33 años. Y una capacidad asombrosa de persuasión. Y una Maestría en Ciencias. Y una fe cristiana rotunda. Jorge Luis Salas Hernández sabe lo que quiere y adónde va. Al menos eso transmite cuando uno conversa largamente con él sobre sus planes y sobre el trabajo de estratega de comunicación que ahora desempeña «por cuenta propia».

Este muchacho delgado, pequeño y reflexivo —mejor graduado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en 2006—, realiza desde hace unos 4 años, junto a la también comunicadora Deyvis Fernández Carballo, manuales y estrategias de comunicación para empresas e instituciones diversas de su provincia, Pinar del Río. Antes había sido especialista en una empresa estatal de su territorio y profesor y Jefe de Departamento en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca. Pero un buen día rompió amarras con el sector estatal y comenzó a poner su talento solo en la iniciativa independiente.

“Hemos crecido en un sistema donde todo lo regula y controla el Estado”, comenta.

“Es el centro de la vida social, económica y política. Por tanto, cortar ese cordón umbilical siempre implica muchas tensiones”. Deja pasar unos segundos y agrega con cierto énfasis: “Pero nada se logra sin riesgo, y entré en una dinámica donde me gestiono yo mismo el cliente. Que hay inseguridad, sí; que no siempre aparece el trabajo ideal, de acuerdo; sin embargo, es incomparable la posibilidad de administrar libremente mi tiempo, en lo que me parece más útil”.

Y eso útil y placentero, para él, puede ser un día trabajar 12 horas en cómo mejorar la identidad y flujos comunicativos de una empresa y al día siguiente predicar el evangelio, visitar enfermos o reunirse con hermanos de su religión bautista.

Recuerda Jorge Luis que en un momento, por iniciativa de Deyvis, comenzaron a implementar en las empresas lo que les proponían en los manuales de comunicación: tarjetas de presentación, identificaciones (solapines), folletos, almanaques. Se fueron equipando con tecnología para imprimir y alcanzaron más autonomía en su gestión.

En un periodo relativamente corto ya han impregnado con su estilo a disímiles entidades del territorio: Empresas de Tabaco, la célebre Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (ETECSA), el Gobierno Municipal de La Palma…

En cuanto a los cobros, oscilan entre los 13 500 y 35 000 pesos cubanos (CUP), en dependencia de las dimensiones de cada encargo. Más recientemente han incursionado incluso en la realización de audiovisuales institucionales, evoca Jorge Luis, miembro de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, organización que representa a sus afiliados para estas labores independientes.

Solo en Pinar del Río, según un texto publicado por el periódico provincial Guerrillero, de septiembre del 2010 a octubre de 2015 la cifra de trabajadores por cuenta propia ha ascendido de 7 857 a 21 448.

“Uno ve que el sector privado nacional se va refinando, va ganando en presencia y elegancia”.

“Surgen negocios que ya se preocupan por definir y posicionar una identidad: con imagotipos, logotipos, fidelización de clientes, observa este joven amante del ballet y dueño de una gata —Nina— que es de las más alegres y juguetonas de su barrio”.

Aunque persisten barreras de orden burocrático y práctico para la gestión particular de la comunicación, como altos impuestos, carencia de materias primas, reticencia de algunas empresas a negociar con personas naturales, etc., Jorge Luis confía en que se abran paso el talento, la fraternidad y la eficiencia. “El escenario es bueno y se puede suponer que no habrá vuelta atrás, al menos en esto”, me dice tras recibir otra llamada para un nuevo trabajo.