Hay procesos políticos que tienen banda sonora. El rock ha sido el embajador perfecto de algunas ideologías en el pasado, enseñanza que una Cuba abierta al mundo no puede pasar inadvertida. Bienvenidos a la época de los simbolismos y el déjà vu.

Por: Harold Cárdenas Lema

El 13 de agosto de 1989 Fidel Castro celebraba sus 63 años con la preocupación del que ve las barbas de su vecino arder, los soviéticos estaban al borde del abismo. No podía imaginarse que esa misma noche les darían un empujón más. Todavía se celebraba el cumpleaños del presidente cubano en La Habana cuando la banda de rock Scorpions toca en el Moscow Music Festival frente a 100.000 personas. Esa misma noche se escribió la letra de Wind of Change, banda sonora del derrumbe socialista europeo. Ahora que los Rolling Stones tocaron en Cuba frente a medio millón de cubanos sin que faltara la palabra cambio en el concierto, se siente que ya hemos visto esta película antes.

El buen arte es valioso sin distinguir del sistema político que lo engendra, una idea que incluso Lenin debió defender ante los extremistas que querían destruir los palacios y pinturas de los zares rusos. Cualquier argumento que busque excluir lo mejor de la cultura mundial de nuestro país apelando a la ideología que lo engendra, es de por sí absurdo. Tan absurdo como los que han marginado a la cultura cubana de los grandes circuitos por la misma razón. Aun así, no se puede ignorar que el arte puede tener una función política, sin que eso signifique su rechazo.

Los Rolling son un patrimonio mundial del que debimos disfrutar hace mucho tiempo, su reciente concierto es solo la primera de muchas deudas que debemos saldar en el futuro.

Estuve en el concierto, canté todas las canciones que conocía, salté con mis amigos durante dos horas y media.

Mirando sus sonrisas pensé cuánto nos merecíamos un concierto así, lo necesario que era.

Viendo tanta alegría pensé si esto podría ayudar a que los jóvenes se planteen un futuro en esta isla que vuelve a estar en el mapa. Agradecí a Mick y pandilla que nos dedicaran esta noche, lo asumí con buena fe. Pensando un poco en las palabras del presidente Obama que asegura como el futuro queda en nuestras manos.

Foto: Harold Cárdenas Lema

Les doy el beneficio de la duda, a Obama y los Rolling. Consciente de que Scorpions sí hizo política con sus canciones, que todavía hoy tocan en los cumpleaños de Gorbachov su canción sobre los vientos de cambio. Quizás en este concierto algún dirigente haya entablado amistad con Jagger, soñando ponerle banda sonora al derrumbe cubano y que los Stones toquen para él. Quizás sea cierto y estemos al borde del abismo, pero no iremos gentilmente a esa noche.

Cuba sí necesita cambios, un montón de ellos y no sólo económicos como repite el discurso oficial. Sin liberar nuestras fuerzas productivas no habrá normalización de relaciones con nadie que levante la economía nacional. Sin horizontalizar y transparentar las estructuras partidistas y gubernamentales, seguiremos vulnerables al voluntarismo y las decisiones unipersonales. Sin dar un salto cualitativo y empezar a hacer política más abiertamente, con las formas modernas de la comunicación, con los funcionarios públicos rindiendo cuenta de su gestión públicamente, no se generará el consenso necesario.

Los cambios son muchos y necesarios pero ¿eso es lo que esperan de nosotros los visitantes extranjeros?

A menudo me parece que la expectativa foránea es de lograr un cambio, uno solo, el de sistema político.
Si el día de mañana mis coterráneos deciden optar por otra forma de organización sabré respetarlo y quizás me vea convertido yo en opositor, el soberano sigue siendo el pueblo y la voluntad popular debe ser respetada. Pero que lleguemos allí por la escasez provocada desde fuera, producto de un plan de desestabilización o por una invasión cultural planificada con objetivos políticos, no puede ser.

Cantaremos Satisfaction en nuestros propios términos. Pero las casualidades en política son pocas o inexistentes, lo que existen son regularidades. Y el simbolismo de los Rolling luego de la visita de Obama, deja un déjà vu peligroso. O quizás es una medida de lo que viene en los próximos años.