Un texto de la viceministra primera de Educación Superior (MES) de Cuba, Martha del Carmen Mesa Valenciano, ha generado un intenso debate en días recientes.

En el fragmento más revelador, dice la también miembro del Consejo de Estado:

“El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario.”

La amenaza velada despertó reacciones de todo tipo entre los cubanos que se han asomado a este debate, de momento concentrado en las redes sociales. Haber sido publicada en el portal oficial del MES y republicado por el órgano oficioso del Partido Comunista, Cubadebate, dejó claro para muchos que no se trata de una simple opinión personal, sino de una política del gobierno.

Ante la pretensión de silenciar el disenso en las aulas universitarias, la diversidad de las respuestas demuestra que tamaña misión será difícil de lograr, o al menos de ejecutar, en silencio.

Por la utilidad de los criterios expuestos, en elTOQUE les compartimos (a manera de mini-dossier urgente) varias de las intervenciones que se han publicado esta semana en perfiles personales de redes sociales, blogs y medios de comunicación digitales.

Lic. Ernesto Wong García

Lic. Ernesto Wong García

Jefe del departamento de Francés-Portugués-Japonés de la Facultad de Lenguas Extranjeras en la Universidad de La Habana.

“En mi opinión, la Universidad tiene la responsabilidad social de garantizar que su claustro refleje fielmente la pluralidad del mundo. ¿Acaso uno de los logros de la Reforma Universitaria no fue transformar la Universidad de “torre de marfil” a institución social, comunitaria, inclusiva?”.

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Temamos a la discapacidad cívica, no a la salud del debate

 

Como joven profesor y cuadro universitario, pienso que uno de los componentes fundamentales de la experiencia universitaria para los estudiantes debe ser la confrontación de opiniones y vivencias distintas a las suyas. Considerar posturas contrarias o alternativas es la única manera en la que se puede evaluar críticamente, afianzar, matizar o descartar sus propias creencias y convicciones.

La universidad es una suerte de laboratorio social en el que, durante cuatro o cinco años, los estudiantes experimentan con el mundo. El profesor que presenta un pseudo-mundo singular y homogéneo, cuando el mundo real es infinitamente plural, está mutilando intelectual y emocionalmente a sus estudiantes, pues les amputa la capacidad de lidiar racionalmente con una sociedad llena de diferencias. Está formando discapacitados cívicos.

“Considerar una postura” no significa asumirla como propia, sino aceptar que existe y que no es errónea a priori, aunque al examinarla resulte estar profunda e irreparablemente equivocada. El profesor que presenta una única Verdad, absoluta, opuesta a un espectro infinito de posibilidades —al que a su vez tacha de errores, fuera del alcance de dudas y cuestionamientos—, priva a sus estudiantes de la capacidad de establecer un desacuerdo inteligente. También está formando discapacitados cívicos.

Pero quizás lo más importante que deben aprender los estudiantes universitarios es que ese que no está de acuerdo conmigo, ese que defiende una idea contraria o diferente a la mía, es tan humano como yo, con sus propias vivencias y experiencias, las cuales quizás no puedo ni comenzar a imaginar. La reducción del Otro a categorías como “contrarrevolucionario”, “traidor”, “mercenario”, “vendepatria” o, en el sentido contrario, “comunista” (cuando se usa en sentido peyorativo) o “arrastrado”, dibuja un mundo en blanco y negro hipersimplista que sólo existe en la mente de algunos.

Creo, dado que el propósito de estas categorías es aniquilar todo atisbo de empatía, que la reducción del Otro nos mutila también como seres humanos, pues es la empatía la que, evolutivamente, nos ha permitido construir grupos y sociedades, la que me permite existir como el ser social en el que tanto enfatiza el marxismo.

En mi opinión, la Universidad tiene la responsabilidad social de garantizar que su claustro refleje fielmente la pluralidad del mundo. ¿Acaso uno de los logros de la Reforma Universitaria no fue transformar la Universidad de “torre de marfil” a institución social, comunitaria, inclusiva?

El profesor universitario, por su parte, tiene la obligación moral de garantizar la confrontación de ideas y posturas, el desacuerdo inteligente, y de favorecer el intercambio mismo por encima de cualquier ideología particular. La razón es simple: al defender una ideología por encima de otras, el profesor nunca va a convencer a todos los estudiantes; pero convencidos y no convencidos tendrán que vivir en el mismo mundo y funcionar en la misma sociedad.

Tanto los cubanos que hoy atacan encarnizadamente al gobierno como los más incansables defensores de la Revolución nacieron, crecieron y aprendieron a pensar y a hablar en la misma sociedad. ¿No somos todos productos del mismo país, del mismo sistema de educación? Y, aun así, yo me deprimo cada vez que me tropiezo en Internet con algún “debate” entre defensores y detractores de la Revolución cubana.

