Voces de Matria abordó en su edición anterior el tema de las masculinidades. Aquel diálogo con la abogada Alina Herrera y el historiador Maikel Colón Pichardo sobre cuáles son los mandatos sociales que se espera que cumplan los hombres para satisfacer determinado canon, esta vez sumó al sociólogo Adrián Rodríguez Chailloux para explorar específicamente qué ocurre con los hombres negros en la sociedad cubana.

El título de una investigación de Colón, Premio Calendario 2014, propone el leitmotiv del debate: ¿Es fácil ser hombre y difícil ser negro? Esas expectativas sociales de que los hombres sean de determinada manera en lo sexual, en lo laboral, en su relación con las mujeres y con otros hombres, tienen características propias cuando los sujetos no son blancos.

En la sociedad cubana, mestiza, diversa, desigual, y que a la altura de 2020 acumula tres décadas de una crisis que no ha sido solo económica, cada vez son más visibles algunas marcas entre distintos grupos sociales. Una de ellas está dada por la racialidad. ¿Cómo opera la masculinidad hegemónica en la vida de los hombres negros y mestizos en la sociedad cubana?

Maikel Colón explica que una de las tesis de Macho varón masculino (2010), un libro de Julio César González Pagés, es que la representación de la masculinidad hegemónica en Cuba es la del hombre heterosexual, citadino y blanco. A partir de esa afirmación, cuenta, nació la pregunta de su libro.

“La idea era buscar los antecedentes históricos que han contribuido a que en la sociedad cubana contemporánea los hombres negros sigan desarrollando sus vidas a la sombra de ciertos estereotipos y mitos”, explica. Maikel fijó la temporalidad de su estudio entre 1898 y 1912. “Esos primeros años del siglo XX cubano fueron fundamentales en la reconfiguración de la idea martiana de una Cuba sin [la separación entre] negros y blancos. A partir de ahí, una cosa fue lo que se proyectó ideológicamente esa nueva República, y por otro lado lo que pasó en la práctica desde el punto de vista racial”.

Ni entonces ni ahora se resolvió que la sociedad cubana mantuviera una idea de hombre negro matizada por varios estereotipos, comenta Maikel, quien puedo realizar algunas encuestas en las que indagó sobre cómo se lidiaba con este tipo de construcciones y representaciones.

Por ejemplo, el mito del pene grande en los hombres negros sintetiza el perfil de una sexualidad hiperrepresentada: el hombre bailador, musculoso, con mucha energía, siempre apto para tareas de fuerza, comenta Milena Recio, quien moderó el debate.

Deshumanizados, desgenerizados

Tal como observa Alina Herrera, en América Latina la mirada en general está “determinada por la esclavización de mujeres y hombres negros, que eran tenidos prácticamente como algo intermedio entre animales y personas. Estaban deshumanizados, incluso desgenerizados: las mujeres hacían labores de trabajo en las plantaciones a la par de los hombres negros”, aunque las mujeres padecieron además abuso sexual y explotación de su capacidad de gestar y ser madres.

Teniendo la condición de deshumanización como punto de partida, continúa Alina, “su lucha comenzó por que se les reconociera como seres humanos y como personas. A partir de la República, una vez abolida la esclavitud, ese reconocimiento de igualdad entre todas las personas siguió siendo atravesado por un sesgo racial”. Herrera, jurista y activista, recuerda que se construyó una noción de hombre negro sobre el racismo científico, sobre estudios de antropología que contribuyeron al mito del “negro violador”; “imaginerías de la época que construían al hombre negro estupidizado, infantilizado, grosero, bruto… además, delincuente y, además, violador”.

La representación del sujeto masculino negro ha obedecido a cuestiones raciales y de clase; “por más que con la Revoución se hayan acometido políticas contra la discriminación institucional, son cosas que siguen adheridas a la sociedad cubana, que sigue mirando a los hombres negros como sujetos inferiores y particularmente proclives a la delincuencia, al mal comportamiento social”.

