Entró a la cocina y dice que vio cucarachas por todas partes. Después de pasar por dos procesos de solicitud para un círculo infantil, Kamila fue finalmente a ver el que le tocaba a su niño.

Los otorgamientos de círculos infantiles por las direcciones locales del Ministerio de Educación se realizan dos veces al año: en enero y agosto. A Kamila la llamaron en agosto para informarle que tenía una plaza en la instalación nombrada Hormiguitas del Futuro, en el barrio habanero de la Víbora, cerca de su casa en Lawton. Hacía poco más de dos meses que Mauro asistía a la guardería privada Reyes de Bruzón, en el Vedado; y con el círculo se ahorraría no solo el dinero, también los viajes.

Pero con la escena de la cocina del círculo fue suficiente y Mauro, solito, con dos años y medio, le dijo que no quería estar allí.

“Nos dimos cuenta —se refiere a ella y al padre, y lo dice sentada en el salón al que asiste su hijo— que este es un dinero bien pagado”.

Kamila entrando con el niño a la guardería. Foto de la autora.

Conseguir una plaza en un círculo infantil ahora mismo en Cuba es un dilema. Kamila tuvo suerte gracias a que el padre de Mauro es actor y la agencia que lo representa, ACTUAR, participa junto al sindicato de trabajadores de la Cultura en la gestión de esas cuestiones para sus afiliados. “Además —dice bajito y sonriendo— conozco a una persona en el Ministerio”.

La Dirección Municipal de Educación, el Ministerio al que se refiere Kamila, es quien se encarga de realizar los otorgamientos. Los círculos infantiles no tienen poder de decisión sobre sus propias matrículas.

En estos momentos, las instituciones de enseñanza preescolar estatales tienen una capacidad de matrículas por debajo de la demanda, al punto que, hasta noviembre de 2016, habían 55 mil solicitudes pendientes. En palabras de la ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, las instalaciones bajo su supervisión solo pueden cubrir el 20% de la demanda nacional. No asombra entonces que la demanda de los servicios particulares no cese de crecer en sus dos variantes: las cuidadoras y las guarderías.

La figura de la cuidadora o cuidador —registrada legalmente como “asistente infantil para el cuidado de niños”— se incluye en las actividades para el ejercicio del trabajo por cuenta propia y cuenta con un sistema de régimen simplificado para la tributación (solo pagan una cuota mensual de 20 pesos MN y no deben hacer declaración jurada al finalizar el año fiscal). El alcance legal de su actividad consta del cuidado y atención de niños y requiere licencia sanitaria, expedida por el Ministerio de Salud Pública. Su trabajo, en esencia, es cuidar, no “educar”.

Pero el problema con las cuidadoras es que por lo general tienen menos de 10 niños —límite permitido por la Dirección Municipal de Trabajo— en la propia sala de su casa. Las madres se quejan porque en estas condiciones los niños se relacionan poco, y las actividades se limitan a ver televisión todo el día.

“Mauro estuvo con una cuidadora desde los cinco meses de nacido hasta el año y medio. Como la señora lo tenía solo a él estaba super malcriado y casi no hablaba —dice Kamila—. Cuando entró aquí el cambio fue muy brusco. Estaba renuente y no quería ni entrar. La psicóloga, porque aquí hay una psicóloga, me dijo que eso era normal. Mauro estaba solo y no se relacionaba con otros niños”.

Las madres se quejan de determinados “acomodamientos” que las cuidadoras hacen —y en este caso también las guarderías— que entorpecen el desarrollo de sus hijos: el cambio del pañal, por ejemplo.

Lograr “quitarle el culero al niño” es una expresión de los padres para referirse al cambio del pañal por la ropa interior. Significa que los pequeños sean capaces de avisar y hacer por sí solos sus necesidades fisiológicas. La aceptación por cuidadoras y guarderías de niños sin esa habilidad, tiende a demorar su desarrollo, creen algunos. Y podría parecer solo un detalle pero dados los precios de un paquete de culeros desechables en Cuba —entre 8 y 12 cuc—es una preocupación para muchas familias.