En mi limitada experiencia, nunca he visto uno que merezca el nombre de debate, nunca una conversación donde ambas partes reconozcan la humanidad del Otro, nunca una confrontación de ideas; siempre una metralla de ataques personales, provenientes de ambos bandos, deshumanizantes y tristemente improductivos. En eso se convierte la mayor parte de las veces una conversación dominada por discapacitados cívicos, personas incapaces de convivir en un mundo plural, incapaces de desechar la creencia de que su opinión es La Verdad, incapaces de reconciliarse con el hecho de que hay quien piensa diferente.

Esa discapacidad cívica, esa falta de empatía, es la matriz en la que se gestan el racismo, la homofobia, la xenofobia, la misoginia, y es estremecedor pensar que la Universidad tenga algo de culpa en eso. Personalmente, me doy a la tarea de asegurar que mis estudiantes sepan que el mundo está lleno de ideas distintas, que cuestionar sus propias ideas no debería causarles ansiedad ni miedo; de asegurar también que tengan las herramientas para diseccionar y evaluar cualquier idea, incluyendo las mías y las suyas propias, y para expresar su desacuerdo de manera inteligente y productiva. El resultado será siempre una sociedad más fuerte, más saludable, que se conoce mejor y está más segura de sí misma.

Eso sí, hago un esfuerzo consciente por no imponerles jamás mi ideología. Es mi manera de luchar contra la discapacidad cívica y no pienso renunciar por ello a ser profesor universitario.

Con estas ideas, no es mi intención sumarme a los ataques en redes sociales de los que ha sido víctima la funcionaria en los últimos días, a partir de su polémica intervención y especialmente por este fragmento: “El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario”. Por el contrario, deseo que mi opinión sea recibida en el espíritu del debate abierto y saludable que debe caracterizar una sociedad con aspiraciones democráticas.

Publicado en Progreso Semanal (https://progresosemanal.us/20190822/temamos-a-la-discapacidad-civica-no-a-la-salud-del-debate/?fbclid=IwAR07EYIv0w-7YMNOqdACTrlqZhQsiMG1828N3T8NzMscmIVfADYNc7sdWhc)

“La viceministra primera del MES pretende que cumpliendo estas ordenanzas podamos “construir juntos una mejor sociedad”. La interrogante sería: ¿mejor respecto a qué?, pues si esa universidad que nos imponen —con profesores y estudiantes obedientes y acríticos—, hubiera educado a la Generación del Centenario, Batista habría fallecido de muerte natural rigiendo los destinos de Cuba”.

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Venceréis, pero no convenceréis

 

I

¿Palabras en las redes o redes en las palabras?

En Internet no ocurre lo mismo que en Las Vegas. Lo que pasa en el ciberespacio no se queda allí. Se difunde con rapidez, se socializa, se torna objeto de apoyo y/o de crítica; se analiza en los hogares, en las calles, entre amigos y colegas; potencia las polémicas y enriquece —o en ocasiones empobrece— el sentido común.

Por esa razón es tan importante sopesar las declaraciones que se hacen en esos medios. Sobre todo, cuando son sitios oficiales del gobierno. Allí dejan de percibirse como opiniones de un funcionario para visibilizarse ante la opinión pública mundial como políticas de Estado.

El sitio oficial del Ministerio de Educación Superior (MES) publicó hace pocos días, bajo el titular: “Ser profesor universitario”, la desafortunada declaración de la viceministra primera de ese organismo, Martha del Carmen Mesa Valenciano. La funcionaria podrá ser muy hábil en otros sentidos, pero no en el de la diplomacia.

Mientras el Ministerio de las Comunicaciones intentaba una negociación —cierto que con presiones incluidas—, para minimizar tiranteces con las personas implicadas en la creación de SNET; el MES, con esta declaración sobre el rol de los profesores en la universidad cubana, reivindicaba los viejos y buenos tiempos de la Inquisición.

En el primer caso se pactaba sobre redes creadas para el juego y el esparcimiento, indudablemente necesarias. En el otro se tendían lazos más terribles, pues su función es inmovilizar el pensamiento e impedir la crítica. Todo parece indicar que se puede llegar a un acuerdo sobre lo primero, pero no sobre lo segundo.

 

Varias personas han acusado de estalinismo explícito las declaraciones de Mesa Valenciano. Sin embargo, para ser justos, son mucho más que eso…

II

Diferentes e iguales, iguales y diferentes

Las ideologías pueden diferenciarse marcadamente en dependencia de las clases sociales que las sostienen y, sin embargo, parecerse de acuerdo a su nivel de tolerancia. La intolerancia ideológica y política no es exclusiva de un sistema social. Ejemplos hay demasiados que sostienen esta tesis, algunos cercanos en el tiempo. El fascismo, el franquismo, el estalinismo o el macartismo tienen abismales diferencias; pero es precisamente su intolerancia a la libertad de pensamiento lo que los identifica.

No importa si se habla en nombre de Dios, de la Patria, de la Libertad, de la Revolución o de la Moral. Cuando esto se hace en actitud de único dueño de la verdad y negando la posibilidad de la discrepancia, será algo reprochable y será totalitarismo; que los hay de derechas y de izquierdas como la historia ha demostrado[1].

