Roly es un tipo que no está en ná, dicen quienes le conocen y parece cierto. No tiene Facebook ni Instagram para ser “sociable”, prefiere ir todas las mañanas después de las 10 a La Fontana, una cafetería céntrica avileña, y tomar un café bien fuerte. Roly es muy popular en la Ciudad de los Portales, no por tener dinero — claro está — , tiene tantos amigues que cuando quise escribir sobre él, las referencias llovieron a borbotones sin etiqueta alguna. A priori, ese primer pantallazo cuando lo miras que lo dice todo. Su figura androgénica es tan peculiar como el de Thomas Neuwirth, Conchita Wurst. Salvando distancias, Conchita y Roly son tales artistas que en escenarios diferentes causan el mismo efecto: desgarramiento.

Aunque toda la vida le han dicho Roly, en escena es Rita Rimba Eva. Ahí mismo me dio por preguntar. “Mira, Rita por Rita Montaner, Rimba por la rumba cubana y Eva por la primera mujer del Edén”. Desde los 20 años Raúl Arantón Morejón se desviste de hombre para transformarse en su otro yo. Ya le agarraron los 55 y la magia no se le ha ido. “Tener esta edad es divino, porque los jóvenes enseñan su cuerpo, sus dotes para hacerse ver de la manera que entienden deben verse sexy. Yo, sin embargo, muestro mi alma”.

A Roly las historias le sobran. Me cuenta que por allá por los años 80 “cuando lo de los sanatorios” fue a actuar a ese lugar de exclusión y tristeza para pacientes a quienes el VIH-sida les había tocado las puertas y vivían allí hasta tres meses hasta que les deban “de alta”.

Estaba tan emocionado en esa ocasión que montó su número más popular, una canción de Lolita Flores titulada Que me coma el tigre, “ya te puedes imaginar todo el performance”Justo al maquillarse se dio cuenta de que se le había olvidado la peluca en su casa y a esa hora no podía regresar. “Cogí unas flores, marpacíficos para ser exacto, y me hice una corona. Me la enganché y salí como si fuera reina con la divinidad en la cabeza”.

No hay una manera exacta de llamarle, lo mismo le dicen Roly cuando se trasviste que Rita cuando toma su café diario. “El punto es que a mí no me importan los nombres, lo que de verdad me llena es que me conozcan y poder contar mis vivencias tanto artísticas como personales”.

Toda la vida se ha dedicado a hacer-ser transformista aunque “esa misma vida” lo ha llevado duro. Dice, además, que ha caminado toda Cuba y la conoce tanto como conoce su casa. Parece un extremismo pero lo cierto es que, aunque 55 años se dice fácil, las canas de Roly se traducen en valentía.

“Cuando todavía esta ciudad no gozaba de lugares para expresar la diversidad de nuestros cuerpos, en algunas ocasiones nos colábamos en el cabaret Las Piñas y ahí hacíamos lo que sabíamos hacer: actuar, bailar, cantar para el público. A veces nos sentíamos mal y nos íbamos para Santa Clara o Camagüey, lugares que siempre han tenido los espacios idóneos para la comunidad trans y aliviábamos el peso de lo inerte de esta tierra”.

Cualquier día y a cualquier hora se le ve caminar el bulevar con el chancleteo de sus sandalias, esas que conocen la felicidad y la desventura, y casi hasta hablan. Con jeans bien desajustados, topecitos de colores, pelo largo –que ahora es corto– y una barba que mantiene siempre, también le llaman “la abuela de los gays”, no por anciano sino por todo lo que ha luchado para que se les reconozca en una sociedad donde el machismo todavía está enquistado.

La gente de su solar de 40 cuartos le admira y lo ve ir viernes tras viernes a El Bohemio para actuar y regresar solo con propinas. Los 100 pesos que le pagan por hacer arte son tan ínfimos como las condiciones de trabajo que les ofrecen. “El abuso que tienen con nosotros no sé ni cómo explicártelo”, me dice como quien tiene una carga encima y quiere soltarla.

“He viajado toda Cuba y, para ser realistas, en todas las provincias hay bares o cabarets con una programación diseñada y acorde para la comunidad LGBTI, con las condiciones necesarias. Aquí en Ciego pareciera que no existe esa conciencia ni ese arte. La mayoría, por no decirte todos los transformistas, porque hasta ahora solo se hacen show de hombres, no son profesionales. Un día citaron para la evaluación en Varadero y nos lo dijeron tarde, así que no ganamos por ninguna empresa de espectáculos ni somos representados por ninguna agencia. Todo lo que hacemos lo hacemos, como bien reza el dicho, por amor al arte”.

Mientras tomo apuntes de sus palabras insiste que copie bien a ver si algún día alguna persona de las que tiene que leer, lo lee y hace algo. “Una cosa es pajarería y otra cosa es arte. Te digo más, si fueran lo mismo también hay que defender nuestro espacio. Lo que hacemos tiene tanto valor como los espectáculos que les pagan cientos y cientos de dólares a bailarines o cantantes en la cayería norte”.

“¿Has ido a El Bohemio algún viernes?”, me pregunta como para certificar la valía de los argumentos que, durante toda la conversación, ha soltado como disparos. “No se trata de talento, el talento está en unos más que en otros, pero está. Lo que falta es gestión y respeto hacia nuestro trabajo. Llega a veces el desánimo y uno se cansa”.

Roly tal vez no sabe que las palabras nunca, nunca quedan en el aire por más que se digan bajito y que no está solo en esto, que todos ellos no están solos en esto, que nadie, nadie está solo en esto.

Más allá de las condiciones en cuanto al espacio físico que han logrado tener hasta ahora hacen falta condiciones legales, y 2020 promete cumplir algunas demandas pues le han dicho que hay probabilidades de obtener el aval por el Centro de la Música y los Espectáculos, Musicávila. Él cruza los dedos y toca madera.

Por el momento, ellos, ellas, elles, todos los días seguirán levantándose con los pies bien firmes para luchar por su pedacito, en el que la dicha se trasviste en la magia de Rita, cubanísima como la rumba de su apellido y la mujer que en Eva encarna la vida.

Este texto fue publicado originalmente en Q de Cuir y su autora es Yuliet Teresa VP. Se republica íntegramente en elTOQUE con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.