Con solo 14 años, Nolbet Ramón Zayas Cruz sufría una insuficiencia renal crónica en fase terminal. Luego de 18 meses de incertidumbre para el adolescente y su familia, apareció un riñón compatible perteneciente a un niño fallecido a causa de un aneurisma[1].

Cuando el hijo de Gloria Labrada González[2] murió debido a un accidente en carretera, sus órganos salvaron la vida de siete niños, gracias a que, aun en medio de un dolor indescriptible, ella autorizó que se convirtiera en donante.

La donación de órganos asociada a la muerte cerebral es un tema espinoso e incómodo de cuya polémica no escapa Cuba. Su vinculación directa con la pérdida de un ser querido provoca que sea evitado e, incluso, poco abordado en medios de comunicación, redes sociales e instancias educativas y cívicas, con excepción de las de Salud.

Sin embargo, la actitud de los cubanos hacia estos temas parece ser favorable. Al menos así lo reflejan investigaciones realizadas en Cienfuegos, La Habana y Santiago de Cuba por equipos multidisciplinarios procedentes de España y México, publicadas en la revista científica Transplantation Proceedings[3].

Si bien las tasas de donación de la población cubana son significativamente más bajas que las de los países occidentales, las causas parecen estar asociadas a dificultades de carácter estructural, vinculadas al proceso de donación y trasplante de órganos, más que a una cuestión de poca sensibilidad por parte de los cubanos.  De las 636 personas encuestadas en Cienfuegos al respecto, el 71% (453) se mostró a favor de donar sus órganos después de la muerte. En La Habana, de una muestra de 920 encuestados, la actitud hacia la donación cadavérica fue favorable en un 68%. Mientras, de los 455 ciudadanos seleccionados en Santiago de Cuba, el 70% dijo estar a favor de la donación.

Entre los factores psicosociales que pueden incidir en esas actitudes, los científicos señalaron desde la edad, el estado civil, la descendencia, el nivel de estudios y la realización de actividades prosociales; hasta los resultados de la discusión con la familia sobre la donación y trasplante, el conocimiento del concepto de muerte cerebral, la actitud hacia la manipulación del cadáver, la religión de los encuestados, la actitud de un pariente y/o de la pareja hacia el trasplante de órganos y la propia actitud hacia el tratamiento del cuerpo después de la muerte (entierro, inhumación).

La mayoría de las veces, solo cuando estamos frente a estas situaciones, ya sea como pacientes en lista de espera, familiares, o en la posición de decisor ante un posible donante, comprendemos la importancia del fenómeno.

La muerte cerebral: un concepto poco conocido también en Cuba

“Parecía estar viva”, afirma Hilda López Ramírez. Su hermana mantenía los latidos del corazón, la temperatura corporal, el funcionamiento de varios órganos… Sin embargo, el diagnóstico no dejaba lugar a dudas: muerte cerebral. Solo los equipos a los que estaba conectada permitían el funcionamiento de su organismo. Los doctores albergaban la esperanza de salvar otras vidas que necesitaban un corazón, un riñón, un hígado compatible…

“Yo solo pensaba en la ausencia de mi hermana”, contó al diario Juventud Rebelde, López Ramírez, quien finalmente autorizó que su hermana se convirtiera en donante. “Hoy lo haría nuevamente sin pensarlo tanto. Me parece que era la mejor forma de saberla todavía viva”[4].

El significado de la muerte cerebral, cese irreversible de las funciones neurológicas de hemisferios cerebrales y tronco encefálico, todavía es poco conocido entre los cubanos. El equipo de investigadores de centros médicos de España y México indagó en torno a su conocimiento y aceptación en la población y los resultados fueron más bien negativos; como tendencia, existe ignorancia sobre el concepto.

De los 920 encuestados en La Habana solo el 31% (282) conocía el concepto de muerte cerebral y sus implicaciones. Los que conocían y aceptaban el concepto mostraron una actitud más favorable hacia su propia donación de órganos después de la muerte (85% frente a 61% de los que no lo conocían).

En el caso de Santiago, de los 455 seleccionados el 40% (180) demostró conocer el concepto y lo consideró como la muerte de un individuo.

En este contexto, ¿cuáles son las perspectivas?

El Dr. Antonio Enamorado Casanova, jefe del Programa de Trasplante del ministerio de Salud Pública de Cuba (MINSAP), comentó al periódico Juventud Rebelde que en el año 2016, la tasa de donación de órganos de fallecidos destinados a trasplantes pasó en Cuba de ocho por millón de personas a 14, cuyas razones atribuyó a un aumento de la sensibilidad y solidaridad de las familias del fallecido que autorizan a efectuar el procedimiento.

La tasa de negativa familiar oscilaba por ese entonces alrededor del 13%, una cifra baja en comparación con otras naciones. A nivel latinoamericano, Cuba es el país con menor índice de respuestas negativas por parte de los familiares ante la donación de órganos del pariente fallecido.

En el propio año se dio a conocer que la Isla se mantenía junto a Uruguay, Argentina y Brasil como líder en la donación de órganos y tejidos en la región, aunque el continente presenta unas cifras de donantes y trasplantes por debajo del promedio mundial, según informó Alejandro Niño Murcia, expresidente de la Sociedad de Trasplante de América Latina, a la agencia EFE.

Los datos proporcionados por el MINSAP refieren que en Cuba existe un Programa Nacional de Trasplantes que cuenta con 32 hospitales acreditados para el proceso de donación de órganos y tejidos, de ellos nueve centros de trasplantes renales, tres de hígado, uno de corazón, cinco de médula ósea y 17 de córneas.

El primer trasplante de riñón exitoso en Cuba se llevó a cabo en 1970, con el riñón de un donante cadáver, y en 1979 comenzaron los trasplantes con donantes vivos emparentados y compatibles, si bien el empleo de donante cadavérico se ha mantenido en alrededor de un 90%.

La segunda mitad de la década de los 80 marcó un importante avance en la historia de los trasplantes en la Isla, cuando el 9 de diciembre de 1985 se efectuó el primer trasplante cardiaco, considerado también el primero realizado en un país del tercer mundo. Apenas un mes después, en enero de 1986, se procedió al primer trasplante de hígado y de páncreas-riñón. Y a finales del propio año se realizó el primero de corazón-pulmón, pionero también a nivel de América Latina. La década cerraría con el primer trasplante de pulmón en 1989, y el 4 de junio de 2000 se llevó a cabo el primero combinado y simultáneo de hígado y riñón.

Al no existir el consentimiento presunto en Cuba, práctica común en otros países, una vez diagnosticada la muerte cerebral depende de la voluntad de la familia la decisión de convertir al fallecido en donante.

 

 

[1] Texto publicado en http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/06/28/donacion-de-organos-en-cuba-el-gesto-altruista-de-una-familia-da-esperanza-a-otra-vida/#.XZ1Ti397kgA

[2] Texto publicado en http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/en-red/2017-09-25/las-vidas-que-trae-la-muerte

[3] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30316338; https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30316336; https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30879523

[4] Texto publicado en http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/en-red/2017-09-25/las-vidas-que-trae-la-muerte