La viceministra primera del MES comienza por referirse a una profesora que fue “expulsada de su centro”, pero el mensaje que transmite es de alcance colectivo y revela una clara advertencia: “En cada día, en cada respuesta, en cada frase, se es profesor universitario, y es una condición que se gana y que se puede perder”. Tal declaración es, en esencia, una amenaza sin adornos.

Estas son algunas de las exigencias del MES a sus profesores: “respeto a las decisiones”, evitar “posiciones contrarias a nuestros principios revolucionarios”, defender “a ultranza cada paso que se da en la Revolución”, abstenerse a criticar haciendo “llamado a los derechos humanos” desde la academia, no confundir a los alumnos al mostrarles “un camino erróneo de ataque desagradable en los medios”.

“El profesor universitario crea seguridad entre sus estudiantes, logra lo posible. ¡Ser profesor universitario es respeto, es optimismo, es confianza!”.

La pretensión de transmitir seguridad, confianza y optimismo ha sido común a ideologías antitéticas. Así se planteó en una discusión, promovida en 1963, entre Blas Roca, secretario general del Partido Comunista, y cineastas cubanos. El primero, desde las páginas del periódico Hoy, se oponía a la proyección de ciertas películas pues, en su criterio, ellas podrían sembrar dudas entre los espectadores.

Su postura motivó una respuesta, que publicara el periódico Revolución, donde los directores del Departamento de Programación del ICAIC comparaban cuál debía ser la función del cine para el Papa Juan XXIII (“Enseñar al pueblo, educarle, recrearle, divertirle); para el Código Hays, que en los años treinta ejerciera la censura cinematográfica en Hollywood (“Forjar caracteres, desarrollar el verdadero ideal e inculcar rectos principios, bajo la forma de relatos atrayentes, proponiendo a la admiración del espectador hermosos ejemplos de conducta”); y para Blas Roca,  (“una obra de divertimento, de recreo alegre, ligero, que ayuda al descanso”).[2]

Realicemos similar ejercicio comparativo entre las susodichas declaraciones del MES y otras perspectivas ideológicas. Para la viceministra primera: “El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario”.

Si revisamos la ley aprobada por el franquismo el 29 de julio de 1943, para normar la docencia en las universidades españolas, constataremos que “El rector debía ser miembro de la FET y de las JONS”[3] y a los profesores universitarios se les exigía para ejercer “una certificación de la Secretaría General del Movimiento [Falangista, único permitido]  que acreditase su adhesión a los principios del Estado”.[4] La universidad española debía inculcar una serie de valores que se pueden resumir en: exaltado patriotismo, obediencia a Franco y a las autoridades.

Es cierto que, como afirma el autor del citado artículo, en la Península, la intensa represión contra los docentes se realizó a través de dos mecanismos: “la liquidación física y la depuración”. En Cuba no se utiliza el primero de ellos, pero sí el segundo.

En Estados Unidos, durante los años cincuenta, numerosos profesores universitarios que simpatizaban con ideas comunistas o de izquierda fueron presionados. Ehsan Masood es un reportero que ha realizado una investigación acuciosa sobre las víctimas universitarias de Joseph McCarthy.

Por su parte, la historiadora Ellen Schrecker, experta en la era del macartismo, relata:

Un agente del FBI visitaba la oficina de un gobernador o del presidente de una universidad y les entregaba un pedazo de papel que siempre se especificaba en los registros del FBI y llevaba una marca de agua que decía «memo ciego no rastreable».

Simplemente contenía el nombre de alguien y todas las asociaciones incriminatorias que tenía esa persona, con la expectativa de que a esa persona no se le diera la titularidad de un cargo, no se le renovara su nombramiento y se facilitara silenciosamente su partida. No había un registro escrito de que el FBI había estado allí[5].

Demasiados subterfugios. En el MES las cosas se ventilan abiertamente: o se callan o se van, viceministra primera dixit.

III

Cuando ganando se pierde

Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español, rector de la universidad de Salamanca, inicialmente había respaldado la sublevación franquista, pero ante sus crímenes se había decepcionado, participaba en un acto por la apertura del curso de dicha institución, el 12 de octubre de 1936. En su discurso expresó: “no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, ese odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora, inquisitiva (mas no de inquisición)”.

Ante los gritos de los falangistas, el general franquista Millán-Astray, que encabezaba el acto vociferó: ¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte! Unamuno continuó su discurso y pronunció la famosa frase que tiene tanta vigencia ahora en Cuba como entonces en España: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho (…)”.

El Ayuntamiento lo depuso como concejal y argumentó en el acta de expulsión: “no asentó afirmaciones, sino propuso dudas corrosivas”.

Grave delito también para la viceministra primera del MES que deplora la “crítica ácida”.

Como bien afirma el doctor Julio Antonio Fernández Estrada: “En el Estado de Derecho que empezamos a experimentar, el pluralismo político debería ser un principio, pero eso no quedó dentro de la Constitución. Hay que asumirlo como una derrota de la democracia. Como mismo tanto se ganó en algunos derechos, también es justo que recordemos que se perdió o no ganó el derecho a pensar políticamente diferente al Estado y al Partido y no ser discriminados por esto”[6].

