Querido Curbelo:

Qué te puedo decir. Tú sabes que eso a mí, desde la lejanía, también me tiene histérica. Cuando leí el artículo de Jessica sobre la precariedad en las tiendas de Cuba y de cómo algunos lugares tenían más privilegios que otros, pensé algo parecido a lo que decías del municipio Playa. Mi mamá está en el centro del Vedado; en uno de los mejores lugares de Cuba y nada. No consigue casi nada. Mi mejor amiga me dijo hace como dos semanas que compró, a cinco dólares, un tubito de pasta dentífrica, pero de esos que te dan en los aviones. ¡Imagínate!

Yo quiero que abran las fronteras en Cuba para que, entre otras cosas, se estabilice un poco lo de la comida y los productos de aseo. Cuba vive del contrabando. Más que del turismo, más que de las remesas, más que del trabajo y el dinero que producen los propios cubanos allá. Cuba está rodeada de mar y aire en forma de tubos de mercancía ilegal. Entonces, cuando abran las fronteras van a comenzar a llegar las municiones. También quiero que mi mamá venga y les lleve las cosas que te comenté: champú, jabón, detergente, chorizo, pasta de tomate, cuchillas de afeitar y todo lo que haga falta y se pueda llevar para ustedes.

No creas que la impotencia solo la sientes tú. Entiendo las diferencias: tú estás viviendo eso y yo no. Además, tú, particularmente, lo estás viviendo por primera vez de forma tan cruda. Para mis padres esta historia se torna familiar por el mismo Período Especial, del cual las nuevas generaciones hablamos pero que no conocimos bien más que por historias. Yo ahora estoy lejos pero también esta situación me desespera sobre todo porque NO PUEDO HACER NADA.

Hace como un mes le envié un menú a un amigo y me dijo que la comida llegó medio descompuesta, oliendo feo, que no volviera a comprar. Eso me molestó tanto como me molestó la pasta dentífrica de avión a cinco dólares. Ya no solo es la situación en Cuba debido a las pésimas decisiones que toma el Gobierno; es también el egoísmo de la gente, las ganas de siempre ganar y ganar.

Yo sé que hay que sobrevivir, que hay que resolver, pero vender una pasta en cinco dólares o una comida para dos personas en sesenta dólares y, para colmo, en mal estado, no es querer resolver, es querer resolver y extorsionar. Si de por sí los seres humanos somos egoístas e individualistas, estas situaciones de miseria —como decías— hacen que el lobo que uno tiene dentro salga y no le importe nada más que morder.

Por eso me emociona tu preocupación por los demás. Platico mucho con gente de allá y nunca me hablan del otro. No existe el otro. Tú eres una persona noble.

Otra razón por la que me desespero es por el problema de la propuesta de comer tripas y vísceras. Acá en México comer tripa es un placer, es un lujo, es un platillo en tacos o en cemitas que la gente disfruta y siempre anhela. Lo mismo pasa con los ojos y con el buche y con el hocico de cerdo y con los gusanos y con los grillos.

Acá, en México, todo eso se come y más que una simple comida es una forma de representar la historia de un México precolonial y de un México que supo mezclar magistralmente la comida indígena con la comida traída del viejo mundo. Gran parte del orgullo de esta nación viene por la comida, por la fortaleza de sus sabores.

Entonces pasó lo siguiente. Aquí me preguntan cómo está la situación en Cuba y yo les cuento que, entre otras cosas, el pueblo y los medios están insultados y asqueados porque les quieren dar tripa, les quieren dar grillo, les quieren dar mondongo. Ellos comienzan a buscar las noticias y los comentarios y sus rostros cambian.

La noticia de que en Cuba, quizás, den esas cosas y que allá se ha tomado como motivo de incomodidad y asco, acá se ha analizado como una especie de falta de respeto a toda una tradición culinaria que se despliega desde el indigenismo hasta nuestros días. Los comentarios han sido variados: ¿entonces Cuba está muy mal porque les darán tripa? ¡Uyyy, imagínate! ¿Entonces Cuba no tiene comida porque la tripa, las vísceras, los mondongos no son una comida digna para ellos? ¡Eso significa que quien come esas cosas es un asqueroso? (Me dijo una compañera acá cuando vio un comentario por ahí que decía que quien come tripas es un cerdo).

Yo, entonces, les explico que la cuestión no es la tripa en sí, o el mondongo en sí, o la víscera en sí. Yo les explico que hay una diferencia entre que uno decida comer tripa y otra es que te obliguen, prácticamente, a comer tripa cuando hay otros alimentos que ingerir y que no llegan a la población.

Yo les explico que el problema es lo que hay detrás de las tripas y los mondongos. Que son formas de desviar la atención de las cosas importantes por las que hay que protestar allá. Porque las tripas, como el aumento de personas con Internet en Cuba, hace que la queja, lo verdaderamente importante, se desvíe en muchos casos. Mi cabeza se concentra en críticas a la tontería de la telenovela cubana en la cual le sugieren a una chica que no aborte, o se concentra en el asco que me supone comer tripas. Cuando eso pasa, el Gobierno garantiza una pronta tranquilización parcial del pueblo (del pueblo como masa, no del pueblo que ve y piensa). Se acabó la novela y empieza otra en la cual no se dan esos debates y la gente se tranquiliza. Después de tanto anunciar la tripa e incomodar a la gente, llega el pollo o el picadillo a la carnicería y entonces la gente se alegra de que sí, tienen que hacer una fila enorme, pero por lo menos no comerán tripa.

Y ya.

Viene la calma.

La calma sudada y cansada que hay allá desde hace sesenta años.

La tripa es estrategia, los mondongos son estrategia, la telenovela con la discusión del aborto es estrategia, los grillos son estrategias.

No obstante, te digo lo mismo que a mi mamá, lo mismo que a mi mejor amiga: si te llega tripa come tripa. Ponla a hervir y sácala, pícala en trozos y fríela. Luego, ponle sal, cebolla picadita, cilantro, perejil, cebollino, cualquier cosa similar a esas, lo que tengas. Ponle un chorrito de un cuarto de limón y mezcla todo con arroz.

Y cómela.

Cómela porque quizás no hay nada más y debes estar fuerte. Cómela por toda una cultura ajena a la tuya, que también sufre por otras cuestiones. Cómela porque uno tiene que probar cosas nuevas, tiene que abrir el paladar. Y, sobre todo, cómelas y no dejes que el Gobierno, o quien sea que esté haciendo eso allá, te desvirtúe de lo que es importante: la lucha por la elección y no por la imposición.

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