No teme arriesgarse, aunque el futuro de su proyecto de vida ni siquiera dependa de una definición propia. Pedro Enrique Rodríguez Uz dirige la revista digital especializada en deportes, Play Off, y espera que de alguna manera una nueva Ley de prensa le ofrezca otras oportunidades, aunque eso de oficializar medios alternativos de prensa en Cuba probablemente no acontezca nunca.

A inicios de este año tuvo como una revelación mientras miraba el televisor. Lo había alcanzado la crisis de los treinta años sin sentirse satisfecho con alguna obra suya. Llamó a periodistas, consultó a amigos, revisó otras páginas en la web y no encontró una revista especializada e independiente dedicada al deporte cubano.

Graduado de la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual, del ISA, hizo cuatro documentales con cierto reconocimiento, pero eso no significó para él la realización personal. “Creo la principal dificultad de los jóvenes cubanos está en gastar veinte años de su vida en un trabajo y no lograr nada; he viajado, he podido quedarme en otro país y he regresado, más allá del dinero, necesitaba un proyecto por el cual me acostara cada noche agotado y satisfecho”, me cuenta.

Junto a Paola Rodríguez (la otra fundadora) al principio recibió muchos textos, buenos y malos, y a varios los descartó de plano. “Para publicar un trabajo exijo este se aleje del discurso oficial, de las construcciones ya gastadas y que sea totalmente original. Invierto mucho tiempo en la revisión de otras publicaciones para no repetir modos de hacer”.

Portada de un número de la revista Play Off

En marzo de 2015 salió en la web la primera edición de Play Off, con alrededor de noventa páginas y una publicidad experimental, casi gratuita. Según dice Pedro, la verdadera batalla de estas publicaciones la han tenido en el trato con empresarios. Cualquiera de los cinco miembros de su equipo salió alguna vez a contactar con dueños de gimnasios, spas, salones de belleza y hasta hamburgueseras. En un montón de ocasiones descubrieron que estos nuevos negocios no incluyen en sus presupuestos la promoción.

“Ninguno de nosotros vive de la revista, aunque representa un aliciente, mi idea es que vivamos de eso”, se pone a soñar.

El otro obstáculo para la supervivencia es la legalidad. “No somos legales, ni ilegales, somos alegales; nos distribuimos a través de un sitio web extranjero, que actualizo desde la WiFi del Hotel Riviera, y de El Paquete, y de este no se sabe ni qué cosa es. Ese limbo ya no nos favorece, estoy a favor de tener nuestro ISSN cubano y que la ONAT nos cobre un impuesto como sucede en el mundo entero”, explica.

Aunque algunos vacilen al principio, los dueños de negocios no encuentran donde publicitarse y al final acceden a poner sus anuncios en revistas como esta, confían en ellos y su conocimiento de las tecnologías. Sin embargo, los han contactado marcas cubanas para colocar anuncios en las páginas de Play Off, pero desisten de hacerlo a causa de la imprecisa condición legal.

“¿Cómo diriges, te impones?”- le pregunto – “Sí tienes que imponerte – me responde sin vacilar – cuando se cobra un poco más todo fluye mejor (se ríe) Somos amigos, medio frickies, como de la misma especie, ya hasta salimos juntos; pero me impongo trabajando más que los demás, mi vida ahora es trabajo y lo peor, llega el fin de semana y no sé qué hacer con el tiempo libre. Aprendí a divertirme trabajando”.

Arman el equipo ideal, actualizan las estadísticas de jugadores cubanos sin interesar el país donde estén, atienden la visualidad de su producto y eso engancha. Tanto así que una persona desconocida para el equipo consiguió la revista, la imprimió y vendió en su propia casa sin consultar a los creadores.

Como Pedro Enrique Rodríguez Uz, otros tantos buscan una manera de satisfacer al público con una creación menos dirigida desde un estamento institucional. Lo hacen, pero sobre ellos planea la incertidumbre de si su mejor jugada resultará… o no.