La viceministra primera del MES pretende que cumpliendo estas ordenanzas podamos “construir juntos una mejor sociedad”. La interrogante sería: ¿mejor respecto a qué?, pues si esa universidad que nos imponen —con profesores y estudiantes obedientes y acríticos—, hubiera educado a la Generación del Centenario, Batista habría fallecido de muerte natural rigiendo los destinos de Cuba.

Para contactar con la autora: alinabarbara65@gmail.com

[1] El término «totalitarismo» fue acuñado por Benito Mussolini, que propuso el eslogan: «todo en el estado, todo para el estado, nada fuera del estado, nada contra el estado».

[2] Graziella Pogolotti (compilación y prólogo): Polémicas Culturales de los 60, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2006, p. 155.[3] Falange Española Tradicionalista y de las JONS [Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista].[4] Eduardo Montagut: “La educación en el franquismo”, descargado de: nuevatribuna.es, O1/02/16.[5] Redacción BBC NEWS Mundo: “Los inéditos testimonios de intelectuales que sufrieron el mayor caso de vigilancia masiva en la historia de EE.UU. del siglo XX”, consultado en www-bbc-com.cdn.ampproject.org.[6] Julio A. Fernández Estrada: “¿Y mi Morena? Ideas sobre el pluralismo político en Cuba”, Tomado de eltoque.com, 19/08/19.

Publicado en el blog La Joven Cuba (https://jovencuba.com/2019/08/21/vencereis-pero-no-convencereis/)

Alina B. López Hernández

Alina B. López Hernández

Doctora en Ciencias. Profesora, ensayista y editora.

Carlos Alzugaray

Carlos Alzugaray

Ensayista, diplomático y profesor cubano.

“[…] por cuestión de principio y como profesor universitario revolucionario que me considero, me opongo a cualquier medida que coarte la libertad académica y de expresión en contextos universitarios”.

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Sobre el artículo de Alina B. López Hernández

Me parece excelente este artículo de Alina Bárbara López Hernández, el cual suscribo en su totalidad. Si alguien no lo ha leído aún, recomiendo su lectura. Tiene toda la razón en criticar de manera ponderada pero enérgica el grave error cometido por la Viceministra Primera del MES. No tengo elementos suficientes para pronunciarme sobre el caso de la profesora expulsada, pero por cuestión de principio y como profesor universitario revolucionario que me considero, me opongo a cualquier medida que coarte la libertad académica y de expresión en contextos universitarios.  Para ello me baso en alguien cuya condición de Profesor universitario revolucionario no puede ser discutida pues ejerció la profesión docente y fue un revolucionario sin tacha mucho antes de que la mayoría de nosotros hubiéramos nacido, Raúl Roa García. Aquí reproduzco un párrafo sacado de su Historia de las Doctrinas Sociales, texto que produjo cuando impartía la materia en la Universidad de la Habana:

“En la historia de las doctrinas sociales hay que penetrar con el ademán sereno y la pupila limpia de prejuicios y su exposición académica debe estar presidida por la más pulcra objetividad. En ningún terreno, como en el de nuestra ciencia, son tan múltiples y variados los criterios, las perspectivas y las soluciones propuestas. Cada estudiante queda, por consiguiente en libertad absoluta de adoptar el que estime por conveniente o de no adoptar ninguno. Ni se propone ni se impone: se expone. El espíritu científico y la intolerancia son incompatibles. El espíritu científico se nutre y enraíza en la libertad de investigación y crítica. La intolerancia – ‘esa extensión hacia fuera del dominio exclusivo ejercido dentro de nosotros por la fe dogmática’ – intoxica la inteligencia, deforma la sensibilidad y frustra la actividad científica, que es impulso libérrimo hacia la conquista y posesión de la libertad.”

Publicado en su muro de Facebook: https://www.facebook.com/carlos.alzugaray.3/posts/3554729371219107

“De modo que no se trata de la expulsión de un profesor u otro, o de la reacción honesta ante un escrito banal. Se trata de la dignidad y el decoro que nos merecemos todos, que nos debemos todos, y de que el ciudadano en Cuba no tenga que apartarse ante la injusticia, el despotismo y el vicio de la autoridad celosa de la libertad, o no habrá valido la pena una lágrima de nuestras madres ni la sangre de nuestros ancestros”.

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El doctor en Ciencias Jurídicas, René Fidel González, comenta en el blog de Silvio Rodríguez

Silvio. Con respeto le escribo a su espacio. No creo que algunos de los comentarios traten sobre una funcionaria pública, o algo que escribió, la esencia es otra.

Durante casi 17 años ejercí como profesor de Historia del Derecho hasta que por solicitud de esa misma funcionaria el actual Ministro dictó Resolución que me privó ilegal e ilegítimamente de mi condición de profesor. Como jurista intenté que la Fiscalía atendiera el caso. Después de los primeros pasos, ellos callaron hasta hoy. Calló la Fiscalía General. Luego la Fiscal General y por último el Presidente de la República. Todo eso violando las leyes que organizan y rigen el trabajo de las instituciones y la letra de ya dos Constituciones.

