Rodillas remelladas, golpes, moretones y hasta una que otra factura son algunas de las cartas de presentación de quienes gustan del Skaterboarding o skate. Práctica que, como muchas otras, engrosa la lista de deportes extremos.

En Cuba no son pocos los aficionados a esta práctica que guarda estrecha relación con la cultura callejera. Barandas de escaleras, escalones, muros, bancos y parques son el principal escenario para los trucos de estos noveles que no sobrepasan en su mayoría los 25 años.

Sitios como el habanero parque G, la “Fuente de la Juventud” en las intersecciones de Primera y Paseo, o el patinódromo de La Ciudad Deportiva son puntos neurálgicos donde confluyen estos muchachos para perfeccionar sus técnicas, esas que, indiscutiblemente, desafían las leyes de Newton.

El “street” o calle, y el “vert” o rampa son las dos modalidades más conocidas del Skate. Sin embargo, es en la primera donde convergen más aficionados, adeptos que encuentran en espacios públicos un reto a los niveles de adrenalina que tienden a bajar ante los regaños de policías y vecinos.