El documental Sueños al pairo, de los realizadores José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado, incluido en la selección de la 19 Muestra Joven ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos), fue censurado por la Presidencia de la institución “debido a diferencias políticas e ideológicas”, según comunicó la Junta Directiva de la Muestra en su página en Facebook.

Los organizadores del evento dejaron claro que “Sueños al pairo” había formado parte de la décima edición de Haciendo Cine y que había contado con el apoyo del Instituto para acceder a las imágenes de su Archivo Fílmico. Sin embargo, “el derecho al uso de estas imágenes ahora les ha sido denegado a los autores. Después de 13 días de diálogo, —explican también— se mantuvo inalterable la censura del documental. En consecuencia, se retiran del evento las obras Umbra, de Daniela Muñoz Barroso; El amor de las cucarachas, de Regis Guedes, y Los puros, de Carla Valdés León”.

Posteriormente, la realizadora Lisandra López Fabé también retiró de la selección oficial su cortometraje Última canción para Mayaan. Los cineastas Josué García Gómez y Marcos Alejandro Yglesias Ravelo suprimieron, de igual forma, sus obras 35 permutaciones en tres actos y un epílogo, Yeyo en la loma y Cuaderno de apuntes.

Varios usuarios reaccionaron al comunicado de la Muestra Joven y apoyaron la actitud de los cineastas que decidieron retirar sus materiales en solidaridad con Aparicio y Fraguela: “Gracias a Daniela Muñoz, Reggi Guedes y Carla Valdés León por mostrar su desaprobación al retirar sus obras, ante otra maniobra de incomprensión, arbitrariedad y autoritarismo de la Presidencia del ICAIC, que ahora ataca a Sueños al pairo, de José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado. ¡Intolerable! Gracias Muestra Joven, Cuba por perseverar”, apuntó Vlad de Molay.

Por su parte, Miryorly García comentó: “Mi apoyo a Aparicio y Fraguela, cuyo documental debería estar en concurso, y también para quienes tomaron la decisión de retirar sus obras. La Muestra con su Junta Directiva, el Cardumen que aún sigue vivo, nos está dando lecciones de ética, rompiendo el pacto de complicidad que ha condenado a tantos creadores al ostracismo, que le ha negado a tantas obras su derecho a existir, ¡gracias!”.

Poco después, la Dirección del ICAIC publicó una escueta nota en su sitio oficial, en la cual informaba: “La dirección del ICAIC ha decidido posponer la celebración de la Muestra Joven ICAIC para fecha que se anunciará oportunamente con el objetivo de crear mejores condiciones para su realización y analizar diversos temas de trabajo en un ambiente apropiado y con el tiempo necesario. El Instituto ratifica su apoyo y compromiso con la Muestra Joven ICAIC y, en general, con la obra realizada por los jóvenes dentro o fuera de las instituciones”.

La información divulgada por la Junta Directiva de la Muestra Joven este 26 de febrero y la ulterior decisión tomada por la dirección del ICAIC de “posponer” el evento, publicada el propio día, evidencian que la histórica tensión entre los jóvenes realizadores y la institución, lejos de reducirse, se acentúa, en medio de un contexto permeado de extremismos e incomprensiones.

De la censura, la Ley de Cine y otras “joyas cinematográficas” …

La censura en el mundo del audiovisual en Cuba no es un fenómeno reciente ni es exclusivo de la Muestra Joven, si bien este espacio “se ha destacado” a lo largo de los años por ser uno de los ejemplos vivos al respecto. Varios han sido los casos en diversas ediciones, aunque el más representativo ocurrió en la de 2018 con la polémica en torno a la exclusión del filme en proceso Quiero Hacer Una Película (QHUP), de Yimit Ramírez.

Al inicio se decidió proyectar la obra en una sala de solo 24 lunetas y, posteriormente, su autor decidió retirar el filme. Los organizadores del evento apoyaron la película y el ICAIC organizó una conferencia de prensa con una declaración de principios. Las polémicas referencias a Martí dentro del material desataron el debate en las redes sociales, en espacios como el centro cultural Fresa y Chocolate, y en las mismas calles entre la población.

Hubo otros casos previos en los que se manifestó la tensión, como con Fuera de liga, de Ian Padrón, y Revolution, documental sobre Los Aldeanos, de Maykel Pedrero, que eventualmente se exhibieron en salas del ICAIC. A su vez, debates en torno a la no inclusión de piezas, debido a su dudosa calidad artística también generaron desacuerdos al interior de la institución y el comité organizador de la Muestra.

Aún puede evocarse la declaración del director de cine Fernando Pérez al respecto en la 11na edición cuando alegaba: “una vez armada la programación, se iniciaron discusiones con instancias del ICAIC en las que me planteaban la no exhibición de uno de los documentales seleccionados. Considero que esa obra, como algunas otras, no está lograda artísticamente, pero justamente por eso resultaba interesante su inclusión para el debate. Al no poder demostrar en la práctica la coherencia inclusiva que he planteado para la Muestra, he tomado la decisión personal de no continuar al frente de esta”.

Uno de los reclamos más acuciantes de la comunidad de realizadores cubanos durante el último decenio ha sido la necesidad de una Ley de Cine. Los antecedentes se remontan al VII Congreso de la UNEAC, celebrado en el año 2008, en el cual se presentó un diagnóstico entre los cineastas y el ICAIC con medidas agrupadas en el documento Propuestas para una renovación del cine cubano.

Dicho programa constituyó una guía posterior para la labor que desarrolló la Asamblea de Cineastas Cubanos (g-20) en 2013. Se efectuaron debates para la confección del borrador del Decreto-Ley, revisado, perfeccionado y discutido varias veces, hasta que se envió al Ministerio de Justicia en el propio año.