Quizás sea un detalle pequeño que sea yo comunista, que no me amargase y volviese un resentido, o me retirara a rumiar odios y cobardías. Lo que no lo es que mis estudiantes, los miembros de varias generaciones que están aún en la Universidad y me acompañan, u otros que son fiscales, jueces y abogados y profesores sean defraudados de la manera en que lo han sido.

Ellos, profesionalmente, están capacitados para entender cuando se viola el Derecho y han visto privilegiadamente por ello el accionar infructuoso de todo en lo que ellos creen y enseñan a creer. Yo apenas he sido consecuente con lo que enseñé en mis clases.

Aún no acaba. Dentro de muy poco habrá una Ley de desarrollo constitucional por la que se podrá demandar a nuestros funcionarios públicos por violaciones de la Constitución y lo haré, por la misma consecuencia.

El próximo año el primero de mis hijos empezará a estudiar Derecho, cómo lo podré mirar a los ojos sin dar esa pelea por todos nosotros y el Estado de Derecho? Cuál sería mi legado a él y el culto a mis padres si no lo hiciese?

De modo que no se trata de la expulsión de un profesor u otro, o de la reacción honesta ante un escrito banal. Se trata de la dignidad y el decoro que nos merecemos todos, que nos debemos todos, y de que el ciudadano en Cuba no tenga que apartarse ante la injusticia, el despotismo y el vicio de la autoridad celosa de la libertad, o no habrá valido la pena una lágrima de nuestras madres ni la sangre de nuestros ancestros.

Le ruego me disculpe. No tengo otra forma de comunicarme que no sea así. No tienen que ser público entonces estas palabras.

21 de agosto de 2019, 23:13

https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2044430452931794159&postID=8672510280912557817&isPopup=true

René Fidel González

René Fidel González

Doctor en Ciencias Jurídicas

Alfredo Pita Hernández

Profesor y Doctor en Ciencias

“Si deseamos rescatar el nivel académico de nuestros centros de educación superior y que alcancen el nivel técnico científico de punta en el mundo, como debe ser la aspiración de todos, creo que lo primero es trabajar en la tecnología y en la innovación científica, como dice el Profesor Montero, que es lo más preciso con que se trabaja”.

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Un doctor en Ciencias comenta tres veces en Cubadebate

