“Puedo asegurar que al menos en La Habana existen tantos o más jóvenes Otakus como reparteros, rockereos y demás tribus urbanas. Poca gente calcula el impacto del manga y la animación japoneses en la juventud cubana”. Con esas palabras Reinaldo Almanza, resume la razón por la cual él y su amigo Jesús Yáñez abrieron en 2016 Check Point (Punto de Chequeo), una tienda de artículos anime.

Figuras, en todos los tamaños, que reproducen en perfecto acabado a los personajes de One Piece, Astroboy, Naruto; disfraces, collares, peluches y demás accesorios relativos a la temática, exhiben los estantes del pequeño bazar sito en el corazón del municipio Cerro, en la capital.

“No escogimos esta línea de mercado por azar”, explica Reinaldo. “Llevamos años metidos en el universo generado por la industria del anime. Otaku, rarito en japonés, alude a las personas que, sin importar la edad, desarrollan una adicción por estas historietas en todas sus expresiones: cómics, series de televisión, películas, videojuegos, etc. La primera traba a la hora de montar el negocio fue la imposibilidad de sacar una licencia como lo que realmente somos una tienda. La solución fue reconocer a Check Point, como una marca propia, ante la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial (OCPI) y obtener una licencia de artesanos. Tenemos permiso para fabricar y vender pines, collares, jarras, llaveros, adornos, pisapapeles, etc. De ahí que nos veamos obligados a producir algunas de estas cosas, todos con motivos anime, pero que en realidad no son el fuerte de nuestra línea de mercado”.

La influencia del anime japonés en Cuba dobla la edad de los vendedores de Check Point. En los años 70, largometrajes como “El imperio submarino” y “Las aventuras del osito panda” barrieron taquillas en los cines de toda la Isla. En los 80, las películas “Voltu V”, “Taro” y “Ulises 31” arrasaron en la pantalla grande e inmovilizaron frente al televisor a los más pequeños de la casa. En las voces de reconocidos actores, como Fran González, Pedrito Silva, Rudy Mora, hablaron perfecto español los personajes de “El Castillo de los falsificadores”, “El pájaro de fuego”, “Cyborg 009”, entre otros.

En los 90, justo cuando estas producciones estallan en un boom internacional, el país entero vio palidecer entre apagones a “Ángel la niña de las flores”. De a poco dejaron de transmitirse. “Durante años, apunta Jesús, fue muy difícil conseguir materiales que recorrían el mundo. Solo veíamos las películas grabadas por los bancos particulares de video casete que pirateaban la señal extranjera con antenas parabólicas. Costaba mucho seguir una serie. Actualmente, la televisión cubana solo tiene pocos espacios dedicado al anime japonés, “X Distante” es el más reconocido. Por suerte, en el paquete semanal los manga-adictos tenemos una carpeta exclusiva, con más de 10 GB, donde adquirimos todas las propuestas finalizadas y en transmisión”.

“La gente nos mal cataloga. Nos llaman: viejos adictos a los muñequitos chinos”, agrega Reinaldo. “Somos mucho más que eso. Somos la expresión de la cultura Otaku, expandida a nivel internacional. Una comunidad de personas que incorpora la sabiduría de estos animados a su modo de vida. Existen Otakus a los que les gusta coleccionar objetos mangas. Otros visten como su personaje favorito. Estos últimos son los Cosplayer, de Cosplay (del inglés cost play, juego caro). Los Mangakas, por ejemplo, dibujan y escriben mangas, y así pudiera citarte otras tantas manifestaciones que nos identifican como comunidad”.

Check Point surge a partir de la necesidad de los Otakus de adquirir con mayor facilidad piezas para las colecciones que no se fabrican ni se comercializan en Cuba. Reinaldo y Jesús detectaron un nicho de mercado casi virgen.  Ambos jóvenes coinciden en que existen pocas tiendas como la de ellos en La Habana porque además de dinero y conexiones fuera de Cuba, se necesita conocer mucho sobre el mundo del anime y sus interioridades.

“Somos una comunidad con una identidad bien definida. Nos integramos en grupos. Son muchos en toda la Isla, no sé el número exacto. El nuestro, Nihon Bunka (Cultura Japonesa) está afiliado a la International Otaku Expo Association (I.O.E.A). Interactuamos todo el tiempo. Organizamos eventos, exposiciones, conferencias. En estos espacios de intercambio catalizamos la alta demanda de artículos anime. Aprovechamos los encuentros para vender nuestra mercancía.  La gente que no conoce la tienda nos pregunta dónde adquirir piezas sin tener que esperar otra jornada de reunión. Entonces hacemos marketing y conseguimos clientes. También nos anunciamos en el paquete de la semana y repartimos flayers”, explica Jesús.

De acuerdo con los propietarios la escasez de sitios de feria para la industria del anime en Cuba, los pone una situación privilegiada como negocio y como miembros activos de la cultura Otaku en la Isla. Check Point enriquece las prácticas de la comunidad que tiene como público.

Venden accesorios cien por ciento importados, principalmente de Japón, aunque también los adquieren en China y escasa veces en Estados Unidos. “Nos surte una persona que viaja al extranjero,” dice Reinaldo. “Compramos por cantidad los artículos de mayor salida y algunos encargos específicos. Nos afectan las políticas aduanales ya que no podemos pasar grandes cantidades en un mismo viaje por temor al decomiso. Tampoco podemos servirnos de la entrega por paquetería que hacen las tiendas donde compramos ya que encarece mucho la inversión y traerlos por barco demora demasiado.”

Check Point garantiza una oferta variada y estable con artículos de primera calidad. Foto: de la autora.

Juan Manuel Fernández, un Otaku habanero cliente de Check Point subraya la calidad y estabilidad de las ofertas. “Pasé años buscando un lugar donde encontrar piezas que quería coleccionar. No podía conseguirlas fuera del país. Visité otras tiendas de la capital como Otaku.va, pero solo ofertaban artesanías y manualidades relacionadas con el anime. Check Point vende de todo, incluso piezas originales de Good Smile Company, que vienen con sus sellos de autenticidad. Además, puedes hacer encargos”.

“Buscamos las mejores ofertas, subraya Jesús. También compramos mercancía original, un poco más cara. “Los precios de los artículos varían desde 1 CUC hasta más de 100, depende del objeto y la calidad de fabricación. Check Point cuenta con una clientela en ascenso: “Recibimos gente de todas partes, incluso extranjeros. A ellos les resulta más barato comprarnos a nosotros que adquirir la misma mercancía en sus respectivos países. Además, algunas personas buscan piezas fuera de nuestra línea, como artículos de doramas koreanos, en esos casos valoramos si nos conviene hacer el pedido. Otros vienen a comprar figuras de animados cubanos como los personajes de “Meñique”, una producción en 3D de Ernesto Padrón. No los vendemos porque ni siquiera los fabrican, pero sería muy bueno que se materializara”, dice Jesús.

Ambos jóvenes coinciden en que su “negocio es cada día más rentable porque la comunidad Otaku en Cuba crece a ritmos acelerados. Check Point tiene grandes metas por cumplir. Este año vamos por más”.