidos.

Esa realidad está también reflejada en El sueño y la realidad… “Quise retratarlo todo, porque la historiografía previa sobre este tema se enfocaba siempre en la figura del éxito y sentía que había un pedazo de historia que no se estaba narrando. Hacia eso fui”, me dice Francys cuando conversamos de este tema en compañía de los jugadores.

El negocio tras los estadios

“Lo que hay en ese libro es la realidad. Francys no ha puesto una palabra de más, lo único que ha hecho es contar nuestras historias”.

Yuniesky Maya

Hay un punto de la investigación realizada por Francys Romero que resulta imprescindible pasaje dentro del libro: el negocio del tráfico de jugadores cubanos.

Por años, sacar jugadores ilegalmente de Cuba fue una práctica habitual. El proceso incluía el contacto con el jugador, la oferta, enviar una embarcación en su búsqueda (y a veces la de su familia) y establecerlo en un tercer país. Todo eso a cambio de una importante tajada en el contrato que el pelotero pudiese conseguir.

Ese esquema incluía, además, el contubernio con autoridades migratorias de otros países, falsificación de documentos y extorsiones. Se trataba de la parte más oscura del negocio beisbolero en el Caribe y, al parecer, la MLB no estaba ajena a tal maquinaria.

Sobre cómo fue investigar el tráfico ilegal de jugadores y la probable complicidad/conocimiento de la MLB, Franys comenta que “fue muy complejo. Yo no tenía muchas personas que me pudieran hablar del tema, incluso había procesos judiciales abiertos relacionados con esto en el momento en el que yo llegué aquí [a Estados Unidos]. Gracias al libro Baseball Cop, the dark side of America´s national pastime, de Eddy Domínguez —ex investigador de MLB que fue despedido en 2014—, pude saber sobre muchas cuestiones entre ellas el tráfico ilegal de jugadores. Luego contacté con Eddy y se fueron sumando otras fuentes a lo largo de la investigación.

“También fue duro el tema de cómo eran tratados los jugadores que no firmaban contratos, o no tenían el talento esperado. Esos se quedaban a la deriva. También, aquellos que tuvieron problemas con su documentación (alterada por los inversionistas para hacerlos parecer más jóvenes) y fueron abandonados por quienes los habían patrocinado”.

  • En tu libro se mencionan nombres concretos de personas vinculadas a este esquema de tráfico de personas. ¿La publicación de la investigación ha traído algún proceso legal, alguna amenaza directa? —le pregunto a Francys.
  • Afortunadamente, no, hasta el momento no ha ocurrido nada.

Tampoco han existido problemas para las fuentes que confiaron en Francys y en la seriedad de la investigación a la que dedicó cinco largos años. Sin embargo, no es porque se haya detenido el esquema migratorio.

Tras las flexibilizaciones migratorias implementadas por Cuba en 2012, es mucho más simple (y seguro) para los jugadores salir de Cuba, el negocio solo tuvo que readecuarse: ya no tienen que ir a buscarlos en lanchas hasta las costas cubanas, ahora los inversionistas pagan pasajes de avión.

El punto final

Francys cuenta que, más de una vez, creyó que la investigación estaba terminada. Más de una vez puso el punto final a un libro que había sido su obsesión por años. “Pero siempre surgían nuevas problemáticas. Por ejemplo, cuando casi todo estaba listo, Cuba comenzó de nuevo a reaceptar a los jugadores que se habían marchado del país. Ahí teníamos otro punto complejo: el regreso”, cuenta.

Así se sumaban nuevos espacios en el volumen y Francys profundizaba en un fenómeno que trasciende los estadios de béisbol y las habilidades deportivas de los atletas. “Otro fenómeno fue el que bautizamos como El Limbo, que agrupa a los jugadores cubanos que se quedaron a vivir en República Dominicana u otro sitio, sin siquiera firmar un contrato profesional, a medio camino entre su sueño y su tierra. También estaba el fenómeno de las deportaciones.

“Pero en diciembre de 2018 decidí hacer el corte final, aun sabiendo que las cifras seguirían aumentando. En ese momento sentí que había conseguido las metas que me había propuesto cuando comencé a escribir el libro. Hay muchos sitios que han escrito sobre jugadores cubanos emigrados. Pero ninguno consiguió unirlos todos en un solo listado, en una investigación. Ese fue mi primer sueño con este proyecto, y lo conseguí”.

Si únicamente Francys Romero hubiese compilado un listado de jugadores con breves fichas de sus vidas tras salir de Cuba, hubiesen valido la pena los cinco años de trabajo. Pero fue mucho más allá. El sueño y la realidad… muestra un fenómeno complejo desde sus diferentes aristas sociales, y rescata del olvido a jugadores de los que nunca más volvimos a escuchar. A ese sector gris, a veces olvidado de nuestra emigración, vino este libro a hacer justicia.

“En 1956 Cuba era la principal cantera de jugadores latinos en la MLB. Cuando en ese año debutó el primer dominicano en la MLB, más de 80 cubanos habían jugados en la Gran Carpa. Hoy son 214 cubanos los que han debutado en la MLB a lo largo de la historia. Pero desde 1960 solo han llegado 125 cubanos a la MLB, de los 1.235 jugadores que salieron del país desde esa fecha. Apenas el 10 %, la MLB sigue siendo un sueño para la mayoría de quienes han intentado recorrer ese camino.

“En el listado están todos: los que llegaron a la MLB o a una liga menor en muchos sitios del mundo, y aquellos que no volvieron a jugar profesionalmente; pero también están los prospectos cubanos que se marcharon sin siquiera jugar en la Serie Nacional. No es solo un libro de béisbol, sino sobre seres humanos persiguiendo sus sueños y tratando de superar barreras”.

 

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