Buenos días:
El artículo de Martha del Carmen Mesa Valenciano me toca de cerca pues soy Profesor Auxiliar de la enseñanza superior en Cuba, con más de 25 años de ejercicio docente frente al alumno y más de 30 años de ejercicio de la profesión en la esfera productiva..
No coincido 100 % con su artículo, aunque respeto su posición. Cuando ella dice :
«Ser profesor universitario lleva el requisito del estudio constante, superación continua, actualización diaria de la problemática del país y de su especialidad, intercambio frecuente, respeto a las decisiones, defensa de nuestras raíces, nuestra historia, nuestra cultura, nuestros principios». Yo le añado algunas palabras intercaladas sin modificar mucho su párrafo:
«Ser profesor universitario lleva el requisito del estudio constante, superación continua, actualización constante del estado del arte en el país y en el mundo sobre todo en su especialidad, pero teniendo un nivel de información sobre la vida política, económica y social de su país y también del mundo. Debe participar en intercambios frecuentes y en eventos nacionales e internacionales, para tener los conocimientos suficientes e imprescindibles para enseñar. Y cuando el docente universitario enseña, debe hacerlo en correspondencia primero, con la ciencia, no con la política. La política no podrá anteponerse nunca, jamás, a la instrucción especializada basada en el conocimiento científico, que es científico porque ya fue comprobado. Ud como docente universitario puede o no apoyar tendencias políticas sobre aspiraciones y deseos de modelos económicos y sociales más justos o menos justos, más democráticos o menos democráticos. Esa puede ser su afiliación política, pero está en el deber ético de enseñar lo ya comprobado por la ciencia, no el deseo de los hombres.
No creo que los medios deban publicar que «El que no se sienta activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas, debe renunciar a ser profesor universitario». Tengo que respetar para que publiquen la opinión, pero me parece una expresión de total fanatismo, que llama a renunciar, sin apego a basamento científico alguno.
Si deseamos rescatar el nivel académico de nuestros centros de educación superior y que alcancen el nivel técnico científico de punta en el mundo, como debe ser la aspiración de todos, creo que lo primero es trabajar en la tecnología y en la innovación científica, como dice el Profesor Montero, que es lo más preciso con que se trabaja.
Gracias. Me gustaría extenderme un poco más, pero correría el riesgo de que no se publique la opinión.
II
Buenos días.
Al parecer el primer comentario que hice, donde explico desde mi posición de docente universitario y revolucionario, que en el pregrado universitario la preparación técnica (la instrucción especializada) debe ir siempre primero que la política, no gustó a los censores del sitio y no la publicaron. El artículo de la Dra C. Martha del Carmen Mesa Valenciano, Viceministra Primera del MES, diputada y Miembro del Consejo de Estado, como funcionaria de primer nivel del Partido y el Estado cubanos, no escribe un documento de opinión. Escribe sobre una política de Estado y de Gobierno que ella, por los altos cargos que ocupa, representa. Las políticas de Estado resultan algunas buenas y otras malas, aunque el deseo no sea ese. No debemos obligatoriamente pensar que todas las Políticas de Estado aplicadas son correctas, pues si fuera así, los resultados a esta fecha, del socialismo cubano que construimos, fueran mejores, amén del bloqueo, responsable de casi todas nuestras desgracias.
Respeto la opinión de la Dra. Martha, pero es importante que a estas alturas la sociedad cubana y en especial los medios masivos de difusión, se vayan adaptando a que existen opiniones diferentes a lo que dicen las Políticas de Estado y que deben ser respetadas.
Yo soy docente universitario (Profesor Auxiliar) y pienso que lo que necesito formar en primer lugar es un INGENIERO COMPETENTE, acorde con el estado del arte en Cuba y en el mundo. Que pueda ser un buen ingeniero en cualquier lugar del país y del planeta dinde le toque vivir por misión internacionalista o por deseo propio. En segundo lugar le trasmito los valores de la Revolución Cubana para que las valore y apoye. Mi resultado como docente sería un fracaso si gradúo un buen político y mediocre ingeniero.
Gracias. Respeto a todos, me publiquen o no.
III
Buenos días:
Es la tercera vez que comento sobre este trabajo. Nunca lo había hecho antes. Y fijaré mi posición, después de leer la primera entrega de la declaración del ISDI en Facebook.
Hay dos cosas para mi, que aunque están asociadas son totalmente diferentes:
1era: Según la declaración del ISDI, Omara Ruiz Urquiola, a quien no conozco, no se comportó con la ética y responsabilidad de un profesor universitario, donde el apego a la verdad, la honestidad y la transparencia deben ser parte inseparable de su conducta diaria tanto frente a sus alumnos como sus compañeros de trabajo, docentes y no docentes. Y cuando digo apego a la verdad, no me refiero a la verdad relativa que pueda estar politizada. Me refiero a la verdad que tienda a ser absoluta. Y el ISDI asegura en esa primera entrega un total de 6 mentiras comprobadas.
Para mi es obvio que un docente universitario tiene como primera misión instruir con el máximo de calidad posible a sus alumnos según el estado del arte en el país y en el mundo. Además, en un sistema social como el nuestro, donde la política en lo social se defiende sola, pues hasta los enemigos reconocen que nuestros problemas están en la economía, pero que las ideas en lo social son nobles y más equitativas que en la mayoría de los paises del mundo, creo que también es importante enseñar eso a los estudiantes, muchos de los cuales llegaron a las aulas universitarias precisamente gracias a esos programas educacionales que tenemos. Pero dejar claro que aunque Ud tenga ideas políticas diferentes, el centro de trabajo estatal no lo contrató para estar haciendo campañas difamatorias del sistema, ni estar mintiendo para denigrar una Universidad de prestigio en el País. En una comparación sería como el perro que muerde la mano de quien le está dando de comer, sea el amo o no. Hay que saber respetar las instituciones legales aunque Ud piense de otra forma. Por lo tanto, en mi opinión, el caso de Omara Ruiz Urquiola lleva un tratamiento administrativo por violación de la ética elemental que debe practicar un docente universitario.
El derecho a la defensa de nuestro sistema social, que la mayoría del pueblo aprobó, con virtudes y defectos, con errores e ineficiencia, con más o menos democracia según opiniones, con el deseo permanente de mejorar, pero que se ha mantenido asediado siempre por el enemigo, es un derecho que nunca dejaremos de ejercer.
2do: Después de tener información sobre el caso Omara, puedo entender un poco mejor la declaración (porque realmente lo considero así) de la Viceministra Primera del MES, Dra C. Martha del Carmen Mesa Valenciano. Porque lo que hace la Dra es una Declaración de Política de Estado sobre el deber de los profesores de la enseñanza superior, precisando con toda nitidez lo que no se permitirá. Y apoyo 100 % la esencia de la declaración de la Viceministra, aunque no comparta, como expresé en las anteriores opiniones, textualmente todo su contenido. Creo que se le fue un poco la mano y sería bueno, ya que ella no debe disponer de tiempo, que alguna de sus subordinadas leyeran todas las opiniones de los foristas y le prepararan un resumen sobre la amplitud de posiciones asumidas. Ya hoy al pueblo no se le puede hablar con el lenguaje de los años 60, porque los cubanos constituimos un pueblo culto, gracias a la propia obra de Fidel y nos damos cuenta rápidamente cuando se abre la democracia, cuando se cierra, cuando se imponen conductas impropias y cuando nuestros dirigentes se equivocan en su andar diario, por la compleja construcción de este modelo de izquierda que aún no ha podido estabilizar su economía, pero que personalmente espero que lo logre.

Gracias. Pasen buen día

Ser profesor universitario

“La Viceministra está generando con esta declaración un precedente funesto en el tratamiento a cualquier diferencia de pensamiento, ilógica, desmedida e innecesaria, dentro de una universidad que debe ser un vórtice de ideas diversas, heterodoxas, herejes”.