“Eso sí tiene el círculo —dice Gabriela Menéndez, profesora de música de la Escuela Nacional de Arte y mamá de un bebé de un año y medio—, te exigen que el niño no use culeros”. Pero en el círculo exigen también que los niños caminen, coman de todo, y le hayan salido los dientes. Puedes tener el círculo otorgado, pero si no cumples con estos requisitos, tienes que esperar. Y aunque a los bebés se les puede estimular (dejarlos en el piso, apoyarlos en andadores), “hay un proceso de maduración física y psicomotora que no puedes acelerar”, dice Gabriela.

Ante la realidad del círculo (condiciones higiénicas e infraestructurales de calidad variable, pocas plazas y muchas exigencias) y la realidad de las cuidadoras (pocas relaciones y desenvolvimiento social del niño) algunos padres —los que pueden pagarlo— prefieren llevar a sus hijos a las guarderías.

Infografía Cynthia de la Cantera.

“Las madres prefieren este servicio —dice Yadira, Licenciada en Educación Preescolar y subdirectora de la guardería JGarden, en el Vedado— por la formación, el cuidado y la alimentación. No es que la alimentación en los círculos infantiles sea mala, pero a veces no se puede cumplir por falta de recursos. Y aquí los recursos siempre están”.

Las guarderías, que también se acogen a la licencia de Asistencia para el cuidado de niños, tampoco tienen permitido más de 10 niños, ni pueden cocinar alimentos. Pero sucedió que “las comidas que traían las madres no estaban en las mejores condiciones porque se guardaban desde el día anterior”, cuenta Juana, antigua maestra de primaria y directora de JGarden.

Ahora ofrece diariamente el almuerzo a los niños, y guarda luego las muestras de comida durante 72 horas, como garantía de la calidad e higiene de sus alimentos.

Las actividades en esa guardería se realizan de acuerdo al libro que edita el Ministerio de Educación: Programa educativo de preescolar. Yadira explica que a partir de ahí “desarrollamos todas las dimensiones, la lengua materna, educación física para el desarrollo motor grueso, actividades de la plástica para el desarrollo motor fino, la música para el oído, la voz y la expresión corporal; y las impartimos de acuerdo a las edades y al diagnóstico de cada niño”.

Kamila, desde otra guardería, explica orgullosa las clases que recibe su hijo: inglés, teatro, ajedrez, gimnasia matutina, entre otras.

Las educadoras son las mismas que formó el Ministerio de Educación.

Esta “migración” del sector estatal al cuentapropista —como sucede en otros ámbitos— da al traste con la escasez de las seños en los círculos y, por ende, con la escasez de plazas disponibles. El problema se vuelve un círculo vicioso.

Guardía Los Reyes de Bruzón. Foto de la autora

Hasta enero de 2017 se otorgaron 1890 licencias para el cuidado de niños. Solamente en La Habana, la provincia con mayor demanda, se concedieron 645.

Y aunque en las guarderías más populares últimamente (dada la demanda) se tiene en cuenta la educación además del cuidado, no se realizan inspecciones por parte de entidades estatales para comprobar sus metodologías y otras prácticas pedagógicas.

“Aquí las inspecciones son solo de higiene”, explica Yadira. Estas se realizan por el Departamento de Higiene y Epidemiología del municipio, y aunque conocen las limitaciones con los alimentos, solo velan por la limpieza del lugar. Si se cocina o no en la guardería es asunto del Ministerio de Trabajo, que es quien rige la actividad.

Yadira aclara que “el municipio de Educación no ha constatado que las personas que trabajan (en las guarderías) tienen preparación para eso”.

A pesar de que en Cuba la educación está bajo control exclusivamente estatal, el crecimiento y especialización de las guarderías hace que poco a poco se desarrolle una educación de carácter privado en la etapa preescolar. Y aunque las actividades educativas pueden seguir las pautas metodológicas del ministerio correspondiente, también varían y dependen de las iniciativas de cada guardería y los intereses de sus dueños.

Demasiado libre albedrío, pudiera parecer.