Mientras, frente a la ausencia de fondos del Estado, los cineastas independientes acudían a diversas alternativas: recursos propios, diversificación de los mecenas, ayudas solidarias de colegas y amigos, las coproducciones, gestiones con productoras independientes, fondos de cooperación internacional y otras vías de financiamiento como el micromecenazgo en plataformas de Internet.

#FirmoSoyCardumen

Ante la incertidumbre que aún se mantenía alrededor de la Ley de Cine y la polémica acontecida en la 17 Muestra Joven con el filme de Yimit Ramírez, un grupo de jóvenes cineastas cubanos, bajo el nombre de Cardumen, hizo pública en mayo de 2018 a través de su página en Facebook una declaración en la que apostaba por un cine “inconforme y revelador”, que no aceptaba “zonas de silencio en nuestra historia ni obstáculos para el conocimiento y la representación artística de esta, aun de aquellos sucesos más cuestionables. El dolor acallado solo genera represión, odio e hipocresía social”.

“Apostamos por un cine que nos permita reimaginarnos como nación de manera constante, en toda nuestra riqueza y diversidad” —afirmaba el comunicado. “Un cine que se busque a sí mismo sin complejos: inclusivo, múltiple, arriesgado. Un cine que desactive los lenguajes viciados, que elabore su propia sintaxis. Que dude, porque fe que no duda es fe muerta. Que no tenga miedo de hablar del fracaso, de la decepción. Que tome consciencia de su poder transformador”.

Después de la Muestra, el Cardumen empuja

Los jóvenes sintetizaban un cúmulo de preocupaciones que aquejaban a la comunidad de cineastas cubanos en general, como la inexistencia de plataformas consolidadas y eficientes para la producción y distribución legal de sus materiales, la urgencia del Registro del Creador Audiovisual, el Fondo de Fomento, la Comisión Fílmica, la legalización de las productoras independientes, y la Ley de Cine.

Entre las demandas también se hallaba el reclamo de que sus filmes fueran programados en los cines y en la televisión cubana —sobrepasando el marco de muestras y festivales—, “tomándose como criterio su calidad artística y no haciendo que prime la suspicacia y la intolerancia ideológica”; la actualización de los planes de estudio de la enseñanza artística audiovisual; y la construcción de diálogos horizontales, equitativos y desprejuiciados con instituciones como el Ministerio de Cultura y la UNEAC.

Asimismo, Cardumen hacía énfasis en “el tenso ecosistema nacional en que se desarrolla actualmente la creación y, de manera particular, el audiovisual. La arbitrariedad con que se aplica la política editorial en instituciones como el ICAIC, el ICRT y, en fecha reciente, la FAMCA, así como sus correspondientes episodios de censura, minan más aún la confianza en nuestras instituciones. Resulta alarmante, por demás, la inconsistencia intelectual de los argumentos que funcionarios y asesores suelen esgrimir para vetar o regular la visibilidad de proyectos u obras. Tales prácticas, sumadas a la difamación, en medios de prensa oficiales, de críticos y realizadores, generan un clima inapropiado para la libre creación y circulación de las ideas”.

Decreto-Ley No. 373: ¿solución o alternativa?

Un año después del comunicado de Cardumen se publicó en la Gaceta Oficial, en junio de 2019, el Decreto-Ley No. 373, que constituyó un paso de avance respecto a las reiteradas demandas de varios años planteadas por los realizadores sobre la urgencia de una Ley de Cine. Si bien no constituía per se la tan anhelada ley, al menos planteaba algunas disposiciones positivas, como el reconocimiento del creador audiovisual y cinematográfico independiente como figura legal, y la creación de los Colectivos de Creación Audiovisual y Cinematográfica, que posibilitan a los realizadores agruparse para la producción de obras audiovisuales.

Al respecto, elTOQUE publicó un trabajo en el que analizaba la disposición y reflejaba criterios de varios cineastas cubanos, quienes reaccionaron en sentido general de manera positiva, aunque no exentos de cierto escepticismo:

El profesor y crítico de cine Gustavo Arcos Fernández-Brito reconoció la ley que legitima al creador audiovisual independiente, pero se preguntó por tópicos como la censura, la distribución, los permisos y licencias: “Cientos de películas cubanas entre cortos, largos, animados y documentales, esperan por su exhibición comercial y regular en las salas del país. ¿Veremos pronto las obras independientes de autores como Eduardo del Llano, Jorge Molina, Miguel Coyula, Enrique Colina y muchos otros, en los circuitos del país?”.

Por su parte, la realizadora Magda González Grau exhortó a celebrar este “punto de partida que derrumba prejuicios y suspicacias” y a no hacer igual que los que critican. “Con esta legislación se crean los espacios para que los creadores tengamos voz y voto en las decisiones. Se trata de participar y no volver a levantar los muros que tanta energía nos ha costado derrumbar”.

El Decreto-Ley 373 y los asuntos pendientes para el audiovisual cubano

Yimit Ramírez, el director de la polémica obra Quiero Hacer Una Película, comentó: “Tengo que leérmelo, me parece sorprendente, ojalá sea así, todo debe fluir para que todo el mundo haga cine sin otro tipo de bloque que no sean los proyectos que ganen o no ganen como en cualquier lugar. Hay que ver cómo funciona, pero por la manera en que ha funcionado históricamente la institución, uno siempre tiene recelos. Puede que haya desconfianza, ojalá funcione”.

 

 

Si te gustó este texto puedes leer otros en la aplicación móvil de elTOQUE. Cada día compartimos nuevas publicaciones a las cuales puedes acceder mediante una descarga por correo Nauta o Internet. Búscala en Google Play o en CubApk.