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Opinión de Maikel Pons Giralt, publicada en el muro de Facebook del Ministerio de Educación Superior

Soy profesor universitario y militante del PCC y como principio revolucionario NO CONCUERDO con la expulsión, purga, o acoso institucional a personas que no les sea probada causa o delito alguno en el ejercicio de sus deberes y funciones.

Si piensan diferente a nosotros lidiemos con ellos con ideas, estatura moral e intelectual, ejemplo y ética, con argumentos sobrados, con más investigaciones en las ciencias sociales, la apertura de más espacios de debate y construcción colectiva.

La Viceministra está generando con esta declaración un precedente funesto en el tratamiento a cualquier diferencia de pensamiento, ilógica, desmedida e innecesaria, dentro de una universidad que debe ser un vórtice de ideas diversas, heterodoxas, herejes.

Hoy decimos que son los “contrarrevolucionarios” los que necesitan “excluirse” mañana puede ser la patente de corso para también excluir a los que no estemos de acuerdo con la corrupción, con los métodos indebidos, con la arrogancia, con el tráfico de influencias, con el burocratismo y la altanería pequeñoburguesa y colonizadora de las prácticas revolucionarias, docentes, investigativas y académicas.

No soy inocente, ni pulcro, ni santo, y sé perfectamente a los peligros que hoy y siempre nos hemos enfrentado pero perder el camino por seguir en el camino es una práctica alejada de una dialéctica revolucionaria.

El socialismo y la Revolución se construyen con métodos de izquierda y de fomento del pensamiento crítico/revolucionario no generando estados de paranoia colectiva donde las personas tengan que ser “parametrizadas”, ni la Viceministra, ni los Rectores, ni ningún funcionario público pueden violar la Constitución, el Código Penal y el sistema de leyes, la universidad es de los cubanos/as no solo de los que “clasifiquemos” como revolucionarios/as. Basta ya de insolencias, excesos e imprudencias que solo descalifican a un proceso de justicia social que nos pertenece a millones.

Ya superamos los 70s y el Quinquenio Gris, aunque todavía las heridas sangran, ahora es tiempo de que no continuemos conflictuando y generando distorsiones y conflictos que a la larga se convierten en antagónicos y laceran el espíritu de la nación. No estamos en condiciones de eso, necesitamos mesura, prudencia, sensatez.

Ruego que el que lea esto no lo haga desde los extremos porque sigo siendo el mismo y tengo muy claro cuál es mi punto. Quiero en Cuba Socialismo y Revolución pero eso no puede continuar siendo una tendencia a burocratizar y tecnocratizar la ideología revolucionaria y el espíritu crítico en las universidades, con la excusa de que todo el que piensa diferente y discute es un “asalariado” del imperio. Saludos cordiales.

https://www.facebook.com/CubaMES/posts/1607960749335106?comment_id=1613083352156179&comment_tracking=%7B%22tn%22%3A%22R%22%7D

Maikel Pons Giralt

Maikel Pons Giralt

Profesor universitario

Medardo Antonio Rodríguez

Medardo Antonio Rodríguez

Programador cubano

“Un profesor es quien define su ética en la defensa de sus estudiantes, de su buena formación para la vida, es quien no acepta que ser disciplinado significa defender a alguien por encima del bien de sus alumnos.

Un profesor debe “defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio”.

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Respuestas y más preguntas, de Medardo Antonio Rodríguez

Creo que nadie le ha respondido las preguntas a la vice-ministra primera, creo que todo el mundo por respeto se lo merece, aquí van las mías.

¿Qué es ser profesor universitario?

Un pilar de formación, es ejemplo, es quien debe enseñar justicia, y conceptos de “igualdad y libertad plenas”, es quien siempre en todos los lugares exige “ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”. Un profesor NO debería “mentir jamás”, y el fraude es la forma más bochornosa de mentir, el mayor es que se exija graduar estudiantes sin buena preparación para cumplir metas.

Un profesor es quien define su ética en la defensa de sus estudiantes, de su buena formación para la vida, es quien no acepta que ser disciplinado significa defender a alguien por encima del bien de sus alumnos.

Un profesor debe “defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio”.

¿Se podría ser un profesor en Cuba lejano a las políticas del país?

NO, nunca, ni en Cuba ni en ningún país. Un profesor debe ser impulsor de las buenas políticas, las justas; y también tiene el deber de combatir las malas políticas.

¿Se podría ser un profesor que no defienda a ultranza cada paso que se da en la Revolución?

SÍ, esencialmente un buen profesor es aquel que NUNCA defiende a ultranza nada, es aquel que todo lo analiza y lo valida. Es quien combate siempre los pasos que han provocado penurias en la población, es quien se opone con fuerza a lo mal hecho por todas las instancias. Muchos robos y malversaciones de altos funcionarios se hicieron por quienes decían estar “dando pasos por la Revolución”.

¿Será que la crítica ácida que se realiza a cada instante es considerada autonomía universitaria?