Muchos de los aspectos en la base de “ese proceso de esclavización —añade Adrián— y cómo se conformó la historia sobre una estructura racial que estuvo institucionalizada, a pesar del proceso de la independencia y de la República, se mantienen a nivel simbólico y han atravesado la sociedad cubana desde su surgimiento hasta hoy”.

El sociólogo entiende que es “una cuestión fundamental [el hecho de que] para una parte de la masculinidad es posible que ser hombre no represente ningún tipo de problema, [y sean] personas cómodas con los mandatos de su masculinidad y sus privilegios”. Precisamente, comenta Alina, los feminismos negros y decoloniales llaman a no homogeneizar ni universalizar a los sujetos masculinos ni a las mujeres: “La fragmentación existe cuando se plantea un sujeto universal masculino y otro invisibilizado, [el de las] comunidades en las periferias urbanas, en el campo…”.

“La relación entre sujetos masculinos negros y mujeres pueden ser muy diferentes. La masculinidad negra ha sido construida con cierta preferencia hacia las mujeres blancas; [mientras que] hay cierta comunidad en la interacción con mujeres negras, porque los unifica la condición de racialidad y de clase”. La intersección racial y de clase importa: es imprescindible para analizar “la variabilidad del sujeto masculino”.

Poder macho blanco

En Cuba la crisis ha colocado en una situación de mucha vulnerabilidad a varios grupos sociales. El origen de esta vulnerabilidad no debe reducirse a la relación de poder patriarcal, sino además “de subordinación de clase, de grupo, de creación y apropiación de riqueza”, comenta Milena.

“La estructura de poder siempre ha sido blanca”, enfatiza Rodríguez Chailloux. Según su criterio, con demasiada frecuencia los debates sobre temas sociales no incluyen “el problema del negro. No es una cuestión de jerarquía entre los problemas —explica— [sino de reconocer que] hay una masculinidad blanca que se hizo hegemónica”.

“Poder macho blanco”, complementa Alina. “Cuando una hace referencia al androcentrismo, es a un hombre heterosexual, blanco, propietario. No entran todos los sujetos masculinos, no están los demás; lo que no quiere decir que estén exentos o que no reproduzcan actitudes violentas en su relación con mujeres, sean negras o no”.

“Hay un punto de partida —dice Adrián— que es asumir una conciencia racial y lo que eso significa en el mundo. (…) Tú puedes ser antirracista y tener una conciencia elevada, lo cual no significa que no tengas actitudes machistas. (…) Eso que los oprime puede servir también a su favor para abrirse un camino para lograr algo, o seguir reafirmando la superioridad en la escala [en relación con las mujeres]”.

En la representación de lo que debe ser un hombre negro destaca la sexualidad, el baile, la música… “No cualquier música —se detiene—: es tambor o clave. No se concibe que un negro diga: ‘no voy a bailar contigo’ o ‘yo no sé bailar’”.

Estos atributos son determinados por la familia, por la escuela, aprendidos a través de las interacciones en sociedad desde la infancia. “Si ‘los hombres no lloran’ —continúa Adrián— ¡un negro llorando es imposible! Un negro a la hora de una discusión tiene que estar alante. Es lo que te exigen tus iguales. El grupo te presiona hacia un comportamiento determinado. Se ve en todos nuestros procesos de socialización en los que nos vamos conformando”.

“No es lo mismo llegar a la estación de policía siendo un hombre blanco que un hombre negro”, apunta Alina.

En cuanto a identidades sexuales no heteronormativas, Adrián comenta que es como si les estuviera prohibido; lo que recuerda la frase discriminatoria “negro y maricón”, una síntesis de discurso de odio que funciona como si cada condición empeorase la otra, partiendo de que cada una en sí misma sería motivo de censura y rechazo.

Maikel está convencido de que “la dimensión del género hace que uno internamente pueda hacer muchos cuestionamientos a todo lo que nos rodea (…). Esas interacciones raciales en las concepciones de género complejizan la idea de ser hombre, ser mujer, o serlo de una determinada manera a partir de unas estructuras que marca la sociedad”.

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