Sobre la avenida del puerto habanero una alfombra de carros antiguos tupe el paisaje todos los días. La fila es extensa. A unos metros de la fila aguardan, impacientes, los men del alquiler; estropeados, casi todos con la piel tostada, con grietas, bien seca… Ganarse un extranjero no solo es un premio posterior para sus bolsillos, sino una prueba fehaciente de que el auto elegido es el más portentoso y admirable de todos los que esperan. La lucha no es sencilla.

Abelito es un muchacho de los que se paran todos los días en la Avenida del Puerto. Tiene 26 años. Su carro, rojo y descapotable, luce como un trofeo. Tiene los labios cuarteados todo el tiempo y una gorra intenta espantar los rayos del sol, aunque eso sea imposible.

La esperanza de “atrapar” a un visitante foráneo debe permanecer intacta, por eso se prepara, por eso ha tirado en alguna gaveta, olvidada y con polvo, de su casa, al título de licenciatura en informática que obtuvo en el 2012 en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI). Abel Alejandro del Pino Moragues tiene una hija de 2 años y medio.

“Yo trabajaba en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, que es a su vez una dependencia interna del Palacio de la Revolución, y tenía muy buenas condiciones de trabajo, contaba con una despacho para mí solo, transporte y almuerzo; pero las razones de mi cambio de trabajo fueron netamente económicas.”

Tenía perspectivas profesionales como ingeniero, pero vi que ese trabajo no estaba explotado del todo.

“En el momento que decidí salir del empleo estatal, recibía 375 CUP (16 CUC) al mes, pues todavía era adiestrado, luego de eso el techo al que aspiraba era de 500 CUP por lo que la diferencia realmente no era significativa.”

“Llegué a este mundo de los carros antiguos un poco por casualidad. Mi padre me había puesto en las manos un carro clásico aunque no convertible, y un día coincidí en un taller con una gente que luego se convirtieron en amigos míos y compañeros de trabajo. Ellos me hablaron como era este mundo y de las cosas que se podían hacer. Yo contacté entonces con una señora propietaria de un Chevrolet 59 Impala al que luego le picamos el techo y lo convertimos en descapotable. Ahí empecé a trabajar directamente como chofer en la avenida del puerto de La Habana. Ya hace casi tres años”.

Foto cortesía del entrevistado

Cuando vienen los cruceros a La Habana son los días de vacas gordas para chicos como Abel.

“Esos son turistas que tienen muy poco tiempo para hacerlo todo y uno tiene que aprovechar para convencerlos de que lo hagan todo en tu carro y que confíen en ti, para que entonces tu servicio se extienda y ganes más, por supuesto”.

Pero no es la única estrategia, este chofer informático también recurre a la práctica de “dejarle caer algo” a los porteros de los hoteles, porque así tiene más posibilidades de agenciarse el servicio de los clientes que deseen taxis.

Foto cortesía del entrevistado

“Para hablarle a los turistas, uno tiene que ser cuidadoso y aprenderse cosas: fechas históricas, anécdotas, pues en tu carro se puede montar desde un artista famoso hasta un Premio Nobel y uno no sabe nunca, o casi nunca, con quien está hablando.”

Cuando Abel cambió de empleo, la familia no digirió bien su decisión de desechar el título universitario. Después de varios años como chofer, todavía no manejan bien el poco tiempo libre que le queda al joven para su familia

“Ahora quiero ver si me oficializo como ´tour operator´ privado, quiero poder hacer la gestión de mi negocio desde una página web de reservas de servicios”, sueña.

Abelito, antes, tocaba guitarra y componía algunas canciones, era bueno en eso. Ahora, es cierto, gana aproximadamente entre 20 y 40 CUC diarios, más que lo que antes ganaba en un mes. Con cada día que pase es muy probable que vaya olvidando cómo se programa o cómo se restablece el daño a un software, pero lo que sí es seguro es que sabrá cada vez más de cómo crecer en el negocio en la avenida del Puerto, donde una larga fila de carros siempre esperan.