¡¿Será?! O será que cualquier crítica es atacada como “ácida”, o será que al que critica se trata de apartar para que no moleste, a será que a los que critican y se defiende se les acusa de contra-revolucionarios. ¡¿Es que estos métodos de chantaje y extorsión, muchas veces esgrimidos desde la sombra, es la única forma posible de defensa de la Revolución?!

Alguien verdaderamente revolucionario es aquel capaz de “luchar con audacia, inteligencia y realismo”. Quién ataca desde posiciones de poder, sin razonar, siendo injustos; esos NO.

¿Será que la manera de abordar la crítica haciendo llamado a los derechos humanos es el camino desde nuestra academia?

Hacer cualquier llamado desde el oportunismo está MAL; aprovechar situaciones y conflictos para atacar y destruir, es MUCHO PEOR. Sabemos que todo eso sucede. Pero NO justifica cometer injusticias con nadie, no es justificación contra los que piensan distinto. A los seres humanos sólo se les ataca cuando hacen daño. Cuba dice defender los derechos humanos, así que SÍ, un buen profesor debe abordar, no sólo la crítica, sino todo lo que haga, haciendo llamados a defenderlos.

No podemos alejarnos, en ninguna de nuestras posiciones, expresiones, declaraciones que se es profesor universitario en cada instante, con ética y con la profesionalidad pedagógica siempre presente.

  1. Todos tenemos derecho al descanso, a disfrutar con libertad de nuestra vida privada, y hasta en entornos sociales. Todos los seres humanos debemos comportarnos con principios y disciplina en todos las formas públicas o sociales de nuestra vida. Un comportamiento incorrecto de cualquier ciudadano en un entorno ajeno a su centro de trabajo, debe ser atacado por las instancias correspondientes, como la policía. Le corresponde a los altos centros de estudios sólo evaluar con justicia y sin sesgos la calidad profesional y moral del personal que contrata. Deben haber regulaciones, por ejemplo, que especifiquen “no tener antecedentes penales”, entonces las autoridades universitarias no serían responsables de una baja causada por una causa bien formalizada en los contratos generales de trabajo.

Esto se parece mucho a cuando sancionaban a militantes del partido por ser infieles en su matrimonio.

En Cuba hay profesores con poca preparación, he visto a muchos hablando mucha mierda del sistema en su vida privada, pero siempre asistían a todos los actos revolucionarios (al menos hasta que pasaran la lista). Muchos hasta arengaban a las multitudes encima de una tribuna, diciendo consignas con un altavoz, … éstos nunca fueron cuestionados, al menos hasta que algunos salieron del país, no regresaron, y desde la cómoda posición “del exilio” hablaban más fuerte entonces en contra.

En los comentarios que he visto en CubaDebate, algunos acusan a la profesora del ISDI de una supuesta incapacidad para ejercer esa profesión. Semejante tontería, tiene que ser dictada. ¡¿Las autoridades del ISDI no evaluaron su capacidad antes de contratarla?! ¡¿Van a hacerle lo mismo a todos los profesores y maestros que no se evalúen bien en las condiciones que está el país?! ¡¿Esas personas no tienen hijos en las escuelas, no se ocupan de saber qué están estudiando éstos, no se encuentran disparates mayúsculos en “las enseñanzas” de los maestros?! ¡¿Ya no se acuerdan del “paso de la Revolución” de los maestros emergentes?! ¡¿Será que Cuba es una Matrix como la película, en qué lugar vive esa gente?!

Se es profesor universitario para enseñar la crítica oportuna, constructiva, aportadora, de apoyo y de construir juntos una mejor sociedad.

Una sociedad mejor es la que nunca permite injusticias.

Los procedimientos erróneos, las malas acciones de cuadros, de funcionarios, de dirigentes hay que combatirlas ¡Sí! ¡Siempre serán combatidas!, pero no podemos confundirlas con irrespeto ni con posiciones contrarias a nuestros principios revolucionarios.

NO, no se combaten casi nunca.

En Cuba hace mucho tiempo que no se puede combatir todo la mal hecho porque todo el que quiere desayunar tiene que cometer altos ilegales. No es posible alimentarse y vestirse con el salario de un médico, un maestro, o una vice-ministra primera. La gente que más se aleja de cometer ilegalidades, tiene “asignados” carros para trabajar, con los que resuelve sus problemas personales, almuerza en su trabajo, “consigue” cosas (ahora le dicen así) como parte de sus funciones, se adjudica viajes, o recibe remesas de familiares que “traicionaron la patria”. Pero este no es el problema, todos tenemos que sobrevivir la crisis de alguna forma. De lo que se trata es de que estén siendo selectivos con los que molestan a los que están en el poder en cualquier instancia, no importa cómo piensen ni lo bien que se porten.

Yo no conozco a casi nadie con ideas más revolucionarias, socialistas, humanistas, y de izquierda que Julio (Antonio Fernández Estrada) y su padre.

Publicado en el blog de Merchise (https://merchise.wordpress.com/2019/08/21/respuestas-y-mas-preguntas/)