Aquí, donde la avenida 23 y la calle F del Vedado habanero se cruzan, a la derecha de un quiosco estatal que, al filo de la 1 pm, atiende con desgano a casi una decena de clientes, a continuación de un árbol que ramifica sus frondas hacia una fachada con ventanas de aluminio y cristales, aquí está la fachada recta del salón unisex d luce. Este es el producto de una idea mayúscula nombrada en minúsculas.

Administra el salón d luce un joven de poco más de treinta años, Yoandry Hernández, que se crió en Caimito, ahora provincia de Artemisa. El salón es amplio, bien iluminado, pulcro. Tiene una especie de revistero ordenado con ejemplares de Vanidades, Hola, Vogue y Gatopardo. Tiene personal femenino, también joven, que se reparte con Yoandry los servicios que brinda. A saber: Queratina, cortes, peinados, iluminaciones, tintes, extensiones, manicure y pedicure, entre otros tantos.

Yoandry hizo la licenciatura en Contabilidad y Finanzas. Al cabo se volvió estilista.

Foto: Claudio Peláez Sordo

Habría que ir a la génesis de aquello que confluiría en d luce, más o menos en los tiempos de Servicio Militar obligatorio. Cuando termina la previa (45 días de entrenamiento castrense al inicio del Servicio), lo envían a trabajar como asistente de un coronel. En vista de las circunstancias, fue un trabajo cómodo, hasta que por un cambio a deshora lo envían a la barbería de la unidad por faltante de peluquero. No sabía nada del oficio, pero siempre tuvo algo de habilidades manuales. De esto ganó tanto aprendizaje como ejercicio. Era una escuela de cadetes, una condición para demandas tremendas de pelar hombres. Llegó a atender hasta veinticinco personas diarias.

Son los primeros movimientos que lo indujeron a enfocarse en el trabajo en la calle. Tuvo gran aceptación. La profundidad de oportunidades que significaba venir a la capital desde su pueblo campesino provocan un nuevo paso. Por buen promedio académico se traslada a la facultad de Economía de la Universidad de la Habana. Estudia inglés y francés en la alianza francesa de Cuba. Hasta ese momento, no había en Yoandry un propósito específico de seguir como peluquero, solo de aprovechar las coyunturas.

Yoandry supo de una escuela internacional en la calle Neptuno de Centro Habana, Bella Caribe. Un día se dirige allí y consigue matricular. Como muchos de sus compañeros eran mujeres y hombres homosexuales, ingresa con un poco de prejuicios que traía desde su raíz campesina. Pero a poco fue echando abajo los muros de la intolerancia. 

“Este trabajo del estilismo genera algunos estereotipos sobre la sexualidad. Suele estimarse raro que un hombre sea peluquero y que no sea gay”, dice Yoandry, en la planta superior de d luce.

Entrenado por otros, con ejercicios de prueba comercial en varios locales, finalmente este peluquero se hizo de sus ahorros para adquirir su espacio actual. Desde que allí arrancó el d luce, céntrico pero con cierta discreción, Yoandry reparte volantes, tarjetas, y mantiene la calidad del servicio, lo que asegura que un cliente le lleve a otro.

Foto: Claudio Peláez Sordo

Yoandry dispone, ordena. Aun cree que debe fortalecer el salón, que debe hacerse en breve de una página en Facebook, por ejemplo. La carrera de Contabilidad fue un pilar en los conceptos del negocio, la administración, las inversiones, las decisiones, el manejo de fondos, la anticipación. Por eso quizás ha podido sostenerse. Ha podido recuperar una clientela que se desorientó un poco con los cambios de dirección. La gente lo llama, le envía mensajes al móvil, lo busca. Trabaja sin hora, hasta que el último cliente abandona el salón.                           

No está conforme. Está tranquilo. Piensa que ha de mejorar la disciplina en el d luce. Piensa que la formación de los cubanos para la faena no estatal no va bien, que hay que educar. Piensa que hay un mal de fondo, que hay una generación que toda la vida vio un estilo de trabajo y de disciplina que no funcionaba, provocando quejas imperecederas. Piensa que se debe trabajar mucho y sacrificarse mucho para conservar un negocio y un empleo. Piensa que la disciplina hace diferente a un lugar. Piensa que sin responsabilidad no se logra nada.

Foto: Claudio Peláez Sordo