Él hubiera sido cualquier cosa: nadador, yudoca, pintor…, pero no músico. A los seis años aprendió los pasos básicos del baile nacional cubano, creado por su tatarabuelo, Miguel Faílde. Pero una cosa es bailar y otra, muy diferente, tocar el ritmo. Cuando iba a cursar el quinto grado quiso presentarse a las pruebas de la Escuela de Arte. Era el último día de los exámenes. Su madre, Bertha Faílde, lo había llevado por complacerlo, pero era consciente de que no tenía muchas posibilidades y así se lo hizo saber.

-Aquí venimos con dos jabitas: la de ganar y la de perder. Y en tu caso, mijo, es más de perder, porque tú no has estado en ningún taller, ni te has preparado para esto.

Contra todo pronóstico, Ethiel Fernández Faílde aprobó y comenzó en el nivel elemental. Solo que en sus pruebas había demostrado aptitudes para la flauta y ahora, increíblemente, le daban un trombón.

“Era pésimo trombonista y casi terminando el curso, tras mucha insistencia de mi profesor y mi mamá ante la Dirección de la escuela, por fin me dieron una flauta, pero ya tenía un año de atraso”, recuerda.

Con el reto de honrar sus raíces fundó la Orquesta Típica Miguel Faílde. Así se convirtieron quizás en unos de los pocos jóvenes cubanos que comenzaban sus carreras haciendo música para la tercera edad.

Orqueta Faílde. Foto cortesía del entrevistado.

No les ha ido mal, a tal punto que fueron la orquesta escogida para amenizar la cena de bienvenida al presidente norteamericano, Barack Obama, en su primera visita a Cuba.

Hoy, cuando muchas puertas se abren a este joven artista, alguien pudiera creer que le ha sido fácil llegar hasta aquí, siendo, como es, tataranieto del creador del danzón. Pero no es así.

Ethiel Fernández Faílde. Foto cortesía del entrevistado.

“Yo siempre digo que el Faílde me ha ayudado ahora. En la escuela era una forma de resaltar en el sentido de que si lo hacía mal, enseguida decían: “ese fue Faílde”, pero si lo hacía bien, no pasaba nada, porque lo bueno que pudiera hacer era algo muy normal. Si alguien, que no era Faílde, hacía algo muy bueno entonces se destacaba y eso me chocó muchísimo, incluso en lo personal, por las críticas y los chismes de pasillo.

“Las cosas que la orquesta ha logrado, poco a poco, pienso que ha sido por su propio esfuerzo, por el ímpetu que le han puesto sus músicos en aras de seguir luchando por un sueño, no porque yo sea Faílde”.

“De hecho, muchas veces pensé que sería mejor no serlo. No porque lo niegue, sino porque me gustaría tener mi autonomía, ser autóctono. Recuerdo que mi nombre artístico me lo puso una gran amiga, Susana Junco, quien un día me dijo que no podía seguir diciendo mi nombre completo, si al final era lo mismo que Zenaida Romeu, que se llama realmente Zenaida Castro Romeu. Sin embargo, me interesa muchísimo que me conozcan por Ethiel.”

Después de cuatro años de fundada su orquesta, Ethiel y sus músicos tienen muchas razones para celebrar y seguir trabajando en aras de promover un danzón más contemporáneo, que conquiste a los jóvenes.

Orqueta Faílde. Foto cortesía del entrevistado.

“A raíz de la influencia que tuvimos en los alumnos de nivel medio de Matanzas nos dimos cuenta de que sí podíamos llegarle a los jóvenes. Después de la gira nacional por las escuelas comprobamos que a esos estudiantes sí les interesaba la música tradicional cubana, lo que hay que cambiar son los modos de hacer y de decir. Algo que siempre ha sido nuestra consigna: sonoridades contemporáneas.”

En este  2016 muchos pudieran decir que la orquesta se encuentra en el mejor momento tras su primer disco (Llegó la Faílde), otro fonograma en proceso y un videoclip a punto de realizarse, pero el camino para Ethiel sigue siendo escabroso: sin local para ensayar, teniendo que hacerlo por secciones de instrumentos y montando las piezas completas casi minutos antes de cada actividad, y ahora, sin el apoyo de su madre Bertha, quien falleció a pocos días de él graduarse; a pocos días de verlo materializar muchos de los sueños que le ayudó a concebir.

Ya no está, como él mismo dice: el gran amor de su vida, pero por ella no para de trabajar. “Recuerdo que un día me dijo que, pasara lo que pasara, no dejara de hacer un concierto, porque tú decidiste ser músico y mi mayor orgullo contigo es tu carrera y lo que tú haces”.